
El buen sueño es tan importante para la salud como la alimentación saludable y la actividad física regular. Si una persona sufre insomnio, experimenta un peor desempeño en el trabajo o en la escuela, reduce el tiempo de reacción al conducir y tiene un mayor riesgo de accidentes, y sube el riesgo de desarrollar presión arterial alta y enfermedades cardíacas. Según un nuevo estudio realizado por investigadores del Reino Unido y los Estados Unidos, el insomnio aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
Las personas que tienen dificultades para conciliar el sueño o permanecer dormidas presentan niveles de azúcar en sangre más elevados que las personas que rara vez tienen problemas de sueño, según la investigación dirigido por investigadores de la Universidad de Bristol, con el apoyo de las universidades de Manchester, Exeter y Harvard, y financiado por Diabetes UK. Se publicó en la revista Diabetes Care.
Los resultados sugieren que el insomnio podría aumentar el riesgo de padecer diabetes de tipo 2 y que los tratamientos farmacológicos o de estilo de vida que mejoran el insomnio podrían ayudar a prevenir o tratar la enfermedad.

El insomnio, la falta de sueño y el hecho de acostarse más tarde se han relacionado en estudios anteriores con un mayor riesgo de diabetes de tipo 2. “Más que el insomnio en sí mismo lo que importa es el dormir pocas horas. Esto se relaciona desde hace tiempo con el desarrollo de la diabetes tipo 2″, dijo tras leer el estudio la doctora Mirta Averbuch, directora del centro Somnos y ex presidenta de la Asociación Argentina de la Medicina del Sueño, en diálogo con Infobae.
En el nuevo estudio, el equipo de investigación del Reino Unido y Estados Unidos evaluó si esas asociaciones se explican por los efectos causales de los rasgos del sueño en los niveles de azúcar en sangre.
Los investigadores utilizaron una técnica estadística llamada aleatorización mendeliana para ver cómo cinco medidas de sueño -insomnio, duración del sueño, somnolencia diurna, siesta y preferencia matutina o nocturna (cronotipo)- estaban relacionadas con los niveles medios de azúcar en sangre evaluados por una medida llamada niveles de HbA1c.
El uso de la aleatorización mendeliana, que agrupa a las personas según un código genético asignado aleatoriamente al nacer, permitió a los investigadores eliminar cualquier sesgo de los resultados. El estudio fue realizado con más de 336.999 adultos residentes en el Reino Unido, y demostró que las personas que declararon tener a menudo dificultades para conciliar el sueño o permanecer dormidas tenían niveles de azúcar en sangre más elevados que las personas que dijeron no tener nunca, rara vez o sólo a veces estas dificultades.

El equipo de investigación no encontró pruebas claras de un efecto de otros rasgos del sueño sobre los niveles de azúcar en sangre. Los hallazgos podrían mejorar la comprensión de los investigadores sobre cómo los trastornos del sueño influyen en el riesgo de diabetes tipo 2. El estudio también sugiere que las intervenciones de estilo de vida y/o farmacológicas que mejoran el insomnio podrían ayudar a prevenir o tratar la diabetes.
James Liu, investigador asociado principal de la Facultad de Medicina de Bristol y de la Unidad de Epidemiología Integrativa del MRC, y autor correspondiente del trabajo, dijo: “Hemos calculado que un tratamiento eficaz contra el insomnio podría dar lugar a una mayor reducción de la glucosa que una intervención equivalente, que reduce el peso corporal en 14 kg en una persona de estatura media. Esto significa que unos 27.300 adultos del Reino Unido, de entre 40 y 70 años, con síntomas frecuentes de insomnio se librarían de tener diabetes si se tratara su insomnio”.
En la actualidad, existen algunos tratamientos para el insomnio. Por ejemplo, las directrices del Reino Unido dirigidas a los médicos recomiendan la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, y el tratamiento a corto plazo de pastillas para dormir o el tratamiento con una hormona llamada melatonina si la terapia cognitivo-conductual no funciona.
De acuerdo con la doctora Faye Riley, directora de comunicaciones de investigación en Diabetes UK, “sabemos por investigaciones anteriores que existe una relación entre el sueño y el riesgo de que una persona padezca diabetes de tipo 2, pero no ha quedado claro qué es lo primero, si el mal sueño o el aumento de los niveles de azúcar en sangre, o si hay otros factores en juego”.

Riley resaltó los resultados del estudio: “Este nuevo estudio, financiado por Diabetes UK, nos da una visión importante de la dirección de la relación entre el sueño y la diabetes tipo 2, sugiriendo que el sueño insuficiente puede causar niveles más altos de azúcar en la sangre y podría desempeñar un papel directo en el desarrollo de la diabetes tipo 2. Saber esto podría abrir nuevos enfoques para ayudar a prevenir o controlar la enfermedad”.
“Sin embargo, es importante recordar que la diabetes de tipo 2 es una enfermedad compleja, con múltiples factores de riesgo. Seguir una alimentación sana y equilibrada, mantenerse activo y dormir lo suficiente son componentes esenciales para la buena salud de todos, incluidos los que corren el riesgo de padecer diabetes de tipo 2 o los que la padecen”, comentó Riley. Y estimó que futuros estudios para evaluar el impacto de estos tratamientos contra el insomnio en los niveles de glucosa en personas con y sin diabetes podrían establecer posibles nuevos tratamientos para la prevención y el tratamiento de la diabetes.
Para la doctora Averbuch, ya hay evidencias sólidas de la asociación entre las pocas horas de sueños y el riesgo de diabetes. Por lo cual, es clave que las personas que sufren insomnio puedan seguir recomendaciones que conducen a controlar el problema. Hay tres recomendaciones principales, según Averbuch, las personas deben fijarse horarios regulares para acostarse por la noche y levantarse por la mañana. “Se deben evitar actividades vigorosas y bebidas estimulantes después de las 19 horas”, afirmó. “La cama es para dormir. Si no concilia el sueño en 15 minutos, hay que salir de la cama y hacer actividades tranquilas como leer o escuchar música relajante con luz tenue. La idea es que el cerebro asocie la cama con dormir. Cuando siente sueño nuevamente, hay que volver a acostarse”, añadió.
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