La costa atlántica de Massachusetts se convirtió este verano en escenario de un fenómeno poco común. En cuestión de semanas aparecieron dos langostas americanas con caparazón azul intenso, ejemplares que sorprenden por su color fuera de lo habitual y por la escasa probabilidad de que se den en la naturaleza. Los investigadores estiman que solo una de cada dos millones de langostas presenta esta mutación, lo que explica la atención que despertó tanto en la comunidad científica como en el público.
La primera de estas capturas se produjo en julio, cuando el pescador Brad Myslinski, al mando del barco Sophia & Emma en Salem, encontró en sus trampas un ejemplar inusual. De inmediato reconoció que no se trataba de una langosta común y decidió donar el animal al Centro de Ciencias Marinas de la Universidad de Northeastern. Allí fue recibido como una rareza biológica y bautizado por estudiantes con el nombre de Neptune, en honor al dios romano del mar.
Según informó la Universidad de Northeastern en un comunicado, Neptune es una langosta americana típica en comportamiento y fisiología. Pesa aproximadamente un kilo, tiene unos siete años de vida y mantiene hábitos semejantes a los de su especie: esconderse bajo rocas y alimentarse de moluscos. Lo único que la diferencia es el caparazón azul eléctrico, un rasgo que la convierte en pieza única dentro del acuario de contacto destinado a programas de educación y divulgación científica.
El origen de esta coloración fue explicado por especialistas de la universidad. De acuerdo con declaraciones recogidas por Northeastern Global News, la bióloga Sierra Muñoz indicó que el tono proviene de una anomalía genética que produce un exceso de crustacianina, una proteína asociada a la pigmentación. En condiciones normales, las langostas presentan una mezcla de pigmentos que se combinan para dar el tono marrón moteado, ideal para el camuflaje en fondos rocosos. En los ejemplares como Neptune, la mutación altera ese equilibrio y el azul predomina en todo el caparazón.

El medio Daily Item entrevistó a Jay Krithivas, instructor de divulgación del centro marino, quien detalló que “la mutación anula la expresión de los demás colores” y permite que aflore el azul, que ya estaba presente de forma latente. El especialista recordó que existen otras variantes raras, como las langostas amarillas, calicó, albinas y las llamadas “algodón de azúcar”, que combinan azul claro y rosa. Aunque cada una responde a procesos genéticos distintos, todas comparten la característica de ser extremadamente infrecuentes en la naturaleza.
La segunda captura ocurrió pocas semanas después y fue informada por el diario Standard-Times. Otro pescador de Massachusetts atrapó una langosta azul de unos ocho o nueve años de edad y poco más de medio kilo de peso. En este caso, el ejemplar fue entregado al Departamento de Pesca Marina estatal, que gestionó su donación a la Escuela de Ciencias Marinas y Tecnología Este de la Universidad de Massachusetts Dartmouth. Allí, el animal se exhibe en un acuario educativo abierto a estudiantes y público general.
Estudios e investigación de la especie
El gerente del laboratorio, Forrest Kennedy, señaló al mismo medio que se trata de un ejemplar “de un azul brillante y precioso”, destacando la oportunidad de mostrarlo como recurso pedagógico. Su destino, al igual que el de Neptune, estará ligado a la enseñanza y a la divulgación científica, lejos del consumo gastronómico al que se destina la mayoría de las capturas de langosta.
Ambos casos remarcan no solo el atractivo visual de estas anomalías genéticas, sino también su importancia para la investigación. Las universidades subrayan que la supervivencia de estas langostas hasta la edad adulta resulta poco habitual. El color azul intenso las hace más visibles para depredadores naturales, como peces grandes y, en el caso de Nueva Inglaterra, cangrejos azules, cuya presencia aumentó en la región debido al calentamiento de las aguas. Documentar ejemplares vivos brinda a los científicos una oportunidad única para estudiar cómo influyen estas mutaciones en la ecología marina.
Según la ecóloga Neida Villanueva, citada en un comunicado de Northeastern, Neptune se adaptó con rapidez a su nuevo entorno en el acuario. Para proteger su bienestar, el equipo diseñó una cabaña de refugio y limitó la interacción con visitantes, respetando la naturaleza solitaria de la especie. El animal comparte espacio con erizos verdes, peces cunner, peces esculpinos y cangrejos Jonás, aunque se mantiene aislado de depredadores potenciales.
La rareza de estas capturas también abre interrogantes sobre la longevidad de las langostas. De acuerdo con la información proporcionada por el centro de Northeastern, estos crustáceos pueden superar los cien años de vida si evitan depredadores, enfermedades o problemas durante la muda. Se registraron ejemplares de hasta nueve kilos, lo que refuerza el interés en estudiar cómo la genética y el ambiente influyen en su desarrollo.
El valor educativo de Neptune y de la langosta azul de Dartmouth no se limita a la observación del público. También sirve para explicar fenómenos biológicos más amplios, como las mutaciones genéticas, la adaptación de las especies y la diversidad de la vida marina. Los programas de divulgación permiten que estudiantes de diferentes niveles se acerquen a la biología marina con ejemplos concretos y llamativos.
Los especialistas remarcan que estos hallazgos, aunque anecdóticos en términos de frecuencia, resultan significativos para comprender los procesos naturales. Las dos langostas azules capturadas en Massachusetts se transformaron en símbolos de una biodiversidad sorprendente y, al mismo tiempo, en recursos que contribuyen a la formación científica de nuevas generaciones.
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