
Desde su detección a finales de 2019 hasta ahora, más de 760 millones de personas en todo el mundo contrajeron COVID-19, de las cuales casi 7 millones murieron. Desde el primer virus caracterizado, conocido ahora como “cepa ancestral”, se sucedieron distintas variantes y subvariantes del SARS-CoV-2. Actualmente, es Ómicron (y sus “hijas” y “nietas”) la que se extiende por el planeta. Pero, ¿qué impacto tuvieron estas mutaciones en el avance de la pandemia?
Según un estudio realizado por científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de California, en San Diego, que fue publicado en Open Forum Infectious Disease, la revista académica de la Universidad de Oxford, “la aparición de variantes virales, en particular versiones recientes del Ómicron, impulsó nuevas oleadas de infecciones y enfermedades a lo largo de 2022 y hasta 2023″.
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Asimismo, los expertos describieron cuáles fueron las razones detrás de la rápida propagación entre las personas de las subvariantes de COVID-19, incluso en aquellas que ya se habían infectado previamente. Además, analizaron el comportamiento de algunos tratamientos y evaluaron las chances de que, tras recibir estas terapéuticas, su susceptibilidad ante futuras infecciones fuera más elevada.

De todos modos, según explicaron los científicos mediante un comunicado, “un informe de la Fundación Commonwealth, por ejemplo, estimó que las vacunas COVID-19 por sí solas previnieron más de 18 millones de hospitalizaciones adicionales y 3,2 millones de muertes adicionales en los EEUU”. Es por eso que destacaron la importancia de estas inmunizaciones.
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En tanto, sobre el comportamiento del virus, los expertos aseguraron que “las mutaciones en la proteína espiga de BA.4 y BA.5 le permitieron (al virus) evadir los anticuerpos neutralizantes generados por la vacunación o por una infección anterior por SARS-CoV-2″. Asimismo, indicaron que “el tratamiento temprano con Paxlovid, una pastilla antiviral oral que combina medicamentos (nirmatrelvir y ritonavir), detuvo el desarrollo natural de anticuerpos”, es por eso que aquellos que recibieron esta terapia mostraron “respuestas inmunitarias generales más bajas y quizás más vulnerables a infecciones posteriores”.
“Paxlovid fue uno de los primeros medicamentos desarrollados y probados para tratar el COVID-19, y rápidamente se convirtió en un medicamento de referencia, a menudo recetado cuando aparecieron los primeros síntomas y con la intención de reducir la probabilidad de enfermedad grave, hospitalización o muerte”, explicaron los investigadores y destacaron que “investigaciones posteriores han demostrado que el tratamiento con Paxlovid entre pacientes no hospitalizados y no vacunados con alto riesgo de progresión a enfermedad grave redujo el riesgo de hospitalización o muerte en un 88%, y el riesgo de COVID prolongado”. Sin embargo, cuando se trata de reinfección “demostró ser deficiente contra la recurrencia”.
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Aaron Carlin, autor del trabajo y profesor asociado de patología en la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Diego, explicó: “Hubo preocupaciones reales sobre las nuevas oleadas de casos impulsadas por BA.5, que había reemplazado a BA.2.12.1 como la cepa dominante en los Estados Unidos”. “Parece que una infección pasada por una subvariante anterior no provocaría una protección cruzada contra las nuevas subvariantes BA.4 y BA.5″, agregó.
“Los hallazgos resaltan la importancia de la investigación en curso y la necesidad de esfuerzos continuos para comprender al virus y desarrollar tratamientos y vacunas efectivas”, aseguró Davey Smith, jefe de Enfermedades Infecciosas y Salud Pública Global de la Facultad de Medicina de UC San Diego y especialista en enfermedades infecciosas de UC San Diego Health.
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Y continuó: “El pasado es un prólogo, no porque el virus sea el mismo, sino porque cambia constantemente, por lo que también debemos evolucionar para enfrentar la amenaza y anticiparnos a la próxima pandemia”. “Nuestros hallazgos sugieren que, si bien el tratamiento antiviral temprano puede prevenir la COVID-19 grave, no elimina la necesidad de vacunas o refuerzos posteriores para promover respuestas inmunitarias protectoras”, concluyó Smith.
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