
A medida que ceden los contagios por coronavirus en el mundo, se han flexibilizado las restricciones sanitarias, si bien el uso de barbijo se mantiene en los espacios cerrados en la mayoría de los países, muchas ciudades y naciones han puesto fin al distanciamiento social como lo hemos concebido los últimos dos años: los dos metros de distancia ya no son un hábito cotidiano.
Sin embargo, la pandemia de COVID-19 aún no terminó y, además, otras enfermedades infecciosas, como la gripe causada por el virus de la influenza, han reaparecido con fuerza en los últimos meses. Por eso, los expertos en epidemiología siguen insistiendo en mantener los medidas de higiene sanitaria para evitar nuevos brotes y la circulación de otros virus. Frente a esto, ¿cómo evitar contagiarse y contagiar a otros?
Las personas pueden sentirse más protegidas y tomar menos precauciones de seguridad sobre el COVID-19 cuando están con sus amigos, o incluso cuando solo piensan en ellos, en lugar de en conocidos o extraños, según una investigación publicada por la Asociación Americana de Psicología.
La amistad, si bien es psicológicamente beneficiosa, puede distorsionar la percepción de riesgo de una persona. Durante los dos años de la pandemia de COVID- 19, muchas personas se han acostumbrado a pasar tiempo con su círculo social más cercano, lo que puede tener consecuencias no deseadas, dijeron los autores del estudio, Hyunjung Crystal Lee, profesora asistente de marketing, y Eline De Vries, profesor asociado de marketing en la Universidad Carlos III de Madrid en España.

“Los amigos y la familia pueden brindar una sensación de amparo, pero es irracional y peligroso creer que te protegerán de la infección por COVID- 19. Esta tendencia que llamamos ‘efecto escudo amigo’ podría intensificar una falsa sensación de seguridad y contribuir a futuras infecciones”, dijeron los autores de la investigación. De Vries y Lee realizaron cinco ensayos con residentes de EEUU para el estudio que se publicó en la revista Journal of Experimental Psychology: Applied.
Si bien hay cierta percepción generalizada sobre la disminución de contagios de coronavirus, la situación no es la misma en todo el mundo, hay países, como China, que en las últimas semanas registraron contagios récord desde el inicio de la pandemia. “Estamos en más de un millón de casos diarios a nivel global, eso no es poco, por ejemplo Alemania y Reino Unido están sufriendo olas importantes de casos”, detalló a Infobae el doctor Ricardo Teijeiro, infectólogo del Hospital Pirovano y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).
Sin embargo, la situación actual no es la misma que en marzo de 2020. La cobertura de vacunación contra el coronavirus y el mayor conocimiento científico sobre el SARS-CoV-2, ubican a la humanidad en otro escenario. “Cambiaron las medidas de cuidado, porque uno ya sabe en el núcleo familiar o en el grupo de trabajo, quién está vacunado o quién tiene condiciones de riesgo, y eso obviamente, modifica el nivel de protección”, puntualizó Teijeiro.
La paradoja de la intimidad

El estudio de la Universidad Carlos III de Madrid reveló además que quienes creen que se contagiaron previamente de COVID-19 de un amigo o familiar tienen menos probabilidades de pensar que se contagiarán nuevamente que aquellos que fueron infectados por un conocido o un extraño.
“Limitar las interacciones a amigos cercanos y familiares es una medida de protección común para reducir el riesgo de transmisión del coronavirus, pero los hallazgos del estudio demuestran que esta práctica también crea involuntariamente otros problemas, ya que las personas tienden a percibir una reducción de los riesgos para la salud y participar en actividades potencialmente peligrosas”, informaron los autores.
Según los investigadores, los hallazgos parecen vincularse con lo que se conoce como la “paradoja de la intimidad“: la idea de que aquellos entre los que nos sentimos más cercanos y seguros pueden, de hecho, representar el mayor riesgo.
En un sentido más amplio, los infectólogos interpretan una situación más compleja: “Los niveles de protección frente al COVID no son los mismos que al principio de la pandemia, si todos estamos vacunados el riesgo de enfermedad grave es menor. No es lo mismo viajar en transporte público donde el nivel de riesgo es alto y además, no sabemos quién recibió las dosis contra el coronavirus y quién no”, explicó el infectólogo del Hospital Pirovano a Infobae y distinguió estas situaciones de los encuentros familiares donde uno sabe el estado de vacunación y las enfermedades preexistentes de cada integrante.
Las investigaciones del estudio español

En un experimento con 495 participantes, el equipo español le pidió a un grupo que escribiera recuerdos de un amigo cercano mientras que el otro grupo escribió sobre un conocido lejano. Luego, todos los participantes leyeron un artículo informativo que indicaba que la comida poco saludable puede aumentar los riesgos de síntomas más graves del COVID- 19, mientras que el uso de desinfectantes para manos, barbijos y toallitas desinfectantes puede reducir la probabilidad de infección.
Luego, los participantes eligieron un artículo de comida chatarra (barras de caramelo o papas fritas) o un producto de protección de la salud (mascarilla facial, desinfectante para manos o toallitas desinfectantes) de una tienda en línea. Los participantes que escribieron sobre un amigo cercano tenían más probabilidades de elegir comida chatarra en lugar de un producto de protección de la salud que aquellos que escribieron sobre un conocido lejano.
Otro de los cinco experimentos estuvo compuesto por 109 participantes que habían sido previamente infectados con COVID-19 y conocían la fuente de su infección. Los participantes infectados por amigos o familiares tenían menos probabilidades de pensar que se volverían a infectar que aquellos previamente infectados por conocidos o extraños.

En la Argentina, una de las costumbres que eliminó la pandemia es el acto de compartir el mate. Sin embargo en reuniones de amigos, la relajación frente al COVID-19 hizo que algunos retomen el hábito de compartir la infusión con allegados cercanos. “Una cosa es compartir el mate con la pareja, con quien uno tiene contacto íntimo y duerme en la misma cama. Pero, por ejemplo, no comparto el mate con mi hijo porque es una persona joven que tiene salidas sociales y tiene más riesgo de contagiarse y transmitir el virus”, señaló Teijeiro.
Por eso, a esta altura de la pandemia, el experto recomienda evaluar las condiciones de riesgo de cada grupo, no es lo mismo personas jóvenes con esquema completo de vacunación y refuerzo que una persona mayor con condiciones de riesgo. Sin embargo, las medidas de cuidado deben mantenerse, el lavado de manos, el uso de alcohol en gel, el uso de barbijos en ambientes cerrados, no sólo por el COVID-19, sino también por el resto de las enfermedades infecciosas.
En el mismo sentido, la doctora Bárbara Broese, jefa de Epidemiología del Hospital Central de San Isidro Dr. Melchor Ángel Posse, señaló a Infobae que “a los argentinos hay dos cosas que nos encantan: compartir mate y besarnos o abrazarnos cuando nos saludamos, hay que tener en cuenta que en estas dos situaciones hay mucha proximidad de la puerta de entrada y de salida de los virus respiratorios que son la nariz y la boca. Por eso hay que tratar de evitar estas situaciones, sobre todo en esta época del año, en la que circula no solo el COVID-19 sino otros virus respiratorios como influenza y rinovirus”.
El profesor Stephen Reicher, de la Universidad de St. Andrews, Reino Unido, y miembro del Grupo Asesor Científico para Emergencias (SAGE, por sus siglas en inglés) que asesora sobre ciencias del comportamiento al gobierno británico, no participó en el nuevo trabajo pero expresó que el estudio agregó evidencia a una larga línea de investigación que había llegado a conclusiones similares.
“No hay un juicio moral asociado con estar infectado. Cualquiera puede tener COVID-19, ya sea amigo o enemigo, conocido o extraño”, remarcó Reicher al diario The Guardian. “Y, paradójicamente, cuanto más asumimos que ‘las personas como nosotros’ no tendrán el virus, más probable es que nos lo contagiemos”.
Con base en estos hallazgos, los autores afirmaron que las campañas de salud pública COVID -19 deberían advertir contra la tendencia de las personas a participar en comportamientos menos protectores cuando el riesgo de infección está asociado con amigos y familiares, aunque solo sea de manera tangencial.
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