El Imperio Romano fue una civilización de la Edad Antigua que controló gran parte de Europa, el norte de África y Medio Oriente desde el año 27 antes de Cristo hasta el 476 después de Cristo.
Un equipo de investigadores consiguió desarrollar un mapa digital que cambia radicalmente lo que se sabía sobre las carreteras del Imperio Romano.
Se hizo gracias a la base de datos Itiner-e, y los resultados del trabajo fueron publicados en la revista Scientific Data.
A partir de la elaboración del mapa, se detectaron más de 100.000 kilómetros extra de caminos antiguos, lo que dobla casi todo lo que se pensaba sobre la red de rutas.

“Los hallazgos incrementan la longitud conocida del sistema vial del imperio en más de 100.000 kilómetros”, afirmaron los responsables del estudio a través de un comunicado difundido por la editorial Springer Nature.
Este dato modifica el modo en que se estudia la movilidad en la antigüedad y revaloriza la huella romana en el paisaje moderno.
El proyecto fue dirigido por Tom Brughmans, Pau de Soto y Adam Pažout, junto a instituciones científicas de varios países europeos.
Mapear lo que Roma dejó bajo tierra

Las rutas romanas fascinan desde hace siglos, pero buena parte de ellas quedó sepultada bajo ciudades recientes, campos de cultivo y paisajes cambiantes.
Durante décadas, los mapas disponibles ofrecían solo una parte del panorama, y muchas regiones permanecían en duda.
La falta de una digitalización completa era un problema para entender el funcionamiento del imperio.
Los especialistas debían recurrir a fragmentos, relatos y hallazgos dispersos, lo cual limitaba los estudios sobre administración, comercio y hasta salud pública antigua.

La coordinación del registro digital implicó un desafío nuevo: reunir cada fragmento, comparar fuentes arqueológicas, mapas antiguos, descripciones históricas y realizar una síntesis que sirva tanto para la historia como para la modelización social y económica.
La meta fue más allá de calcular distancias. Itiner-e se propuso unir puntos, mostrar conexiones reales entre regiones e identificar cruces, bifurcaciones y diferencias reales entre rutas principales y secundarias en los territorios del antiguo imperio.
“Nadie había reunido antes una digitalización tan completa y de acceso abierto sobre las carreteras romanas”, resaltó el equipo de investigadores.
Casi 300.000 kilómetros: la reinvención de la cartografía romana

El grupo de científicos combinó tecnología satelital, archivos arqueológicos, mapas topográficos y fuentes históricas. Así nació Itiner-e.
Es una base digital que recopiló 299.171 kilómetros de caminos, y superó por más de 100.000 la estimación tradicional de 188.555 kilómetros.
La diferencia en la suma total se debe a un enfoque especial en la Península Ibérica, Grecia y el Norte de África.
Construir el mapa obligó a repensar el trazado: los caminos digitales ahora respetan la geografía real, al seguir rutas curvas en montañas, como hacían los antiguos romanos.

Itiner-e incluye 14.769 tramos de carretera, con 103.478 kilómetros clasificados como rutas principales y 195.693 como caminos secundarios. Cada tramo define una sección determinada por cruces, ciudades o límites naturales.
El nivel de precisión es variable: solo el 2,7% de los recorridos reúne evidencias directas y precisas. El 89,8% cuenta con datos probables y el 7,4% son rutas reconstruidas a partir de patrones y fragmentos.

Los investigadores comentaron que la base Itiner-e ahora puede usarse para investigar la influencia de las carreteras romanas en la conectividad, la administración, la migración y la transmisión de enfermedades en el imperio.
Se abre así la vía a nuevas preguntas sobre cómo los caminos favorecieron la expansión militar, el comercio y la difusión cultural romana.
Desafíos y pasos futuros

El equipo recomendó profundizar en la dimensión cronológica, pues la base no muestra aún cómo variaron las rutas a lo largo de los siglos.
La capacidad de captar las transiciones históricas sigue siendo una tarea pendiente para futuras investigaciones.
El informe subrayó que la mayoría de los recorridos aún no cuenta con apoyo arqueológico directo, pero que la base entrega la mejor aproximación disponible para cualquier investigador.
“Itiner-e representa la digitalización más precisa y completa hasta hoy, pero también expone vacíos en el entendimiento actual sobre las carreteras del imperio”, destacaron los científicos.
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