
Científicos de la Universidad de Ginebra (UNIGE) analizaron la actividad cerebral de adultos expuestos a sonidos de primates y hallaron que solo los chimpancés provocaron una respuesta distintiva en regiones asociadas al reconocimiento de la voz.
El estudio, publicado en la revista eLife en versión preprint (sin validación de pares), fue dirigido por Leonardo Ceravolo y se centró en observar cómo el cerebro humano reacciona ante vocalizaciones de humanos, chimpancés, bonobos y macacos.
Diseño experimental y hallazgos principales
La investigación incluyó a 23 adultos que escucharon 72 grabaciones —18 por especie—, seleccionadas para cubrir tanto contextos sociales positivos como negativos. Los participantes, recostados en un escáner de resonancia magnética funcional (fMRI), debían identificar la especie emisora de cada vocalización utilizando un teclado.
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Mediante fMRI, los científicos observaron la actividad de la corteza auditiva, especialmente la circunvolución temporal superior, área fundamental en el procesamiento de sonidos complejos como el lenguaje y las emociones.
Solo las llamadas de los chimpancés provocaron una activación significativa y exclusiva en la circunvolución temporal superior anterior (aSTG) de ambos hemisferios, dentro de las denominadas áreas temporales de la voz (TVA). Este resultado evidencia que el cerebro humano distingue de forma clara y específica las vocalizaciones de chimpancés, en contraste con bonobos o macacos, que no generaron respuestas comparables.
Factores evolutivos y acústicos determinantes
Aunque los bonobos son tan cercanos a los humanos genéticamente como los chimpancés, las vocalizaciones de ambos difieren notablemente en aspectos acústicos. Los bonobos presentan llamadas más próximas al canto de los pájaros, mientras los macacos se encuentran alejados tanto filogenéticamente como en el rango sonoro.
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Los análisis acústicos confirmaron que las llamadas de los chimpancés son las más parecidas a la voz humana en parámetros clave como la frecuencia fundamental, lo que facilita la respuesta cerebral diferenciada. La doble proximidad —evolutiva y acústica— parece ser determinante.
Ceravolo afirmó: “Cuando los participantes escucharon las vocalizaciones de los chimpancés, esta respuesta fue claramente distinta de la provocada por los bonobos o los macacos”. Además, la especificidad de la respuesta cerebral se mantuvo incluso tras controlar variables acústicas y filogenéticas con tres modelos estadísticos distintos.
Implicaciones para el origen del lenguaje
El estudio refuerza la hipótesis de que ciertas capacidades de procesamiento vocal son ancestrales y preceden al lenguaje articulado. Ceravolo explicó que existen áreas cerebrales en algunos animales que reaccionan especialmente a las voces de sus congéneres; ahora se ha demostrado que una región en el cerebro humano adulto —la circunvolución temporal anterosuperior— también es sensible a vocalizaciones de primates no humanos.
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Esto sugiere que la sensibilidad a determinadas señales vocales podría haberse conservado evolutivamente, y que el reconocimiento de la voz, incluso en etapas tempranas del desarrollo humano, estaría vinculado a mecanismos neuronales compartidos con otros primates.
Alcance, relevancia y límites
El trabajo de la UNIGE aporta evidencia de que la respuesta cerebral humana a sonidos no humanos puede depender de la proximidad evolutiva y acústica. Hasta la fecha, la mayoría de investigaciones centraba su análisis en voces humanas o animales domésticos y no hallaba activaciones específicas en las TVA ante sonidos de otras especies. Este estudio demuestra que bajo ciertas condiciones, el cerebro humano responde selectivamente a vocalizaciones de primates no humanos.
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Entre las limitaciones, el estudio se restringió a cuatro especies de primates, lo que limita la generalización, y no se emplearon estímulos acústicos sintetizados para aislar variables aún más. Los autores subrayan que serán necesarias investigaciones futuras que amplíen la variedad de especies y profundicen en el efecto de las características acústicas sobre la activación cerebral.
La investigación de la Universidad de Ginebra abre un nuevo camino para comprender la continuidad evolutiva del procesamiento de señales vocales y su conexión con el lenguaje. Los autores prevén que la integración de técnicas bioacústicas y de neuroimagen funcional, junto con el estudio de más especies, permitirá identificar con mayor precisión los mecanismos neuronales que sustentan la comunicación vocal en humanos y otros primates.
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