Las navajas suizas son herramientas que ayudan para múltiples tareas. Incluye destornilladores, tijera, lima y abrebotellas, y más. El científico argentino Luis Caffarelli ganó el Premio Abel 2023 de la Academia Noruega de Ciencias y Artes por haber aportado una “navaja suiza” de la matemática que se puede aplicar en diferentes campos del conocimiento.
El Premio Abel es un galardón concedido por el Rey de Noruega a un matemático destacado. Se entrega anualmente y su nombre proviene de la figura del célebre matemático noruego, Niels Henrik Abel (1802-1829).
En diálogo con Infobae, Caffarelli contó que disfruta de un gran interés por la ciencia que le permitió llegar a semejante reconocimiento desde la escuela primaria y le dura hasta hoy. “No sé si llamarla pasión. Pero me despierta un gran entusiasmo. Cuando era niño me gustaba resolver problemas sencillos. Hoy todo sigue. En nuestra casa, la matemática se respira en el aire”, expresó.

Está casado con Irene Martínez Gamba, una argentina que también trabaja como matemática. Un amigo en común -y colega- los presentó hace más de 40 años. Obviamente se reunían para discutir problemas de la matemática.
Que la matemática esté en el aire de su hogar es casi literal. Según contó también la esposa a Infobae usan términos de la jerga de la matemática para comentar situaciones hogareñas. “Solo hemos publicado 1 paper juntos, pero siempre intercambiamos opiniones”, contó Martínez Gamba.
Caffarelli se fue de la Argentina en 1973 con una beca a perfeccionarse en los Estados Unidos. Tiene 3 hijos. Cada año, regresa al país y se encuentra con otros profesionales para comentar en qué avanzaron recientemente.
El gran mérito que le valió el Premio Abel fue introducir nuevas e ingeniosas técnicas que pueden ser utilizadas para resolver problemas que están relacionados con las ecuaciones de la naturaleza o la matemática financiera. También sirve para la comprensión de los compuestos químicos que atraviesan las membranas de células.

“Tienen muchas aplicaciones. Incluso ahora se usan para investigar los problemas del cambio climático, incluyendo el derretimiento de los hielos y la frecuencia de los tornados o los huracanas”, contó a Infobae.
Es el primer latinoamericano en recibir el Premio Abel, que se lo entregará el rey de Noruega. Ya en 2002, Louis Nirenberg, un matemático canadiense que fue considerado uno de los mejores analistas del siglo XX, había comentado que Caffarelli tenía una “intuición fantástica”, y que eso dificultaba a sus colaboradores para seguirle el ritmo.
“De alguna manera, ve inmediatamente cosas que otras personas no ven, pero le cuesta explicarlas”, dijo Nirenberg sobre el argentino. Confesó que rogaba a Caffarelli que publicara más, porque tenía la costumbre de poner por escrito sólo una parte de las ideas que discutía con sus compañeros.
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Caffarelli tiene hoy 74 años. Estudió y se graduó en matemática y luego se doctoró en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Allí también cursó la mitad de la carrera de Física. Emigró a Minnesota, Estados Unidos.
Fue profesor en las universidades de Chicago y Nueva York y hoy es catedrático en la Universidad de Texas, en Austin. En 1991 fue elegido para la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, entre muchos otros reconocimientos. En 2012, fue distinguido por la UBA con el título de doctor honoris causa.
“Hay siempre una discusión si uno inventa o si se descubre la matemática. Depende de qué matemática se haga. Hay áreas que tienen el objetivo de crear. En mi caso uno descubre que se puede describir un fenómeno a través de modelos que dan una visión muy limitada. Luego se pueden evaluar cómo interactúan las diferentes variables. Para mí la matemática es descubrimiento y eso es lo que me encanta”, afirmó Caffarelli.
“De alguna manera, hay varias matemáticas. Hay una matemática muy abstracta. Otra muy aplicada. Otras están muy mezcladas con otras ciencias. Yo hago matemática que describe cuestiones numéricas como teoría de gases. Miramos la descripción matemática y nos ayudamos con las otras matemáticas”, dijo.

Su modo de trabajar constantemente le posibilitó la enorme producción de papers y la formación de recursos humanos. Pero aclaró: “Nunca me emperré en hacer algo muy inusual. Para mí, la matemática fluye con el diálogo con colaboradores. Es un continuo”.
En otras disciplinas, como la biomedicina, puede haber más urgencias por resolver los problemas. “En matemática, uno puede dejar un problema difícil por un tiempo, y dedicarse a otro tema. Quizá algún día hablando te das cuenta cuál es la solución. Seguramente hay matemáticos que se desesperan cuando algo no les sale bien. Pero mi actitud no es un problema de matemática no el fin del mundo. En algún momento lo resolveré”, sostuvo.
El ejemplo que suele usar Caffarelli para explicar uno de los temas que investiga es el de la habitación donde hay una mesa y sobre la mesa, un vaso con agua y, adentro, un cubito de hielo. Según explicó el matemático Hernán Vivas, investigador del CONICET, alumno de doctorado de Caffarelli y un asiduo colaborador: “Uno puede encontrar una ecuación que diga cómo evoluciona la temperatura del agua a lo largo del tiempo, que tenderá a equipararse con la temperatura ambiente”.

A medida que transcurre el tiempo, el hielo se va derritiendo porque hay un intercambio de temperatura entre el hielo y el agua. “Uno sabe cómo es el hielo al principio y sabe que, potencialmente, al final no va a ver nada, todo el hielo se habrá derretido, pero no sabe exactamente cómo se va a derretir, cómo es esa interfase entre el agua y el hielo, qué formas va a adquirir esa evolución en el tiempo. Eso es lo que se llama una frontera libre. Luis avanzó en la descripción de las propiedades matemáticas de los modelos en los cuales estos fenómenos evolucionan el tiempo”, señaló el doctor Vivas.
El ejemplo del cubito de hielo es muy gráfico, pero las aplicaciones de las ideas desarrolladas por Caffarelli son vastísimas: desde la teoría de finanzas, para modelar la evolución del precio de una acción en el mercado financiero, hasta, o los modelados geográficos de expansión de una epidemia. En todo eso hay un problema de frontera libre.
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