Una intensa tormenta solar obligó a la NASA y a Blue Origin a retrasar el lanzamiento de las sondas gemelas ESCAPADE hacia Marte, en un episodio que expone cómo la naturaleza todavía impone sus condiciones a la era espacial.
Ayer, mientras los cielos de norteamérica se iluminaban con auroras visibles incluso en latitudes insólitas como en la costa de Florida, el imponente cohete New Glenn con destino a Marte esperaba ser lanzado. Pero el Sol, en plena efervescencia, tenía otros planes.
La misma intensa tormenta solar que iluminaba los cielos con espectaculares auroras boreales, era la misma razón de una nueva cancelación del despegue de la nave con dos sondas de la NASA, listas para viajar al planeta rojo.

En la plataforma 36 de la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral, el imponente cohete New Glenn de Blue Origin permanecía inmóvil, suspendido entre la expectación y la frustración. A bordo descansaban las dos sondas ESCAPADE de la NASA, listas para iniciar un viaje de más de 200 millones de kilómetros hacia Marte.
“Se cancela el intento de lanzamiento de hoy debido a la actividad solar y sus posibles efectos en la nave espacial ESCAPADE”, anunció ayer Blue Origin, pocas horas antes del despegue previsto. La frase, difundida en la red X, marcó un nuevo capítulo en la compleja relación entre la exploración humana y el clima espacial, ese conjunto de fenómenos que no ocurre en la Tierra, pero que puede afectar profundamente todo lo que intentamos enviar fuera de ella.
Es que las tormentas solares, responsables de las auroras que maravillan a millones de personas, son también capaces de interferir con las comunicaciones, los sistemas eléctricos y la navegación satelital.
Un Sol inquieto y un riesgo invisible

Los astrónomos ya habían advertido sobre el aumento de la actividad solar. El Sol atraviesa un ciclo de 11 años, y los pronósticos indican que su punto máximo ocurrirá en 2025.
En los últimos días, un grupo de manchas solares especialmente activas —entre ellas la AR4274, una de las más grandes del ciclo actual— liberó una serie de eyecciones de masa coronal, nubes de plasma y partículas cargadas que viajan a millones de kilómetros por hora.
Cuando esas partículas chocan con el campo magnético terrestre, parte de la energía se disipa en forma de luz: las auroras. Pero la otra parte puede causar problemas más serios.
El Centro de Predicción del Clima Espacial de la NOAA detectó una de las tormentas más intensas de los últimos veinte años, clasificada de nivel 4, solo un paso por debajo del máximo de la escala. Su impacto no tardó en sentirse.
Los sistemas de navegación experimentaron interferencias, las comunicaciones por radio se degradaron y la atmósfera superior se calentó, aumentando la resistencia aerodinámica para los vehículos espaciales en ascenso.
El Servicio Geológico Británico llegó a advertir que el fenómeno podía transformarse en una “tormenta caníbal”, un evento en el que una eyección solar absorbe a otra y refuerza su poder. Frente a ese panorama, los ingenieros de Blue Origin y los responsables de la NASA optaron por lo que en la industria espacial se considera una decisión sensata: esperar.
“Actualmente estamos evaluando las oportunidades para establecer nuestra próxima ventana de lanzamiento en función de las previsiones meteorológicas espaciales y la disponibilidad de la plataforma”, explicaron desde la empresa de Jeff Bezos.
La precaución tiene una razón de peso. Durante un lanzamiento, los cohetes dependen de comunicaciones de alta precisión y de señales GPS estables. Las ráfagas de radio generadas por las erupciones solares pueden introducir ruido en los radares de seguimiento y en los enlaces de telemetría.
Al mismo tiempo, las tormentas geomagnéticas alteran la ionosfera, degradando la exactitud del posicionamiento y dificultando las maniobras automáticas de guiado. Si el margen de error se amplía, incluso unos segundos de desajuste pueden resultar fatales.
Las sondas que estudiarán aquello que las detuvo
ESCAPADE —acrónimo de Escape and Plasma Acceleration and Dynamics Explorers— es una misión de la NASA concebida precisamente para estudiar la interacción entre el viento solar y el campo magnético de Marte. Su objetivo es descifrar cómo ese flujo constante de partículas provenientes del Sol despojó al planeta rojo de su atmósfera en el pasado, transformándolo en el desierto helado que hoy conocemos.
Las dos naves gemelas, construidas por Rocket Lab en California, viajarán en tándem hasta alcanzar una órbita marciana donde analizarán los procesos de erosión atmosférica y las corrientes de plasma que rodean el planeta. A diferencia de las grandes misiones marcianas de las últimas décadas, ESCAPADE se apoya en una filosofía de exploración más ligera y flexible: pequeños satélites, menores costos (alrededor de 80 millones de dólares) y objetivos científicos bien definidos.
Paradójicamente, las sondas diseñadas para estudiar los efectos del clima solar fueron detenidas por el mismo fenómeno que buscan comprender. Esa ironía no pasó desapercibida en la comunidad científica. Para los investigadores del Centro Goddard de la NASA, el retraso ofrece una lección sobre la vulnerabilidad tecnológica ante los caprichos del Sol. Si el clima espacial puede interferir con una misión terrestre, ¿qué podría ocurrir con las futuras expediciones tripuladas a Marte?

El New Glenn, de casi cien metros de altura, es el cohete más ambicioso de Blue Origin y la pieza clave de su estrategia para competir con SpaceX en el mercado de lanzamientos orbitales y misiones interplanetarias.
Su primera etapa, diseñada para ser reutilizable, logró completar un vuelo de demostración exitoso en enero de 2025, aunque el aterrizaje no resultó como se esperaba. Esta segunda misión debía representar el verdadero debut comercial de la compañía, pero los retrasos consecutivos —primero por condiciones meteorológicas terrestres el domingo, luego por la tormenta solar de ayer— pusieron a prueba la paciencia de la NASA y la credibilidad de la empresa.
Cada aplazamiento implica costos adicionales, reprogramaciones logísticas y revisiones de seguridad. Sin embargo, los expertos coinciden en que la decisión fue la correcta. Un fallo durante el lanzamiento no solo habría puesto en peligro la carga científica, sino que podría haber comprometido años de trabajo y la reputación de Blue Origin en su intento por consolidarse como un actor confiable del nuevo mercado espacial.

La danza invisible del clima espacial
El clima solar es un campo de estudio que ha ganado protagonismo en los últimos años, a medida que la humanidad multiplica su dependencia de la tecnología satelital. Las mismas partículas que generan los colores del cielo pueden desestabilizar los sistemas de comunicación global, afectar la aviación y dañar las redes eléctricas. En 1989, por ejemplo, una tormenta geomagnética dejó sin energía a millones de personas en Quebec. Hoy, con miles de satélites en órbita y una red de vuelos y misiones interplanetarias cada vez más densa, el riesgo se amplifica.
Para comprender y anticipar estos eventos, los científicos estudian las manchas solares, regiones oscuras del Sol donde los campos magnéticos se retuercen y acumulan energía. Cuando esa energía se libera en forma de eyección de masa coronal, la onda de plasma puede alcanzar la Tierra en uno o dos días. A diferencia de los fenómenos atmosféricos terrestres, estas tormentas no se ven a simple vista, pero sus efectos se miden con precisión desde observatorios en tierra y satélites especializados.
El reto para los ingenieros espaciales es integrar esos pronósticos en la planificación de misiones. Así como los pilotos de aviación esperan a que pase una tormenta antes de despegar, los controladores de lanzamiento deben evaluar el llamado “clima espacial”. Cuando los índices de radiación son altos o la ionosfera está inestable, el protocolo es claro: no se lanza.

En este caso, la NASA y Blue Origin coordinaron su decisión con el Centro de Predicción del Clima Espacial de la NOAA y con la Administración Federal de Aviación (FAA), que regula los lanzamientos comerciales. Pero la FAA enfrenta su propio desafío: la sobrecarga de tráfico aéreo y los efectos del cierre parcial del gobierno estadounidense.
Como medida de alivio, el organismo decretó una suspensión temporal de lanzamientos durante el día, lo que obligó a Blue Origin a solicitar una excepción para la próxima ventana de oportunidad.
Mientras tanto, los ingenieros revisan cada sistema del New Glenn y las sondas ESCAPADE permanecen en modo seguro, protegidas dentro de la cofia del cohete. El nuevo intento de lanzamiento fue reprogramado para el jueves 13 de noviembre, en una ventana que se extenderá entre las 19:57 y las 21:25 GMT, siempre y cuando el Sol lo permita.
En el entorno espacial, las demoras no son vistas como fracasos, sino como parte del proceso. Cada aplazamiento proporciona datos, experiencia y protocolos que fortalecen la seguridad de futuras misiones.
“Debido a la elevada actividad solar y sus posibles efectos en la nave espacial ESCAPADE, la NASA pospone el lanzamiento hasta que mejoren las condiciones meteorológicas espaciales”, reiteró la agencia en su comunicado, recordando que la prudencia también es una forma de éxito.
El interés científico detrás de ESCAPADE va más allá de Marte. Comprender cómo el viento solar transformó su atmósfera ayudará a interpretar la evolución de otros planetas y a prever el impacto de las tormentas solares sobre la Tierra. En última instancia, la misión forma parte del esfuerzo por construir una meteorología espacial capaz de proteger nuestras infraestructuras y a los futuros astronautas que viajen al espacio profundo.

En esa paradoja —que el estudio del clima solar se vea retrasado por el propio clima solar— se resume la lección de esta semana: la humanidad todavía depende de los ritmos del cosmos.
En un tiempo en el que los cohetes privados buscan democratizar el acceso al espacio y la inteligencia artificial guía misiones interplanetarias, un estallido de plasma recordará siempre que, más allá de la tecnología, seguimos bajo la influencia de una estrella que dicta las reglas del sistema solar.
Cuando el cielo vuelva a calmarse y las auroras se desvanezcan, el New Glenn despegará rumbo a Marte. Las dos sondas gemelas iniciarán entonces su travesía para estudiar el viento solar, las partículas y los campos magnéticos que gobiernan los distintos mundos.
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