
Los seres humanos están expuestos a microplásticos y nanoplásticos través de los alimentos, el agua potable y el aire. Pueden entrar en los órganos del cuerpo e incluso al cerebro y ahora se sospecha que el consumo de alimentos ultraprocesados puede favorecer ese ingreso.
Los microplásticos y los nanoplásticos son diminutas partículas que derivan del desgaste de artículos plásticos o de productos diseñados deliberadamente en microescalas.
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Un adulto puede llegar a tener el equivalente a una cuchara de plástico estándar en los tejidos del cerebro, según demostró un estudio publicado en la revista Nature Medicine en febrero pasado, que generó un alarma global.
Ahora, los editores de la revista Brain Medicine decidieron publicar cuatro artículos para comunicar las pruebas sobre el problema: los microplásticos de los alimentos ultraprocesados pueden estar acumulándose en el cerebro de las personas.
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Eso significa que el ingreso de las partículas a través del uso y el consumo de ultraprocesados podría estar contribuyendo potencialmente al aumento de las tasas mundiales de depresión, demencia y otros trastornos mentales.
En diálogo con Infobae, Martín Blettler, doctor en biología e investigador en contaminación por plásticos del Conicet en el Instituto de Investigación y Desarrollo en Bioingeniería y Bioinformática (IBB), en la localidad de Oro Verde, Entre Ríos, Argentina, consideró que ya hay evidencias sobre el impacto de las partículas plásticas en la salud humana y el consumo de ultraprocesados.
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“Para prevenir ese impacto, es necesario adoptar un enfoque integral que abarque la producción, el consumo y la regulación, todo basado en resultados de la investigación científica”, comentó el científico.
Los hallazgos que alarman

“El aumento de los niveles de microplásticos y nanoplásticos (MNP) en el tejido cerebral humano es alarmante, sobre todo en pacientes con demencia”, escribieron en uno de los artículos publicados en Brain Medicine, editada por Genomic Press, los científicos Nicholas Fabiano, Brandon Luu, y David Puder, que pertenecen a instituciones de Canadá y Estados Unidos.
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Reconocieron que “es probable que evitar por completo la exposición a los nanopartículas siga siendo un objetivo inalcanzable debido a su ubicuidad en el ambiente”, pero ya existen estudios que indican que podrían desarrollarse vías viables para disminuir la ingesta dietética o mejorar la eliminación.
Qué son los alimentos ultraprocesados

Los alimentos ultraprocesados, según la definición del sistema de clasificación Nova, son productos alimenticios altamente industrializados que incluyen ingredientes extraídos o sintetizados, como conservantes, colorantes o sabores artificiales.
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Ejemplos comunes son los refrescos o gaseosas, las comidas instantáneas y los alimentos precocidos como nuggets de pollo.
Los microplásticos llegan a los alimentos ultraprocesados a través de sus procesos de fabricación y empaquetado.
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Ese tipo de productos presentan concentraciones significativamente más altas de microplásticos en comparación con los que no son procesados.

Por ejemplo, ya se detectó que los nuggets de pollo (que son empanizados y fritos) contienen hasta 30 veces más microplásticos por gramo que la pechuga de pollo sin procesar.
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Fabiano y otros investigadores postulan que los microplásticos podrían ser un factor determinante en los resultados negativos de salud mental asociados al alto consumo de ultraprocesados.
Ya se han realizado estudios en animales y en cultivos celulares que demostraron que los microplásticos inducen estrés oxidativo y alteraciones en el metabolismo celular y en el sistema inmune.
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Estos mecanismos también se han relacionado con trastornos del sistema nervioso central, como la depresión.
Además de los microplásticos, los ultraprocesados pueden afectar la salud mental por su perfil nutricional. Tienen una baja densidad de nutrientes, un alto contenido calórico y químicos asociados a la inflamación y el estrés oxidativo.
Por otro lado, dietas ricas en alimentos no procesados, como el modelo de dieta mediterránea, mostraron beneficios importantes para la salud mental.
En el marco del SMILES trial, se registraron mejoras notables en los síntomas depresivos de participantes que redujeron su ingesta de ultraprocesados y adoptaron una dieta rica en alimentos naturales.
Propuestas y perspectivas futuras

Los investigadores sugieren desarrollar un Índice de Microplásticos Dietéticos (DMI) que permita cuantificar el consumo de microplásticos a través de la dieta y estudiar sus impactos longitudinales en la salud mental.
Si bien los estudios hasta la fecha son preliminares y la mayoría se basa en modelos animales o datos observacionales, la relación entre ultraprocesados, microplásticos y salud mental merece mayor atención.
“A medida que aumentan los niveles de ultraprocesados y microplásticos, y con ellos los problemas de salud mental, es crucial seguir investigando esta interacción”, señalaron.
Es decir, los alimentos ultraprocesados no solo contribuyen a la exposición a los microplásticos, sino que también podrían agravar sus efectos adversos en la salud mental.

Estas evidencias sugieren la necesidad de redirigir hábitos alimenticios hacia opciones más naturales para reducir riesgos y mejorar el bienestar general.
De acuerdo con el doctor Blettler, se debería reducir el uso de plásticos en el procesamiento, envasado y almacenamiento de alimentos. Mientras tanto, “se debería promover el uso de materiales alternativos más seguros”, dijo a Infobae.
Asimismo, es fundamental “desarrollar normas que establezcan cuáles son los límites máximos aceptables de microplásticos en alimentos. Aún no hay casi avances sobre ese aspecto”, resaltó.
Los consumidores deberían “priorizar la ingesta de alimentos frescos y mínimamente procesados, evitar calentar comidas en envases plásticos y fomentar la educación sobre los riesgos asociados a los alimentos ultraprocesados”, aconsejó el investigador del Conicet.
Además, sostuvo que “las políticas públicas deberían incorporar el problema en las agendas de salud y alimentación, al exigir mayor transparencia a la industria alimentaria y al promover cambios estructurales en la forma en que producimos y consumimos alimentos”.

También en la revista Brain Medicine, investigadores de Alemania, Suiza, y Reino Unido, con Stefan Bornstein como primer autor, propusieron un potencial método para remover las partículas plásticas del organismo.
Se trata de la “aféresis terapéutica extracorpórea”, una técnica que filtra la sangre fuera del cuerpo, y podría tener el potencial de eliminar las partículas microplásticas de la circulación humana.

“Aunque tenemos que reducir nuestra exposición a los microplásticos eligiendo mejor los alimentos y los envases, también necesitamos investigar cómo eliminar estas partículas del cuerpo humano”, señaló Bornstein.
“Nuestros primeros hallazgos sugieren que la aféresis podría ofrecer una posible vía para la eliminación de microplásticos, aunque se necesita mucha más investigación”, reconoció.
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