
El impacto físico y psicológico de pasar largos períodos en el espacio sigue siendo un desafío que enfrenta la investigación espacial, tal y como lo demuestra la misión Crew-10 de la NASA y SpaceX.
La misión debía ser lanzada este viernes con el objetivo de rescatar a los astronautas Barry “Butch” Wilmore y Suni Williams, quienes han pasado nueve meses en la Estación Espacial Internacional (EEI), a pesar de que originalmente su estancia estaba planeada para ser de solo ocho días pero debido a fallas en la plataforma tuvo que ser suspendida.
Este caso, aunque alejándose del récord de Oleg Kononenko y Nikolai Chub (374 días), resalta los efectos extendidos de la microgravedad en el cuerpo humano.
La exposición prolongada a un ambiente sin gravedad puede causar afectaciones significativas, comenzando por la pérdida de densidad ósea y el desgaste muscular, explica un informe de The Guardian. Asimismo, el astrofísico Alan Duffy, de la Universidad de Swinburne, comentó al medio: “En el espacio, se les acumula líquido en la cabeza, lo que les hace sentir como si tuvieran un resfriado constante”, lo que sugiere una experiencia incómoda durante meses.
Además, la falta de gravedad también lleva a la disminución del volumen sanguíneo y a un debilitamiento del sistema circulatorio, que puede generar coágulos y artritrogénesis de los órganos internos.
Una de las principales preocupaciones a nivel ocular, es el debilitamiento de la visión debido a la acumulación de líquidos alrededor de los ojos, lo que incluso deforma sus globos oculares temporalmente. “Esa visión tiende a volver a la normalidad, pero algunos astronautas podrían necesitar gafas de por vida”, añadió Duffy. También, el cambio en la sensibilidad de la piel es sorprendente: la ropa flota sobre ellos y, al regresar a casa, siente las prendas como si fueran papel de lija.

La reaclimatación física, comparable a un proceso de fisioterapia intensiva, no es solo un reto corporal, sino también emocional. Los astronautas, al regresar de largos períodos en el espacio, enfrentan un desgaste físico significativo: dificultades para caminar, mareos y una fatiga intensa que requiere una recuperación cuidadosa. Este proceso, además de ser exigente para el cuerpo, también lo es para la mente.
La transición de volver a la rutina diaria tras meses de vivir en un entorno único y aislado puede generar ansiedad y depresión, como es común en los astronautas después de misiones prolongadas. El regreso a la Tierra no solo implica adaptarse a la gravedad nuevamente, sino también enfrentar los efectos psicológicos de un regreso a la normalidad que, para muchos, resulta abrumador
“Al regresar, probablemente sentirán que por fin se han recuperado de un resfriado de nueve meses”, dijo Duffy, detallando que caminar será un reto y que podrían experimentar mareos y fatiga intensa.
Por otro lado, la exposición a la radiación durante largas estancias espaciales sigue siendo uno de los principales riesgos para los astronautas. La NASA advierte que la ausencia de la protección atmosférica y el campo magnético de la Tierra exponen a los astronautas a partículas energéticas tanto del Sol como de rayos cósmicos galácticos que pueden causar daños irreversibles.
“Los astronautas no solo estarán expuestos a más radiación en el espacio que en la Tierra, sino que la radiación a la que están expuestos podría suponer mayores riesgos”, detalla el informe. Sin embargo, aún queda mucho por investigar sobre cómo esta exposición puede aumentar los riesgos de cáncer a largo plazo, especialmente porque los astronautas retirados no suelen participar en este tipo de estudios tras concluir sus carreras, asegura el astrofísico Brad Tucker, de la Universidad Nacional Australiana.
Desde el punto de vista psicológico, el regreso a casa es otro gran reto. Tucker comentó que situaciones como la ansiedad tras vivir en condiciones extremas y la depresión son comunes entre los astronautas al regresar a la normalidad. Señaló también que algunos experimentan el llamado “efecto de visión general” al observar la curvatura de la Tierra, despertando una conexión emocional profunda con la fragilidad humana.
“Algunos lo llaman un sentimiento de inspiración, otros sentimientos de incompetencia ante la magnitud del mundo”, añadió. Sin embargo, la vuelta a la vida diaria, como preparar el desayuno o manejar el trabajo, puede parecer abismal tras la inspiración única del espacio.
Los avances tecnológicos para mitigar estos efectos siguen siendo una parte crucial de las investigaciones actuales. Según Duffy, SpaceX y la NASA están desarrollando dispositivos como centrífugas para que los astronautas puedan dormir mientras se contrarrestan los efectos de la microgravedad, redistribuyendo líquidos en el cuerpo.
El caso de Wilmore y Williams, además de arrojar luz sobre los desafíos médicos y psicológicos, proporciona información clave para misiones futuras de larga duración, como las previstas a Marte y la Luna. Estudios como estos también podrían beneficiar a tratamientos médicos en la Tierra, especialmente para condiciones como la inmovilidad prolongada en pacientes postrados.
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