
La exploración espacial de larga duración requiere que se garantice la salud humana durante las misiones a destinos como Marte.
Pero hay microorganismos esenciales, como Bacillus subtilis, que cumplen funciones clave en el organismo humano y podrían estar en riesgo por las condiciones extremas de los lanzamientos.
Un equipo de investigadores de Australia probó por primera vez que esa especie de bacteria sí puede soportar las condiciones extremas de un lanzamiento espacial.
El hallazgo, que fue publicado en la revista npj Microgravity aportó información clave para mantener colonias saludables de microbios en misiones espaciales de larga duración.

Significa que las bacterias asociadas a funciones relacionadas con la inmunidad, la digestión y la circulación podrían acompañar y proteger a tripulantes rumbo a Marte u otros destinos.
Una de las coautoras del trabajo, Gail Iles, quien es experta en ciencias espaciales de la Universidad RMIT, afirmó: “Esta investigación mejora nuestra comprensión sobre cómo la vida puede soportar condiciones hostiles, aportando información valiosa para futuras misiones a Marte y más allá”.
Bacterias bajo presión

Antes del estudio, había temor de que fuerzas extremas al inicio de un viaje espacial eliminasen bacterias que el cuerpo humano necesita para estar sano.
Si no estuvieran esos microorganismos, sería difícil sostener la salud humana durante largos períodos fuera de la Tierra.
Los investigadores se preguntaron si la bacteria Bacillus subtilis resiste aceleraciones, microgravedad y frenos bruscos, que son situaciones experimentadas durante los vuelos suborbitales.

El objetivo general fue comprobar en condiciones reales y no solo de laboratorio, la supervivencia de estas esporas bacterianas.
La Bacillus subtilis es una bacteria capaz de formar esporas, que son estructuras de resistencia que protegen el ADN en ambientes hostiles, como radiación o temperaturas extremas.
Los investigadores tuvieron en cuenta que esa bacteria juega un papel clave para la salud humana, al apoyar el sistema inmune y la microbiota intestinal.
Así fue el lanzamiento y los resultados

Las esporas de Bacillus subtilis viajaron en un cohete sonda lanzado desde una base en Suecia.
El dispositivo incluía un soporte microtubular diseñado especialmente mediante impresión 3D, para proteger la muestra y sujetarla dentro de la cápsula.
Durante la primera etapa del vuelo, las esporas experimentaron fuerzas equivalentes a 13 veces la gravedad terrestre.
Esta aceleración simula lo que sucede en lanzamientos reales, cuando la nave vence la atmósfera terrestre.
El cohete ascendió hasta 260 kilómetros, zona considerada borde del espacio. Al apagar el motor principal, se produjo microgravedad durante más de seis minutos. La microgravedad es la sensación de ingravidez o peso casi nulo.
En el regreso, la cápsula giró 220 vueltas por segundo y experimentó desaceleraciones. Superar esta etapa era clave para el éxito del experimento.
Las muestras fueron trasladadas luego al laboratorio de microscopía y microanálisis de RMIT para su evaluación.

Los expertos utilizaron microscopios electrónicos para observar si la estructura y la capacidad de reproducción de las esporas permanecían intactas.
El análisis reveló que las esporas conservaron tanto su forma como su habilidad para multiplicarse.
“Esto amplía nuestro conocimiento sobre los efectos del vuelo espacial de largo plazo en los microorganismos que viven en nuestro cuerpo y nos mantienen saludables”, subrayó Elena Ivanova, investigadora en biofísica y nanobiotecnología.
El resultado sienta las bases para futuras investigaciones con bacterias más delicadas o directamente en condiciones de viaje interplanetario.
El estudio demuestra la importancia de esos análisis para la vida y la exploración fuera de la Tierra.

Tras publicar la investigación, los científicos recomendaron replicar la experiencia con otras especies microbianas y probar en vuelos más largos, porque solamente se estudió una variedad robusta y en trayectos suborbitales.
La limitación principal fue la corta duración del viaje espacial y el análisis de una sola especie.
Los investigadores señalaron que sus datos permiten diseñar mejores sistemas de soporte vital e inspiran aplicaciones nuevas en biotecnología y medicina.
“Las aplicaciones potenciales de esta investigación van mucho más allá de la exploración espacial”, explicó Ivanova.
La científica Iles cerró: “Un mayor conocimiento sobre la resistencia microbiana puede abrir nuevas posibilidades para descubrir vida en otros planetas”.
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