
El virus de la poliomielitis solo infecta a los seres humanos. Entra al cuerpo a través de la boca. Se propaga mediante el contacto con las heces, las gotitas del estornudo o la tos de una persona que ya estaba infectada.
Desde la década de 1950 las campañas de vacunación fueron exitosas y redujeron significativamente los casos de afectados por la enfermedad que causa parálisis. La enfermedad casi está erradicada. Pero el virus de la poliomielitis sigue circulando en algunas zonas del mundo por coyunturas excepcionales de algunos países (como Pakistán y Afganistán) y, porque hay personas que forman parte de movimientos antivacunas que siempre son una amenaza para las coberturas de vacunación de enfermedades inmunoprevenibles.
Quienes deciden no aplicarse las dosis recomendadas o impulsan la no vacunación de otras personas, ponen en riesgo a la comunidad y atentan contra la protección que brinda la inmunización colectiva. Esto fenómeno se acentuó aún más desde la pandemia de COVID-19, ya que el número de personas vulnerables no vacunadas ha aumentado en el mundo.
Existen tres cepas del poliovirus salvaje: el tipo 2 se declaró erradicado en 2015, y el tipo 3 en 2019. El poliovirus de tipo 1 es el único que sigue circulando y solo en Pakistán y Afganistán.
En ese marco, científicos de los Estados Unidos y el Reino Unido diseñaron ahora dos nuevas vacunas contra la polio que pueden evitar que el virus mute en una forma peligrosa y que causen brotes y parálisis. Lo publicaron en la revista Nature. Las formulaciones se estudiaron en modelos animales y ya se están probando en humanos, a través de en ensayos clínicos para evaluar su seguridad y eficacia.

Las dos vacunas que se presentan en el estudio publicado en la revista Nature reducen el riesgo de que se produzcan brotes de los tipos 1 y 3 del poliovirus. La investigación fue liderada por el argentino Raul Andino, profesor de microbiología e inmunología de la UCSF, y Andrew Macadam, virólogo del NIBSC. También participaron los investigadores Ming Te Yeh, Matthew Smith, Sarah Carlyle, Jennifer Konopka-Anstadt, Cara CBurns, John Konz.
Las primeras vacunas contra la polio se diseñaron la década de 1950. Una fue creada por el médico estadounidense Jonas Salk. Otra herramienta, la vacuna antipoliomielítica oral, fue desarrollada por el médico y microbiólogo Albert Sabin.
Las cepas originales del virus de la poliomielitis -llamadas de tipo salvaje- se han eliminado en gran medida. Sin embargo, aún pueden desarrollarse nuevas cepas a partir de la vacuna antipoliomielítica oral, que es la más utilizada en los países en vías desarrollo. Esas vacunas utilizan virus vivos debilitados que en ocasiones mutan a una forma activa, y dan lugar a brotes incluso en países que se cree que habían eliminado la poliomielitis.
Para evitar ese riesgo, en países como la Argentina, ya se reemplazó el uso de la vacuna oral por la dosis bivalente de la vacuna IPV (Salk) como paso necesario en el camino hacia la erradicación de la polio.
Ahora, los equipos de científicos de la Universidad de California en San Francisco y del Instituto Nacional de Normas y Control Biológicos (NIBSC) del Reino Unido tuvieron en cuenta el problema de las vacunas orales y se pusieron a diseñar nuevas formulaciones.
Desarrollaron dos nuevas vacunas orales contra la poliomielitis que servirán para reforzar los esfuerzos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) por erradicar la enfermedad. Hace dos años, los mismos investigadores habían presentado otra vacuna más. Es decir, en conjunto, las tres vacunas son las primeras nuevas contra la poliomielitis en 50 años.

“Estas vacunas se crearon utilizando un método empleado anteriormente para fabricar una nueva vacuna antipoliomielítica de tipo 2 conocida como nOPV22. Los científicos utilizaron la ingeniería genética para reducir drásticamente la probabilidad de que el virus atenuado recupere su virulencia”, contó el editorial de la revista científica.
Las dos últimas vacunas se probaron en ratones y resultaron eficaces, seguras y estables. Ahora se están probando en humanos. Si su seguridad y eficacia son tan buenas como las de la vacuna nOPV2, los tres subtipos de poliovirus estarán cubiertos.
Desde marzo de 2021, la vacuna nOPV2 se ha administrado a más de 650 millones de niños en 30 países. Pero aunque la nOPV2 es mucho más estable genéticamente que su predecesora, también puede recuperar virulencia. Hasta ahora, lo ha hecho en cuatro ocasiones distintas, en Nigeria y en la República Democrática del Congo.
“Eso se debe probablemente a que las campañas de erradicación no están llegando a suficientes niños, y refuerza lo que los investigadores y los funcionarios de salud pública ya saben: para erradicar la poliomielitis, los avances científicos deben ir de la mano de iniciativas integrales de salud pública”, de acuerdo con el editorial de Nature.

En todo el mundo, la erradicación de la poliomielitis ha sido gestionada durante mucho tiempo por la Iniciativa Mundial para la Erradicación de la Poliomielitis (GPEI), una asociación con sede en Ginebra, Suiza, que incluye a gobiernos nacionales, financiadores filantrópicos y la Organización Mundial de la Salud.
Sin embargo, la OMS está supervisando ahora un plan para transferir algunas de las actividades de la GPEI a los programas nacionales de inmunización y vigilancia de la enfermedad. Para ello, la Iniciativa ha traspasado parte de la responsabilidad a la OMS, y ésta ha ayudado a los programas nacionales a gestionarse de forma independiente.
La transición no ha sido fácil: hubo déficits de financiación y se ha perdido personal experto. Un informe publicado en abril de 2022 por la Junta de Seguimiento Independiente (IMB), un grupo de expertos en salud mundial al que la GPEI encarga la elaboración de evaluaciones periódicas de los progresos, ha sido crítico con el proceso de transición en algunos países.
Para el futuro, el equipo de investigadores de los Estados Unidos está también desarrollando una forma del virus que es inactiva in vivo. Esperan que esa opción pueda sustituir algún día al virus infeccioso que se utiliza actualmente para producir las vacunas. También los científicos dirigidos por David Rowlands, de la Universidad de Leeds, Reino Unido, están desarrollando una vacuna a partir de partículas similares a virus. Si se consigue, no se necesitarán virus vivos para fabricar vacunas.

Es esencial que los investigadores sigan avanzando en la investigación y la tecnología de las vacunas para combatir el aumento de la poliomielitis de origen vacunal. Pero las nuevas vacunas no funcionarán si hay obstáculos en la implementación de los programas de inmunización en cada país.
Según Joseph Swan, de la Organización Mundial de la Salud y de la Iniciativa Mundial para la Erradicación de la Poliomielitis, contar con vacunas más estables son una “parte importante” del plan para conseguir un mundo sin polio. Pero aclaró que “El simple hecho de disponer de estas nuevas y mejores herramientas no nos hará cruzar la línea de meta: la vacunación, y no sólo las vacunas, es lo que acabará con la polio”.
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