
Cambios ambientales sustanciales que comenzaron en el Cretácico Superior y culminaron en el límite entre el Cretácico y el Paleógeno, fue lo que desencadenó una de las crisis más notorias en la historia de la Tierra, conduciendo a la desaparición de los dinosaurios no aviares y a la extinción de hasta el 60% de los géneros marinos. Este período de intensa transformación global fue contemporáneo de dos eventos a gran escala, cada uno potencialmente capaz de impulsar tales cambios. Entonces, ¿qué acabó con los dinosaurios? La caída de un meteorito en la Tierra es sólo una parte de la historia, según sugiere un reciente estudio.
El cambio climático provocado por erupciones volcánicas masivas puede haber preparado en última instancia el escenario para la extinción de los dinosaurios, desafiando la narrativa tradicional de que un meteorito por sí solo asestó el golpe final a los antiguos gigantes.
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Esta nueva visión se presente en un estudio publicado en Science Advances, que reúne especialistas de las universidades de Oslo, McGill, California, Trieste, Padova y Napoli Federico II; el Campus de Ciencia e Innovación de Harwell y el Museo Sueco de Historia Natural de Estocolmo.
El equipo de investigación profundizó en las erupciones volcánicas de las trampas del Deccan, una vasta y accidentada meseta en el oeste de la India formada por lava fundida. Con la asombrosa cantidad de un millón de kilómetros cúbicos de roca en erupción, puede haber desempeñado un papel clave en el enfriamiento del clima global hace unos 65 millones de años.
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El trabajo llevó a investigadores de todo el mundo, desde martillar rocas en las trampas del Deccan hasta analizar las muestras en Inglaterra y Suecia.
En el laboratorio, los científicos estimaron cuánto azufre y flúor fueron inyectados en la atmósfera por erupciones volcánicas masivas en los 200.000 años anteriores a la extinción de los dinosaurios. Sorprendentemente, descubrieron que la liberación de azufre podría haber provocado una caída global de la temperatura en todo el mundo, un fenómeno conocido como invierno volcánico.
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“Nuestra investigación demuestra que las condiciones climáticas eran casi con certeza inestables, con repetidos períodos de ese tipo que podrían haber durado décadas, antes de la extinción de los dinosaurios. Esta inestabilidad habría dificultado la vida de todas las plantas y animales y habría preparado el escenario para la extinción de los dinosaurios. Por lo tanto, nuestro trabajo ayuda a explicar este importante evento de extinción que condujo al surgimiento de los mamíferos y la evolución de nuestra especie”, dijo el profesor Don Baker del Departamento de Ciencias Planetarias y de la Tierra de la Universidad McGill y coautor del documento.
Descubrir pistas en muestras de rocas antiguas no fue tarea fácil. De hecho, una nueva técnica desarrollada en McGill ayudó a decodificar su historia. La técnica para estimar las emisiones de azufre y flúor, una combinación compleja de química y experimentos, fue “un poco como cocinar pasta en casa. Se hierve el agua, se le agrega sal y luego la pasta. Parte de la sal del agua pasa a la pasta, pero no mucha”, explicó.
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De manera similar, algunos elementos quedan atrapados en los minerales a medida que se enfrían después de una erupción volcánica. Así como se podían calcular las concentraciones de sal en el agua que cocía la pasta analizando la sal en ella, la nueva técnica permitió a los científicos medir el azufre y el flúor en muestras de rocas. Con esta información, pudieron calcular la cantidad de estos gases liberados durante las erupciones.
Sus hallazgos marcan un paso adelante en el intento de reconstruir los antiguos secretos de la Tierra y allanar el camino para un enfoque más informado del actual clima cambiante.
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*Sara Callegaro es investigadora del Centro para la Evolución y Dinámica de la Tierra de la Universidad de Oslo, Noruega. La información contenida en este artículo periodístico se desprende de la investigación denominada “Inviernos volcánicos recurrentes durante el último Cretácico: balances de azufre y flúor en lavas de las Trampas del Deccan”, publicada en Science Advance, del que Callegaro es autora correspondiente y principal junto con Don Baker, profesor del Departamento de Ciencias Planetarias y de la Tierra de la Universidad McGill. También se usó como fuente el comunicado de la Universidad McGill, de Montreal, Canadá.
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