Hoy es el Día Internacional de los Primates, una efeméride creada para despertar conciencia sobre la importancia de conservar a esas especies como los orangutanes, los chimpancés y los gorilas.
La fecha, establecida en 2005 por Animal Defenders International (ADI), busca visibilizar los problemas de la pérdida de hábitat y otros factores que amenazan a las poblaciones. Un nuevo estudio científico aporta una razón más para trabajar por su protección.
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Encontraron que los orangutanes de Sumatra construyen cada noche nidos en lo alto de los árboles con hojas y ramas. Es como si armaran una “cama” improvisada en la selva.
Esta costumbre no es un simple instinto: los orangutanes jóvenes aprenden observando atentamente a sus madres y a otros adultos. Copian cada movimiento para perfeccionar su propia técnica.
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Los nidos no solo les ofrecen un lugar seguro para dormir, sino que los protegen del frío, la lluvia y los insectos.
Un nuevo estudio de la Universidad de Warwick del Reino Unido y el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal de Alemania descubrieron cómo este aprendizaje social resulta vital para que los orangutanes sobrevivan y conserven sus tradiciones.
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El equipo de investigadores documentó que los orangutanes jóvenes de Sumatra adquieren la habilidad de construir nidos nocturnos a través del aprendizaje social. Lo consiguieron al observar de cerca a sus madres y otros parientes en estado silvestre.
De acuerdo con el estudio que publicaron en la revista Nature Communications Biology, el proceso de aprendizaje resulta determinante para su desarrollo y supervivencia.
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Durante más de 17 años de observación en la naturaleza, los investigadores analizaron cómo los orangutanes inmaduros adoptan las técnicas de construcción de nidos.

La construcción de nidos cumple una función esencial, ya que aporta seguridad frente a depredadores, aislamiento térmico, resguardo contra las lluvias y ayuda a reducir la exposición a insectos.
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Estas plataformas, especialmente las utilizadas durante la noche, se ubican habitualmente a unos 20 metros de altura en la copa de los árboles y pueden estar compuestas por varias capas de ramas, hojas y otros materiales vegetales, que conforman zonas de descanso y elementos de protección.
Los científicos identificaron dos tipos principales de nidos: los diurnos, que son estructuras básicas, y los nocturnos, los cuales presentan mayor complejidad y suelen contar con adaptaciones específicas.
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Los análisis confirmaron que los orangutanes emplean “elementos de confort” en sus nidos nocturnos.

Esto significa que suman capas adicionales de hojas, forros y techos hechos con material vegetal para mejorar el descanso y la protección. Servirían como “almohadas” y “mantas” en el caso de los seres humanos.
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La transmisión del conocimiento ocurre cuando los orangutanes jóvenes observan de manera activa el proceso de construcción realizado por su madre u otros ejemplares experimentados.
El aprendizaje efectivo depende de la observación atenta: quienes prestan especial atención presentan muchas más probabilidades de intentar la construcción por sí mismos en los días siguientes. En cambio, los animales que se encuentran presentes pero distraídos suelen omitir la práctica.
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Ani Permana, investigadora principal de la Universidad de Warwick, explicó: “La construcción de nidos es crítica para la supervivencia de los orangutanes, pero sorprendentemente no es el foco de muchas investigaciones”.
Este trabajo demuestra que “el aprendizaje depende en gran medida de la observación cuidadosa del proceso realizado por otros”, expresó.
Además, el estudio resaltó que existe una tendencia innata a construir nidos, pero los detalles y técnicas particulares se adquieren socialmente desde edades tempranas mediante la repetición y el aprendizaje de los propios errores.
A medida que crecen, los orangutanes jóvenes amplían sus fuentes de conocimiento y comienzan a mirar a otros miembros del grupo, lo que permite diversificar los materiales y técnicas utilizados.

Muchos adultos, según la investigadora Caroline Schuppli del Instituto Max Planck, tienden a regresar a los materiales y métodos que aprendieron de sus madres, un proceso que evidencia la existencia de transmisión cultural e intergeneracional.
Los investigadores subrayan que la pérdida de hábitats y el descenso en la población de orangutanes podrían ocasionar la desaparición irreversible de conocimientos culturales, como las distintas técnicas de construcción, adquiridas y perfeccionadas durante generaciones.

La transmisión observacional, clave también en otras especies de primates para habilidades como el uso de herramientas, adquiere en este contexto relevancia adicional por tratarse de una destreza vital para la subsistencia del orangután.
“El registro prolongado y detallado de estos comportamientos en contextos naturales revela que los orangutanes poseen una riqueza cultural que depende íntimamente de la conservación de sus ambientes y de la continuidad de las comunidades silvestres”, añadieron los investigadores.
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