
Se puede creer que cerrar la puerta al humo de los productos con tabaco y nicotina protege por completo a los niños.
Sin embargo, un equipo científico de los Estados Unidos descubrió que las sustancias tóxicas del humo logran instalarse en hogares de familias donde nadie fuma.
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El humo de tercera mano, formado por residuos que se adhieren a paredes, muebles y prendas, alcanza a los niños, según el estudio que publicaron en la revista Environmental Health Perspectives.

Las sustancias tóxicas del humo pueden absorberse a través de la piel, la respiración o al llevarse objetos a la boca. Aumentan el riesgo de que los niños padezcan problemas respiratorios, infecciones y posibles efectos en el desarrollo.
El estudio fue llevado a cabo por investigadores de la División de Medicina de Emergencias del Hospital Infantil de Cincinnati, la Facultad de Medicina de la Universidad de Cincinnati, la Escuela de Salud Pública y el Departamento de Psicología de la Universidad Estatal de San Diego.
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El problema en el aire

La investigación se enfocó en el humo de tercera mano, un problema poco conocido pero frecuente. Los residuos tóxicos del tabaco se quedan pegados a los objetos y perduran mucho después de que desaparece el humo visible.
El humo de tercera mano no se inhala directamente mientras alguien fuma. Se trata de partículas invisibles que permanecen durante semanas o meses en objetos del hogar y se liberan al ambiente más tarde.

El riesgo aumenta para los niños, que suelen jugar en el suelo, tocar superficies y llevarse objetos a la boca.
Los efectos de esa exposición silenciosa pueden llegar a ser altos, aun cuando ningún adulto fume frente a ellos.
Los investigadores se preguntaron hasta qué punto los niños pueden entrar en contacto con estos residuos. Necesitaban saber si los que viven en hogares libres de humo están realmente protegidos.
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Así se midió el riesgo

La investigación incluyó muestras biológicas de los niños, como análisis de cotinina, un indicador que revela el contacto con nicotina.
Participaron chicos de casas donde se fuma y de viviendas en las que los padres aseguraron que no se fuma ni se permite fumar. Los científicos analizaron tanto biomarcadores como entrevistas detalladas sobre las reglas del hogar y la presencia de humo.
Entre los datos que registraron, se consultó sobre el uso de cigarrillos tradicionales, cigarrillos electrónicos y la posible entrada de productos de tabaco desde el exterior.
Los resultados muestran que “la mayoría de los niños” dieron positivo para cotinina, sin importar si sus casas eran libres de humo.

Los investigadores señalaron que “los niveles de cotinina podían detectarse incluso en niños cuyos padres reportaban no fumar ni permitir fumar dentro de la vivienda”.
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Esto demuestra que los residuos del humo de tabaco persisten en prendas, juguetes, cortinas y otras superficies.
Además, la ropa y los objetos de familiares, amigos o visitas pueden introducir nuevas sustancias hasta en hogares totalmente libres de humo declarado.
El trabajo resalta que el humo de tercera mano “es omnipresente y afecta incluso a poblaciones consideradas a salvo”. Puso en evidencia la dificultad de evitar estos contaminantes en la rutina diaria de la infancia.
Lo que recomiendan los expertos

Los expertos insistieron en la importancia de prohibir el tabaco no solo dentro del hogar, sino también en espacios exteriores cercanos donde jueguen niños o circulen miembros de la familia.
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Entre las limitaciones de la investigación figura que el diseño transversal utilizado impide identificar durante cuánto tiempo han estado expuestos los pequeños, ni todas las vías por las que los residuos entran al hogar.
Los propios informes familiares sobre el consumo de tabaco pueden no coincidir con la exposición real.
Los científicos hicieron una advertencia: para que los niños estén a salvo del humo de tercera mano, la eliminación total del tabaco del entorno familiar y comunitario es fundamental.
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