
En los muelles de Cornualles, Inglaterra, un problema persistente se hacía cada vez más visible: innumerables redes de pesca de nailon, desechadas tras cumplir su vida útil, terminaban abandonadas, enterradas en vertederos, incineradas o, lo que es peor, vagando en el océano. Este residuo, altamente resistente y nocivo, no solo representa una amenaza para la vida marina, capaz de atrapar y matar peces y otros animales salvajes, sino que también ilustra una grave carencia en los modelos de economía circular aplicados a la industria pesquera mundial.
El impacto ambiental de estas redes de nailon abandonadas se extiende mucho más allá de su uso original. Ian Falconer, pescador británico y fundador de la empresa 0rCA, vive de cerca la problemática y lo explica en declaraciones a The Guardian: un capitán debe cambiar su red cada seis meses y “la mayoría de las veces las redes terminan enterradas en un vertedero, quemadas o abandonadas en el océano para estrangular a los peces y otros animales salvajes”, expresó Falconer. Pese a la relativa brevedad de su uso operativo, la gran mayoría de estas redes terminan en destinos que perpetúan el problema ambiental. Falconer estima que en el mundo se desperdicia alrededor de un millón de toneladas de este tipo de redes al año. Además, detalla que, al cabo de varios meses en el agua, los filamentos de las redes desarrollan una biopelícula de algas y “cambian de un azul plástico nítido y oscuro a un gris turbio que los peces pueden distinguir”. En ese momento, los patrones detectan la pérdida de eficacia de las redes y “empiezan a ver cómo sus capturas disminuyen y tiran las redes a la basura”, relató.
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La indignación y preocupación de Falconer por este desperdicio lo llevaron a dejar su barco y abocarse a desarrollar una solución tecnológica inédita. En una búsqueda personal por transformar este desafío en una oportunidad, fundó la empresa 0rCA, cuya misión es ofrecer una alternativa sostenible para el reciclaje de redes de pesca desechadas. Todo comenzó de manera modesta, experimentando en la cocina de su casa con redes usadas que le prestó el capitán del puerto de Newlyn, en Cornualles. El resultado fue una tecnología patentada, capaz de transformar el nailon de las redes nuevamente en plástico crudo.
El proceso ideado por 0rCA parte de la recolección de las redes desechadas. Estas se limpian y tratan para eliminar la biopelícula y los contaminantes acumulados durante los meses de uso en el mar. Luego, la empresa convierte ese material en pequeños gránulos de nailon, equivalentes en calidad y funcionalidad al plástico virgen. Esta materia prima reciclada se destina a la fabricación de diversos productos, desde objetos cotidianos como pantallas de lámparas y mangos de hojas de afeitar, hasta el hilado de filamentos para impresoras 3D y el moldeo por inyección en procesos industriales. Actualmente, la planta de 0rCA tiene la capacidad de transformar una tonelada métrica de redes de pesca por día, mostrando que el reciclaje a gran escala es posible con la tecnología adecuada.
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La viabilidad y el crecimiento de la empresa no habrían sido posibles sin el respaldo financiero de importantes multinacionales. 0rCA ha conseguido recaudar más de 1,35 millones de dólares en inversiones provenientes de compañías como L’Oréal, Mercedes Benz y Phillips. El interés de estos grandes actores industriales demuestra que la economía circular y la responsabilidad ambiental han pasado a formar parte estratégica de sus agendas, apostando por materias primas recicladas y procesos innovadores como los que ofrece 0rCA.
Con el objetivo de que su invento tenga un impacto global, Falconer y su equipo han desarrollado una microfábrica de reciclaje portátil, diseñada para instalarse en cualquier puerto del mundo. El sistema completo se entrega en un solo contenedor de envío, con un costo de 500.000 dólares, y su operatividad es tan accesible que, según Falconer, “lo bueno es que todo cabe en un contenedor de envío y prácticamente cualquiera puede operarlo”. Este planteamiento implica que cada puerto podría contar con su propia unidad de reciclaje, convirtiendo directamente el residuo local en un recurso valioso y reduciendo drásticamente el ciclo de contaminación que amenaza a los océanos.
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Actualmente, solo un porcentaje pequeño de las redes de pesca de nailon desechadas en Inglaterra llega a estos procesos de reciclaje, lo que deja un margen enorme para expandir la tecnología. La posibilidad de instalar microfábricas en puertos de todo el mundo representaría un paso significativo para cambiar la gestión de residuos pesqueros a nivel global.
Falconer resume su visión con pragmatismo y ambición, tal como expresó a The Guardian: “Así que se podría tener uno de estos en cada puerto del mundo, convirtiendo un residuo costoso y peligroso en una materia prima rentable”. El modelo de 0rCA no solo propone una solución para un problema ambiental específico, sino que también ofrece una alternativa tangible para la transición hacia economías más responsables con el medio ambiente y la biodiversidad marina. En palabras de su fundador, el enfoque de empaquetar todo el proceso en un contenedor permite llevar esta solución allí donde más se necesita, logrando así que el océano deje de ser el vertedero de una de las industrias más globalizadas del planeta.
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