
Tres años después del inicio de la pandemia, el coronavirus ya se llevó la vida de más de 6,62 millones de personas en el mundo. Mientras tanto, se fue dando una carrera en la investigación mundial para desarrollar vacunas que reduzcan el riesgo de complicaciones y tratamientos efectivos y seguros.
Hasta ahora se han registrado más de 5.000 ensayos clínicos sobre potenciales tratamientos, y en esa carrera por encontrar soluciones para los pacientes, hoy solo 5 fármacos cuentan con la “recomendación fuerte” para COVID por parte del grupo de expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que días atrás publicaron la actualización de su guía viviente.
Cuando el coronavirus se describió en enero de 2020, no había entonces algún tratamiento específico probado en cuanto a su eficacia ni a su seguridad para los pacientes con COVID-19. El desconocimiento era tan grande que ni siquiera se sabía que la principal vía de transmisión del virus era por el aire, y que los espacios cerrados eran más peligrosos.

Circuló desinformación sobre potenciales tratamientos, e incluso en marzo de 2020 la OMS tuvo que salir a advertir que había profesionales de la salud en muchos países que estaban “administrando a los pacientes con COVID-19 medicamentos que no han sido aprobados para esta enfermedad”.
Eso también hizo que pacientes que ya tenían otras patologías se enfrentaran al problema de la escasez de medicamentos porque estaban siendo utilizados para los pacientes con COVID sin evidencias.
Aun en el contexto de la emergencia de salud pública de emergencia internacional, la prescripción de medicamentos debía seguir sujeta a las leyes y reglamentos nacionales.

Si no era posible el inicio inmediato de ensayos clínicos, se recomendaba seguir las pautas específicas de uso monitoreado de intervenciones no probadas de la OMS (se conocen como Marco MEURI) durante situaciones de emergencias de salud pública. Porque no está justificado éticamente administrarle cualquier producto no probado a los pacientes, aunque se trate de una situación desesperante.
En la nueva edición de la guía de tratamientos de OMS se tiene en cuenta las particularidades de la infección por la variante Ómicron del coronavirus. Ómicron se propagó y pasó a ser la única predominante durante el año pasado. Después fueron apareciendo sus diferentes linajes. Esos cambios llevaron a modificaciones en la lista de tratamientos recomendados.
Las 5 intervenciones con alta recomendación fueron evaluadas por los expertos al considerar los ensayos clínicos controlados y aleatorizados que se hicieron con el consentimiento informado de los pacientes y con supervisión de un comité de ética.
Para los pacientes con COVID-19 grave o crítico, los expertos de OMS dieron una “recomendación fuerte” para el uso de corticosteroides sistémicos, los bloqueantes de los receptores de la interleucina 6 (como los fármacos tocilizumab o sarilumab), y para el inhibidor de la Janus quinasa baricitinib.

También dieron una recomendación fuerte para el uso combinado de bloqueantes de los receptores de interleucina 6, y el inhibidor baricitinib. “Esos fármacos pueden combinarse ahora, además de los corticosteroides en pacientes con COVID-19 grave o crítico”, escribieron.
En tanto, para los pacientes con COVID que aún no hayan desarrollado un cuadro grave pero estén con mayor riesgo de hospitalización, la OMS avaló el uso de la combinación de nirmatrelvir-ritonavir (Paxlovid®). Es un antiviral que se desarrolló específicamente para tratar el COVID y viene en tabletas con comprimidos para tomar por vía oral.
En abril del año pasado, ya el grupo de expertos había avalado ese antiviral. Ahora le amplió el rango de pacientes que pueden beneficiarse: también se puede indicar nirmatrelvir-ritonavir en mujeres lactantes y embarazadas con el coronavirus que aún no hayan desarrollado cuadros graves.

Durante los tres años de pandemia quedó claro que son pocas las intervenciones que demostraron ser útiles y seguras para los pacientes. “Las infecciones virales respiratorias agudas son muy difíciles de tratar. Hay varias explicaciones que implican la inmunidad celular y cómo los virus evaden los mecanismos de las drogas, especialmente aquellos con mutaciones frecuentes como los coronavirus”, explicó a Infobae Juan Franco, médico de familia argentino que investiga en el Instituto de Medicina General de la Universidad Heinrich Heine de Düsseldorf en Alemania.
En el tratamiento de la gripe y de la infección por el virus sincicial respiratorio, también ha ocurrido una situación similar: hay pocas intervenciones probadas, recordó el investigador. “Durante la pandemia, se ha invertido en drogas reutilizadas, es decir, drogas que se usaban para otras infecciones o enfermedades, como la hidroxicloroquina y la colchicina, pero finalmente no demostraron eficacia ni seguridad para la infección por el coronavirus”, recordó Franco.
“Más adelante se diseñaron drogas específicas contra el coronavirus SARS-CoV-2, de las cuales pocas tuvieron un efecto terapéutico detectable. Entre las que se detectó un efecto terapéutico, generalmente son más útiles en personas con enfermedad moderada o grave”, afirmó.

“Para personas con enfermedad leve y no hospitalizados, la única droga que está recomendada es el antiviral que combina nirmatrelvir y ritonavir. Aunque hay que tener en cuenta que las pruebas disponibles de eficacia y seguridad para el antiviral se basan en estudios en no vacunados”, detalló el doctor Franco.
En tanto, el médico Martín Hojman, miembro de la Sociedad Argentina de Infectología y jefe de la Unidad Infectología del Hospital Rivadavia de la ciudad de Buenos Aires, comentó en diálogo con Infobae que en la Argentina, generalmente se han usado los corticoides para pacientes graves con COVID. “En el contexto de pandemia se probaron muchas cosas. Casi ninguna demostró realmente eficacia, y cuando lo hicieron era en momentos muy concretos de la evolución”, señaló.
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