
En el corazón de Shark Bay, Australia, un fenómeno extraordinario fascina a científicos y amantes de la vida marina: un pequeño grupo de delfines del Indo-Pacífico utiliza esponjas marinas como herramientas para capturar alimento y esquivar los peligros del fondo del océano.
Esta peculiar estrategia, llamada “sponging”, es uno de los mejores ejemplos de inteligencia animal, uso de herramientas en delfines y transmisión cultural en la naturaleza, según investigadores australianos.
El hallazgo, publicado recientemente en The Royal Society y destacado por National Geographic, abre una ventana única para comprender cómo estos cetáceos logran adaptarse e innovar en ambientes hostiles, posicionando a Shark Bay como un laboratorio natural de comportamiento animal avanzado.
El “sponging”: ¿una innovación animal?

La técnica conocida como “sponging” ha sido documentada por la Universidad de Georgetown y el Centro Marino de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Curtin. Los delfines seleccionan y arrancan esponjas del género Ircina del lecho marino, las colocan en su hocico y las emplean para explorar la arena en busca de presas ocultas. Esta estrategia protege al delfín de objetos cortantes y animales venenosos, y a la vez le permite acceder a peces que de otra manera permanecerían ocultos.
El proceso es metódico: el delfín barre el fondo marino con la esponja, localiza a la presa, deja la esponja momentáneamente, captura al pez y después la recupera, adaptándose constantemente a las condiciones del entorno marino. Los ejemplares suelen reemplazar la esponja aproximadamente una vez por hora para garantizar su utilidad.
Una herramienta exclusiva y poco común
Aunque eficaz, solo cerca del 5% de los delfines de Shark Bay adopta el “sponging”. Esta baja implementación genera preguntas sobre los motivos de su limitada aplicación.

Durante la investigación, un equipo de buzos recuperó ocho esponjas utilizadas por los delfines, con diámetros de quince a treinta centímetros. Las muestras se sometieron a análisis taxonómicos y escaneos 3D para comprender mejor su selección y adaptación a las necesidades de estos cetáceos.
Asimismo, los científicos realizaron simulaciones digitales para estudiar el impacto del uso de esponjas en la ecolocalización, descubriendo que la presencia de la esponja altera las señales acústicas. Esto representa un dilema, ya que los delfines dependen de la ecolocalización para detectar presas y navegar en aguas profundas.
Razones detrás del uso limitado
El reducido número de practicantes del “sponging” se debe a dos factores principales. Por un lado, exige una alta inversión de energía y destrezas cognitivas: hallar, arrancar y manipular la esponja implica esfuerzo, y la alteración de la ecolocalización agrega un desafío sensorial adicional.

Por otro, existen otras técnicas de caza más eficaces y socialmente difundidas entre los delfines, como el encierro colectivo de peces o el aturdimiento con la cola. De este modo, la práctica solo resulta rentable para individuos que logran dominarla.
Además, el hecho de que la esponja cause distorsión acústica convierte esta técnica en una rareza, pues a diferencia de otros casos de herramientas animales, aquí no se potencia una capacidad natural, sino que se compromete una función esencial.
Transmisión cultural e innovación en la caza
La investigación destaca la transmisión vertical del conocimiento: son las madres quienes enseñan el “sponging” a sus crías durante un vínculo de dependencia que dura unos cuatro años. En ese tiempo, las jóvenes observan y refinan la técnica bajo supervisión, y se ha observado que las hembras realizan esta práctica con mayor frecuencia que los machos, posiblemente debido a diferencias en dieta o estrategias de supervivencia.

El aprendizaje ocurre de manera individual y directa, lo que limita significativamente la propagación cultural dentro del grupo. Quienes no fueron formados en la práctica no logran interpretar los ecos acústicos modificados por la esponja, por lo que no incorporan la técnica a su repertorio de caza.
La investigación concluye que el “sponging” representa una estrategia de forrajeo única, difícil de aprender y de elevado costo energético, lo que explica su baja prevalencia entre los delfines de Shark Bay.
El comportamiento solo se transmite entre una pequeña fracción de la población, requiriendo un prolongado periodo de observación y aprendizaje, facilitado por la dependencia entre madre y cría.
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