
Desde que la variante Ómicron del SARS-CoV-2 fue descubierta en noviembre de 2021 en Sudáfrica tardó muy poco tiempo en convertirse en dominante en todo el mundo y causar grandes brotes, que dejaron miles de muertos en la mayoría de los países.
Esa fue la primera señal de alarma que vieron las mujeres y hombres de ciencia.
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Las subvariantes de la misma mutación que le siguieron a aquella confirmaron su hipótesis: a medida que muta, el virus que causa el COVID-19 aumenta su capacidad de infectar a las personas, esto es, se vuelve más contagioso.
Y si bien se vio que los casos que estas nuevas subvariantes de Ómicron ocasiona son más leves, lo cierto es que hasta tanto el SARS-CoV-2 no deje de replicarse la pandemia no podrá darse por controlada.
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He allí una de las principales razones que tiene a las compañías farmacéuticas en busca de nuevas vacunas: la mayoría de las diferencias entre las variantes son cambios en la proteína espiga, que se encuentra en la superficie del virus y lo ayuda a ingresar al cuerpo humano. Algunos de estos pequeños cambios en la proteína espiga permitieron que el coronavirus infecte de manera más eficiente, y son estos cambios precisamente los que hicieron que las vacunas en uso actualmente o las infecciones previas por COVID-19 brinden menos protección contra las nuevas variantes.

En una reciente publicación, el prestigioso investigador, cardiólogo y genetista nortemericano, Eric Topol, actual editor en jefe de Medscape, destacó que “con la aparición de Omicron (BA.1) a fines de 2021, se vio una variante hiper transmisible diferente a las anteriores con un aumento estimado de tres veces en su número de reproducción efectiva en comparación con Delta”.
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Para él, “esa evolución ha continuado a todo vapor con BA.2, que tiene un 30% más de transmisibilidad, y ahora, en los Estados Unidos, a punto de volverse dominante, BA.2.12.1, que tiene otro 25% más de transmisibilidad”.
Y si bien aclaró que “no es el sarampión, que tiene un R0 de 18″ -por comparar el COVID con la enfermedad más viral de la que se tiene registro-, destacó: “Pero estamos subiendo de manera constante y secuencial una escalera de mayor infecciosidad del virus”.
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El brusco incremento de los contagios causados por Ómicron en todos los países en los que fue hallada, fue seguido de un rápido descenso. Todo, acompañado por casos que fueron leves en su gran mayoría y que no generaron colapso en los sistemas de salud en la mayoría de los países.

Sin embargo, visto en retrospectiva, una de las características de la variante Ómicron del SARS-CoV-2 que más llama la atención de los especialistas es que, desde un punto de vista genómico, consta de tres sublinajes distintos (llamados BA.1, BA.2 y BA.3) que parecen haber surgido aproximadamente al mismo tiempo, dos de los cuales avanzaron de manera masiva por el mundo.
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Eso significa que Ómicron tuvo tiempo de diversificarse antes de que los científicos lo detectaran. Cualquier teoría sobre sus orígenes debe tener en cuenta esta característica, así como el número de mutaciones, según señaló Joel Wertheim, epidemiólogo molecular de la Universidad de California en San Diego.
Según escribió Topol en Los Angeles Times, “es muy poco probable que alguna vez se repita la monstruosa ola Ómicron en los Estados Unidos, pero ahora el país se enfrenta al aumento de la variante BA.2.12.1, que representa el 37% de los casos nuevos a partir del 30 de abril tal como revelan los informes de los Centros de Control y Prevención (CDC)”.
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El experto reconoció haber aprendido bastante al respecto en los últimos días. Y ahondó: “Tiene una ventaja de transmisibilidad sustancial más allá de BA.2, que ya era un 30% más transmisible que BA.1, y redujo la inmunidad cruzada a BA.1 de tal manera que las personas que tenían infecciones con Omicron BA.1 (estimadas en al menos 40% de estadounidenses) pueden ser susceptibles a reinfecciones por esta variante. De hecho, las vacunas específicas de Omicron que utilizan la estructura de espiga BA.1, que se encuentran en ensayos clínicos y se leerán en los próximos meses, pueden no cumplir su promesa con una variante que tiene tales propiedades de escape inmunitario”.

En paralelo al avance de la variante BA.2.12.1 en los EEUU, Topol señaló que “las variantes BA.4 y BA.5 (que comparten la misma secuencia de proteína espiga) se han vuelto dominantes en Sudáfrica, donde se ha arraigado una cuarta ola”.
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Y pese a que su aumento en la transmisibilidad no parece ser tanto como BA2.12.1, su escape inmunológico, la falta relativa de inmunidad de reacción cruzada a BA.1 y cierto aumento de la resistencia a los anticuerpos monoclonales es similar a BA2.12.1. “A diferencia de BA2.12.1, BA.4 y BA.5 no mostraron una entrada mejorada a las celdas -enfatizó el experto-. Lo preocupante es que ya hemos visto una caída en la protección contra la hospitalización, incluso con tres dosis de la efectividad de la vacuna anterior (pre-Omicron), muy por encima del 90%. Un informe reciente sugirió con BA.1 que la durabilidad de esa protección puede ser más corta.Todavía no tenemos datos sobre la efectividad de la vacuna frente a BA2.12.1 o BA.4/BA.5″.
Una mirada a lo que viene
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Para desmentir el mito, Topol aseguró que “no es cierto que las variantes se vuelvan menos virulentas con el tiempo”. “Su evolución es impredecible, como ya hemos visto”, remarcó.
“Todos nos sentiríamos aliviados si todo se calmara después de la ola de diferentes BA. variantes que están surgiendo en todo el mundo ahora”, reconoció, aunque llamó a “no pretender que esto ha terminado o que se está cerca de un estado estacionario ‘endémico’”.
Sobre el concepto de “fin de pandemia”, y ante la consulta de Infobae, el médico infectólogo Roberto Debbag (MN 60253) señaló que “hoy se habla de estadio pandémico, que sería la situación por la que pasa la Argentina en la actualidad”.
El especialista hizo referencia al concepto al que arribaron un grupo de sanitaristas reunidos recientemente en los CDC de los EEUU, quienes definieron que “de ahora en más se hablará de períodos pandémicos en los países, que pueden o no tener alcance a nivel mundial, eso no se sabe. Lo que sí se sabe es que cada período pandémico termina cuando la cantidad de muertos que ocurren es menor al número de fallecidos por gripe con tasas buenas de vacunación”.
Es lo que Debbag llama “fenómeno ping pong”,que está dado por el recrudecimiento de los brotes en algunas regiones o países y la disminución en otras. “Hoy la pelota está del lado de Asia y África, donde no hay tasas de vacunación adecuadas y eso lleva a que se produzca un aumento de casos -evaluó el experto-. Pero puede pasar en otros países del mundo si aparece una nueva variante o si pasó mucho tiempo del efecto Ómicron y cae la inmunidad natural, o sea, es un fenómeno epidemiológico variable el que va a ocurrir en el futuro y por eso yo llamo ping pong”.

¿Qué probabilidades hay de que surja una nueva variante peligrosa del SARS-CoV-2? Para Andrea Ammon, directora del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) y Maria Van Kerkhove, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Ómicron no será la última variante. Las expertas aseguraron, además, que “no es seguro que el SARS-CoV-2 continúe mutando en cepas más leves que hacen que las personas se enfermen menos que las variantes anteriores”.
Con ellas coincidió el médico infectólogo y miembro de la Comisión de Vacunas de la Sociedad Argentina de Infectología (Sadi) Francisco Nacinovich (MN 75.823), quien ante la consulta de este medio resumió que “nadie sabe qué va a pasar”.
Y tras explicar que “los virus cuando se replican cometen errores y no lo hacen siempre del mismo modo, y esos errores que va habiendo en la replicación son las mutaciones”, el especialista señaló que “algunos virus lo hacen más rápido como el VIH, otros más lentamente, y aún no está clara la dinámica exacta del SARS-CoV-2″.
“Y por otro lado -continuó- los cambios que ocurren en esas mutaciones a veces son más agresivos y a veces menos. La verdad que aventurarse en ese sentido es hacer ciencia ficción”. En ese sentido, prefirió asegurar que “por lo que se conoce hasta ahora del virus es muy probable que haya nuevas variantes, pero de ahí a saber el impacto de las mismas es predecir el futuro”.
En una pandemia no apta para ansiosos, en la que el tiempo va cambiando el devenir de la historia, para Topol “este no es momento de aflojar o recortar recursos”.
Infografía: Marcelo Regalado
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