
Un trozo de chicle antiguo elaborado con resina de abedul hace más de 5.000 años aportó una nueva perspectiva sobre la vida cotidiana y la posible división de tareas entre hombres y mujeres en las primeras comunidades agrícolas europeas.
El análisis genético del material, junto con otros objetos reparados con la misma sustancia, permitió a un equipo internacional de científicos recuperar ADN prehistórico humano y de otros organismos.
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El estudio se publicó en la revista Proceedings of the Royal Society B y abre la puerta a estudiar cómo se organizaban las labores en el Neolítico.
Fue liderado por Hannes Schroeder y Anna White del Instituto Globo de la Universidad de Copenhague en Dinamarca.
La singularidad del hallazgo reside en el uso multifuncional de la resina de abedul, considerado el material sintético más antiguo conocido.
En la Europa prehistórica, esta sustancia se empleaba tanto para pegar herramientas de piedra y reparar cerámica como para ser masticada a modo de chicle.
Un misterio neolítico bajo análisis

Los investigadores intentaron comprender los múltiples usos de la brea de abedul. Ya existían evidencias de que las comunidades que vivían en Europa hace más de 3.500 años habían elaborado y masticado brea de abedul.
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Investigaciones arqueológicas previas habían identificado piezas de brea con marcas dentales y habían sugerido que las personas la usaban para higiene bucal, alivio de molestias dentales o incluso con fines sociales o rituales.
Ahora, los científicos de Dinamarca analizaron artefactos de brea de abedul procedentes de nueve yacimientos del área alpina y regiones cercanas.
El periodo incluyó comunidades agrícolas lacustres, entre 4300 y 3500 antes de nuestra era, que habitaban entornos propicios para la conservación de materias orgánicas, lo que permitió un estudio detallado.
El propósito esencial fue desentrañar la composición química y genética de estos materiales, entender la identidad social de los usuarios y sus prácticas tecnológicas o alimenticias.
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El equipo científico combinó técnicas de análisis de residuos orgánicos y ADN antiguo para lograr una visión más completa sobre la producción, consumo y significado social de la brea y los objetos en los que aparecía.
Así trabajó la ciencia con la brea

Para realizar el trabajo, el equipo seleccionó 30 artefactos de brea de abedul de los sitios arqueológicos en los Alpes y áreas periféricas.
Parte de las piezas provenía de asentamientos lacustres donde las condiciones húmedas propiciaron la conservación. Otras procedían de zonas secas del sur de Francia.
Las muestras incluyeron piezas masticadas, herramientas de piedra en las que la brea servía como adhesivo y fragmentos de cerámica o madera reparados con dicha sustancia. Incluía desde usos prácticos hasta posibles funciones medicinales y de higiene.
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El análisis incluyó cromatografía de gases-espectrometría de masas (GC-MS), que permitió identificar “compuestos orgánicos característicos de la brea de abedul” y secuenciación de ADN antiguo para detectar restos genéticos humanos, animales, vegetales y microbianos.
Los investigadores escribieron: “Veintinueve de treinta muestras proporcionaron compuestos orgánicos propios de la brea de abedul”.

Se extrajo ADN en 28 muestras. En piezas masticadas y en algunas empleadas como adhesivo se hallaron restos humanos, hechos que permitieron deducir, por ejemplo, que “la presencia de ADN humano y microbiano bucal señala que la brea fue masticada, en algunos casos por más de una persona”.
El análisis químico demostró que en ciertos casos la brea de abedul se mezcló con resina de coníferas, al alterar las propiedades del adhesivo según su uso.
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“El análisis GC-MS identificó brea de abedul como adhesivo principal y también otras sustancias, como resina de pino, usadas para modificar sus propiedades mecánicas”, afirmaron.
Al examinar el ADN vegetal y animal, el equipo detectó especies como trigo, cebada, avellana, guisante, adormidera, peces de agua dulce, ovejas y jabalíes. De esta manera se vincularon las prácticas alimenticias y tecnológicas a contextos de caza, pesca y agricultura.
Qué dejó el hallazgo

Los científicos sugieren que se debe expandir el uso combinado de análisis químicos y genéticos en artefactos arqueológicos, tanto para aspectos tecnológicos como dietéticos y sociales.
“La presencia de ADN microbiano bucal junto con el humano agrega información sobre cómo se usaba y por quién”, resaltaron.
El trabajo indicó limitaciones en la conservación de ADN antiguo, especialmente en piezas expuestas a calor y procesos posteriores a la excavación.
Como conclusión principal, la investigación confirmó la diversidad de usos de la brea de abedul en la Europa neolítica.
“Este estudio demuestra el valor de integrar análisis de residuos orgánicos y ADN antiguo para profundizar en las prácticas culturales del pasado”, destacaron.
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