
Las brecha en el consumo de alcohol entre hombres y mujeres comenzó a cerrarse en 1970. Entre 2000 y 2016, según el Instituto Nacional de Abuso del Alcohol y Alcoholismo (NIAAA), la cantidad de mujeres adultas que bebían alcohol aumentó un 6% (mientras que la cantidad de hombres se redujo en un 0,2%) y los episodios de exceso alcohólico se incrementaron en un 16% (0,5% entre los hombres). Un estudio similar, de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW Sydney), comprobó lo mismo a nivel global.
Con la pandemia de COVID-19 hubo un salto abrupto, que afectó particularmente a las mujeres: si la tasa general de días de consumo creció en un 14%, en el caso de las mujeres llegó a un 41%, según dijo a CNN Sarah Wakeman, directora de la Iniciativa de Trastornos por Uso de Sustancias en el Hospital General de Massachusetts.
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La Organización Panamericana de la Salud (OPS) agregó que en el continente “una de cada cinco mujeres entre 25 y 44 años incrementó su consumo de alcohol, en especial si tenían a su cargo el cuidado de un bebé”. En México, la última Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT), de 2016, registró “una suba exponencial”, del 271%, en el consumo de alcohol de las mujeres desde los noventa.

¿Por qué sucedió esto en el paso del siglo XX al XXI? “Entre las presiones de la carrera y las finanzas, las necesidades de los hijos y los padres mayores, y acostumbrarse a nidos vacíos y cuerpos que envejecen, las vidas de las mujeres se sienten como un espectáculo en la cuerda floja, y beber algo agradable puede aliviar la tensión”, escribió Ginny Graves en un artículo sobre el consumo femenino de alcohol publicado en la edición especial de la revista Health sobre adicciones.
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“Un hallazgo constante de los estudios epidemiológicos recientes ha sido que las medidas de consumo y de abuso de alcohol entre las mujeres han prácticamente convergido con las de los hombres, y las mujeres tienen más probabilidades de sufrir consecuencias dañinas por beber”, dijo el director del NIAAA, George Koob.
Los certificados de fallecimiento entre 1999 y 2016 revelaron que la mortalidad asociada al alcohol aumentó un 120% entre las mujeres blancas de 25 a 64, seguidas por un 72% entre nativas y 39% entre hispanas, según Susan Stewart, autora del libro On the Rocks: Straight Talk About Women and Drinking (En peligro: una conversación directa sobre las mujeres y el alcohol). Sólo las afroamericanas tuvieron una caída del 19% en esta tasa, agregó.
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El libro une cifras con las historias de vida de 32 mujeres y el modo en que el aumento de consumo alcohólico intervino en sus vidas. Algunas todavía repiten lugares comunes como que el vino y ciertos cócteles serían femeninos, y por lo tanto más suaves, mientras que un shot de bourbon sería masculino.

Las razones que identificó coinciden con las que detectó la OPS: sobrellevar el estrés y la ansiedad e intentar relajarse. Hay un factor adicional: “Para muchas mujeres —sobre todo mujeres ocupadas con hijos— el alcohol está ampliamente disponible”, dijo a la oficina de prensa de la Universidad de Iowa, donde enseña. “No requiere mucho tiempo, se puede tomar una copa mientras en la casa, no hay que salir como para ir al gimnasio”.
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El ritmo de vida contemporáneo de las mujeres —que siguen siendo las principales cuidadoras del hogar al mismo tiempo que trabajan fuera de la casa— “es riguroso”, calificó Ann Dowsett Johnston, autora de Drink: The Intimate Relationship Between Women and Alcohol (Beber: la relación íntima entre las mujeres y el alcohol). “Llegas corriendo a la casa luego de un día en la oficina y ya te esperan e-mails del correo y tienes que prepara la comida y lavar la ropa. Lo más fácil para ti, de pie junto a la tabla de picar mientras haces la cena, es servirte una copa de vino”.
El NIAAA agregó: “Es común que la gente consuma alcohol en un esfuerzo pora superar el estrés, los problemas de sueño e incluso el aburrimiento. Desde la adolescencia, las mujeres suelen sufrir más trastornos de ansiedad y depresión, lo cual aumenta la motivación para beber alcohol en busca de un alivio temporario. Lamentablemente, esto empeora los problemas, no los mejora”.
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Los sentimientos regresan una vez que se pasa el efecto del alcohol. Y en ocasiones, lo hacen empeorados. Pero sobre todo sucede que el abuso del alcohol puede causar adaptaciones del cerebro que intensifican la respuesta de stress, agregó el instituto.

El Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) registró que cada vez más adolescentes toman alcohol solas, en proporción mayor a sus pares varones: “Beber a solas predice el desarrollo de problemas con el alcohol”, advirtió.
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Si bien la pandemia incidió en este problema, las señales se vieron mucho antes, subrayó Stewart. “El consumo de alcohol entre las mujeres —sobre todo entre aquellas con estudios universitarios— se incrementó drásticamente en las dos últimas décadas”. A los motivos principales se sumaron otros: “Más marketing de alcohol dirigido a mujeres, más alcohol en el ámbito laboral, presiones de los amigos y la familia para divertirse”, enumeró.
Los productos alcohólicos de bajas calorías, las bebidas de alta graduación con sabor a frutos del bosque, los innumerables happy hours en todas las franquicias de Real Housewives: “Hay mucho marketing de nuevos productos alcohólicos dirigidos a las mujeres y especialmente a las mamás”, dijo Leena Mittal, experta del Brigham and Women’s Hospital, a CNN.
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“Hay festivales de vino para mamis, eventos de yoga y vino para mamis, clases de pintura con vino, manicuría y pedicuría con vino”, dio como ejemplo Johnston a CBC. “Diría que muchas mujeres ya consideran el vino como un grupo de alimentos y una herramienta de decompresión. En buena medida se siente como automedicación. Es más rápido que ir al médico y decirle ‘Me siento agotada’”.
El problema no es sólo que los prejuicios de género afectan a las bebedoras (en la mirada pública pasan rápidamente de ser una chica que quiere divertirse a una alcohólica), sino que hay factores físicos que convierten al alcohol en un problema más grave para las mujeres que para los hombres.
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“Las mujeres tenemos menos fluidos en nuestros cuerpos. Como consecuencia, el alcohol está más concentrado cuando llega a nuestro torrente sanguíneo”, explicó Graves. “Además, nuestros estómagos tienen menos niveles de ADH, la enzima que rompe el alcohol y reduce la absorción, y el ADH de nuestros hígados es menos activo. Eso significa que nuestros niveles de alcohol se elevan más rápidamente y se mantienen altos por más tiempo”. Esto implica consecuencias de largo plazo, como daño hepático, enfermedad coronaria y cáncer.
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