
Cuando era pequeño, Jean Hébert aprendió un día que todas las personas se vienen abajo con el tiempo y mueren. “Me dije: ‘¿Por qué a todo el mundo esto le parece bien?’ Y eso ha guiado prácticamente todo lo que hago”, dijo el científico a MIT Technology Review. A los 58 años, Hébert dirige una polémica iniciativa en la Agencia de Proyectos Avanzados para la Salud (ARPA-H) de Estados Unidos: estudia cómo realizar un “reemplazo funcional de tejido cerebral” para añadir tejido joven al cerebro de las personas.
Su idea es que, para que el cuerpo no se deteriore por la edad, hay que reemplazar todas sus partes. Incluso el cerebro.
El motivo de su contratación en la agencia oficial, creada por el presidente estadounidense Joe Biden en 2022, es el estudio de cómo tratar a personas que pierden zonas de las funciones cerebrales, por ejemplo luego de un accidente cerebrovascular, o debido al mal de Alzheimer. “Pero Hébert, biólogo de la Facultad de Medicina Albert Einstein, suele proponer la sustitución total del cerebro, junto con la de otras partes de nuestra anatomía, como único medio plausible de evitar la muerte por vejez”, advirtió Antonio Regalado, autor del artículo publicado en la revista del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).

Ya se realizan los trasplantes de órganos ,incluso de órganos de la importancia de los pulmones, el hígado o el corazón y otras sustituciones de partes humanas dañadas: válvulas cardíacas, caderas de titanio, córneas artificiales. Pero el cerebro es una historia completamente diferente. Como sintetizó Regalado: “No quieres cambiarlo por otro, porque eres tú”.
La propuesta de Hébert apunta precisamente a no hacer un reemplazo sino una sustitución de a pedacitos, que le dé tiempo al tejido joven, fabricado en laboratorios, a integrarse al cerebro, de modo tal que los recuerdos y la identidad propia se conserven.
Hébert recibió a MIT Technology Review en su laboratorio en Albert Einstein, y mostró los experimentos iniciales que ha hecho con ratones. Experimentos que, hay que señalar, no tienen gran aceptación entre muchos científicos dedicados al envejecimiento. “El factor de la cirugía va a ser muy severo, se mire por donde se mire”, dijo Matthew Scholz, director general de Oisín Biotechnologies, a la publicación.

No obstante, Hébert obtuvo USD 110 millones para su proyecto, del presupuesto total de USD 1.500 millones de ARPA-H.
El trabajo científico de Hébert se centra en el neocórtex, la parte externa del cerebro, la más popular en las representaciones: ese laberinto de líneas y dobleces, donde cada curva y surco contiene la capacidad para almacenar y procesar información, gestionar nuestros sentidos, nuestro razonamiento y nuestra memoria. El neocórtex es “posiblemente la parte más importante de lo que somos como individuos”, dijo Hébert al periodista científico Regalado, y “quizá la estructura más compleja del mundo”.

Según explicó al MIT Technology Review, Hébert cree que hay dos razones principales para confiar en su hipótesis de que el neocórtex “podría ser sustituido, aunque sólo lentamente”, como precisó la nota. Una es la experiencia que han tenido los pacientes con algunos raros tumores cerebrales benignos, como el caso documentado de un hombre al que le extrajeron un tumor del tamaño de una naranja. Su cerebro logró adaptarse a la invasión de esas células porque el tumor progresó muy lentamente, lo cual permitió reasignar los recuerdos, el comportamiento y el habla a otro lugar, y el hombre pudo continuar con su vida, durante largo tiempo, sin señales del problema.
La otra razón son los experimentos que demuestran que las células en fase fetal, como las células madre, “pueden sobrevivir, e incluso funcionar, cuando se trasplantan al cerebro de adultos”, explicó Regalado, y citó los ensayos para detener los ataques de epilepsia en algunas personas.
“Fueron estas dos cosas juntas, la naturaleza plástica del cerebro y la capacidad de añadir nuevo tejido, las que me dijeron: ‘Ah, entonces tiene que haber una manera’”.

La fantasía popular de una píldora que detenga el envejecimiento no podrá ser, está convencido el científico de ARPA-H. Porque el tiempo afecta a absolutamente todos los órganos, células y sustancias cruciales para la función molecular. La solución que él investiga se apoya en ideas adicionales provocadas por el progreso tecnológico: en 1973, cuando vio la película Westworld, en la que Yul Brynner interpreta a un androide, pensó que la forma humana podría no estar grabada en piedra.
Esas perspectivas tan extremas han hecho de Hébert una estrella entre los llamados inmortalistas, “una comunidad marginal dedicada a no morir nunca”, definió Regalado. Según comprobó MIT Technology Review, Hébert dio una conferencia para uno de estos grupos sobre la “sustitución corporal” completa, en un encuentro online de biohackers y otros enemigos del arco natural de la vida.

¿Cómo se fabricarían esos fragmentos cerebrales de sustitución, que Hébert llama “facsímiles” de tejido neocortical? Hébert contó a Regalado que, a partir de células madre, se crearían partes similares a lo que se encuentra en un cerebro fetal aún en desarrollo. En esa fase de inmadurez se las trasplantaría al cerebro, donde podrían terminar de madurar e integrarse al tejido antiguo. Así quedarían, en palabras del científico, listas para absorber y aprender la información.
“Estamos diseñando un tejido neocortical similar al fetal, que tiene todos los tipos celulares y la estructura necesaria para convertirse en tejido normal por sí mismo”, agregó.
Pero fabricar un sólo tipo de célula a partir de células madre no es una tarea sencilla. Eso implica que hacer un tipo tan particular como “un facsímil del neocórtex con una docena de tipos celulares”, como ilustró el periodista científico Regalado, es, en el mejor de los casos, algo remoto.
Y es sólo el primero de los problemas de la sustitución del tejido cerebral propuesta por Hébert. El más importante, probablemente, sea si esos fragmentos jóvenes de neocórtex lograrían funcionar dentro del cerebro al que se los integraría.
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