
Miles de millones de aves arrancan todos los años una travesía desde América del Norte hasta Sudamérica. Lo curioso es que esas viajeras no se mueven igual en todos lados: en el norte, se forman verdaderas “carreteras aéreas” con multitudes de pájaros que avanzan en ráfagas.
En cambio, en zonas del trópico, el viaje se vuelve una procesión lenta y constante, como si siguieran un ritmo propio y relajado. Hoy es el Día Mundial de las Aves Migratorias, una efeméride dedicada a concientizar sobre la importancia de conocerlas y protegerlas.
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Científicos de los Estados Unidos y Colombia descubrieron ahora que la migración de aves por la noche en los trópicos ocurre de manera pareja y sin los cambios bruscos por el viento o las tormentas que sí marcan (y complican) los viajes de las aves en América del Norte.
Publicaron los resultados del trabajo en la revista Proccedings B de la Royal Society del Reino Unido.

Con ayuda de radares y micrófonos especiales, los investigadores lograron observar cómo miles de aves cruzan noche tras noche los mismos cielos sudamericanos, casi sin alterar sus planes por las condiciones meteorológicas.
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El trabajo fue liderado por Jacob Drucker, estudiante de doctorado en la Universidad de Chicago, en conjunto con científicos de la Universidad Nacional de Colombia, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (IDEAM).
También colaboraron expertos de la organización SELVA, el Museo Field y la Universidad de Cornell, de los Estados Unidos.
Migración de aves en el trópico

Durante décadas, los científicos supieron mucho sobre cómo migran las aves en América del Norte y Europa, donde las condiciones del clima marcan noches ideales para volar. En zonas tropicales, gran parte del fenómeno seguía siendo un misterio.
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El primer problema a resolver fue la ausencia total de registros sistemáticos que demostraran si existían picos migratorios y qué factores los causaban.
¿Acaso el trópico condicionaba la migración igual que las praderas de Ohio o los bosques de Canadá?
El equipo se preguntó entonces cómo la atmósfera estable y la geografía de Sudamérica impactaban en el viaje nocturno de las aves.

Quisieron explorar si el mismo patrón meteorológico de América del Norte se repetía y averiguar cuál era el rol de valles y montañas en la enorme ruta aérea continental.
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Otra dificultad era que los radares suelen captar tanto aves como insectos, y en el trópico la cantidad de insectos puede confundir los cálculos.
Por eso, el equipo de científicos de Estados Unidos y Colombia desarrolló técnicas para separar unos de otros y lograr cifras confiables sobre la migración real de aves.
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Radares, alturas y nuevas rutas en la migración

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores usaron datos de la red nacional de radares meteorológicos del IDEAM sumados a sensores acústicos de distintos puntos de Colombia. Eso permitió, por primera vez, seguir el pulso nocturno de la migración en distribución, altitud y volumen.
Luego, monitorearon tres grandes regiones durante cuatro años: los valles interandinos, el Valle del Magdalena y la cuenca amazónica.
Así detectaron que cientos de miles de aves eligen rutas estables todas las noches de la temporada, al cruzar por embudos naturales determinados por la geografía.
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Uno de los avances clave fue el desarrollo de un modelo que identifica aves por sus trayectorias. Mientras los insectos flotan guiados por el viento, las aves mantienen rumbo propio. Validaron este sistema usando datos tanto de Sudamérica como de Australia.

Los sensores acústicos permitieron escuchar y registrar a especies como zorzales y reinitas, protagonistas de la migración boreal.
De esta forma, comprobaron que las aves llegan a elevarse hasta 3.000 metros sobre la selva amazónica para esquivar vientos en contra. “
“Vimos aves volar tan alto como a 3.000 metros sobre el Amazonas para evitar los vientos en contra. Fue espectacular”, compartió Drucker sobre el hallazgo.
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En los Andes, las aves responden a vientos conocidos como corriente en chorro de bajo nivel del Orinoco.
Cuando favorecen su ruta, se mantienen a la altura ideal. Si se transforman en un problema, ajustan el vuelo rápidamente. Así, pueden descender o ascender según la fuerza y dirección de los vientos.
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“Cuando el viento se debilitaba a menor altura, ajustaban la altitud y volaban más bajo”, detalló Drucker. El monitoreo dejó claro que el viento cambia la altura, pero no el volumen de aves cada noche.

Los resultados revelan que la predictibilidad y el flujo estable desafían a quienes buscan proteger a las aves en zonas urbanas.
Es casi imposible avisar a tiempo cuándo pasarán las grandes bandadas, lo que complica campañas para salvarlas de choques con edificios.
A partir de los resultados, los científicos sugirieron ampliar la red de radares y sumar cooperación internacional para poder seguir a las aves en tiempo real.
Identificaron, además, grandes retos para monitorear áreas remotas y para mejorar el reconocimiento por sonido de cada especie.
“Necesitamos descender aún más en la escala y entender cómo reaccionan las aves a hábitats y patrones de clima a nivel micro”, resaltó Drucker.

Mantener el seguimiento y actualizar los métodos será clave para preservar la biodiversidad y las rutas de las migraciones.
En diálogo con Infobae, Alex Jahn, del Departamento de Biología Integrativa de la Universidad del Estado de Oregón, en los Estados Unidos, comentó tras leer el hallazgo publicado en Proceedings B: “Si en el futuro el patrón de dirección o velocidad de los vientos cambia (por ejemplo, por causa del cambio climático global), las aves podrían verse afectadas. Si embargo, aún se entiende muy poco cómo las diferentes especies que migran de noche pueden reaccionar ante escenarios de mayor urbanización o de alteraciones climáticas”.
Un gran problema de las aves migratorias nocturnas es que se confunden con las luces de las ciudades y alteran su habilidad de volar en la dirección correcta.
“Existen iniciativas en Canadá, Costa Rica y los Estados Unidos con el apagado de las luces para cuidar a la aves migratorias. Sería ideal si personas que residen en ciudades por donde atraviesan las aves se sumen a esa iniciativa”, resaltó.
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