
Un nuevo estudio realizado por investigadores del University College London (UCL) ha aportado importantes hallazgos sobre el desarrollo del cerebro de los bebés y su capacidad para procesar el dolor.
Publicado en la revista Pain, el estudio revela cómo las redes cerebrales que permiten sentir, comprender y responder emocionalmente al dolor se desarrollan a diferentes ritmos en los recién nacidos, especialmente en los prematuros. Los resultados podrían tener un impacto directo en cómo se manejan los procedimientos médicos dolorosos en los recién nacidos y, en particular, en los bebés prematuros.
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Un cerebro en desarrollo: cómo procesan el dolor los bebés
El dolor es una experiencia compleja que involucra varios aspectos, desde lo físico hasta lo emocional y lo cognitivo. En los adultos, el procesamiento del dolor se basa en lo que se conoce como el conectoma del dolor, una red de regiones cerebrales que colaboran para experimentar el dolor de manera completa. Sin embargo, en los recién nacidos, esta red está subdesarrollada, lo que sugiere que su experiencia del dolor puede ser muy distinta a la de los adultos.

El profesor Lorenzo Fabrizi, autor principal del estudio, explicó: “El dolor es una experiencia compleja con elementos físicos, emocionales y cognitivos. En los adultos, el procesamiento del dolor se basa en una red funcional de regiones cerebrales denominada ‘conectoma del dolor’, en la que diferentes regiones colaboran para ayudarnos a experimentar el dolor. En los recién nacidos, esta red está subdesarrollada, lo que podría significar que la experiencia del dolor en ellos es totalmente diferente a la que entendemos los adultos.”
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Cómo se desarrolla el procesamiento del dolor en el cerebro neonatal
El estudio se centró en analizar cómo las redes cerebrales responsables del procesamiento del dolor se desarrollan en los bebés, especialmente en los nacidos prematuramente.
Para ello, los científicos utilizaron avanzadas técnicas de resonancia magnética funcional (fMRI), estudiando a 372 bebés de entre 26 y 42 semanas de edad después de la concepción. Estos bebés fueron escaneados antes de cumplir dos semanas de vida, lo que permitió analizar la maduración intrínseca de sus cerebros sin la influencia de experiencias posteriores al nacimiento.
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Los investigadores desglosaron el procesamiento del dolor en tres componentes principales: sensorio-discriminativo (identificación y localización del dolor), afectivo-motivacional (respuesta emocional al dolor) y cognitivo-evaluativo (valoración e interpretación del dolor). A través de los datos obtenidos, los científicos pudieron mapear cómo estas redes cerebrales maduran a lo largo del tiempo.
Tres componentes del dolor: un desarrollo escalonado
El estudio reveló que la red sensorio-discriminativa, que permite a los bebés sentir y localizar el dolor, es la primera en madurar. Este componente alcanza una madurez similar a la de los adultos entre las semanas 34 y 36 de gestación, lo que implica que los bebés ya pueden sentir el dolor en estas etapas. Sin embargo, su capacidad para interpretar y reaccionar emocionalmente al dolor sigue siendo limitada en esta etapa.
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El segundo componente, la red afectiva-motivacional, que está vinculada a la respuesta emocional al dolor, madura entre las semanas 36 y 38. A partir de ese momento, los bebés comienzan a reconocer el dolor como una experiencia desagradable y amenazante, lo que marca el inicio de una reacción emocional más compleja.

Por último, la red cognitivo-evaluativa, que se encarga de la valoración consciente del dolor y su interpretación, no alcanza su madurez hasta más de 42 semanas después de la concepción, lo que significa que los bebés nacidos a término aún no tienen la capacidad de comprender plenamente el dolor. Esta red permanece inmadura incluso en los bebés nacidos a término, lo que sugiere que, en comparación con los adultos, los recién nacidos no poseen una “conciencia plena” del dolor.
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Los resultados de este estudio tienen implicaciones directas para el manejo del dolor en los bebés, especialmente en los prematuros.
Los investigadores hallaron que, debido a que las redes cerebrales relacionadas con la interpretación y evaluación del dolor no están completamente desarrolladas en los recién nacidos, su experiencia del dolor es muy diferente a la de los adultos. Esto es particularmente relevante para los bebés prematuros, que a menudo se someten a procedimientos médicos dolorosos durante su estancia en cuidados intensivos neonatales.
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El profesor Fabrizi señaló: “Nuestros resultados sugieren que los bebés prematuros pueden ser particularmente vulnerables a procedimientos médicos dolorosos durante etapas críticas del desarrollo cerebral. Por lo tanto, los hallazgos enfatizan la importancia de una atención pediátrica informada, incluyendo el manejo personalizado del dolor y la planificación cuidadosa del momento de las intervenciones médicas para los recién nacidos, en particular los prematuros.”
El estudio subraya la necesidad de ajustar las prácticas médicas relacionadas con el manejo del dolor en los neonatos.
Los investigadores sugieren que los bebés prematuros, cuya capacidad para procesar el dolor es limitada, podrían ser especialmente vulnerables a la sobreestimulación dolorosa. Además, estudios previos han demostrado que el contacto físico con los padres puede modular la actividad cerebral relacionada con el dolor en los neonatos, lo que resalta la importancia de un enfoque cuidadoso y personalizado en el tratamiento del dolor.
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