
Un cerebro sano incluye decenas de miles de millones de neuronas que procesan y transmiten información a los músculos y órganos del cuerpo. Cuando se desarrolla la enfermedad de Alzheimer, se interrumpe esa comunicación entre las neuronas. Puede conducir a la pérdida de funciones y a la muerte de esas células. Ahora se conocieron los resultados del mayor estudio genético sobre la enfermedad de Alzheimer en el mundo. Aportó pruebas convincentes que relacionan la enfermedad con las alteraciones del sistema inmunitario del cerebro.
El estudio fue liderado por científicos de Europa. Se utilizaron los genomas de 100.000 personas con Alzheimer y 600.000 personas sanas. Consiguieron identificar 75 genes relacionados con un mayor riesgo de padecer la enfermedad, entre ellos 42 que no se habían implicado anteriormente.
Los investigadores que realizaron el estudio, que fue publicado en la revista Nature Genetics, forman parte de instituciones científicas y universidades de Francia, Bélgica, Holanda, España, Reino Unido, Alemania, Estados Unidos, Finlandia, Suecia, Noruega, Australia, Grecia, Italia, Bulgaria, Islandia, Dinamarca, Portugal, Austria, Chipre, República Checa, y Suiza. Desde América Latina, participaron investigadores de Argentina y Brasil.
Una de las coautoras es la doctora Laura Morelli, de la Fundación Instituto Leloir y el Conicet de Argentina. Al ser entrevistada por Infobae, Morelli contó que la investigación consistió en procesar información sobre “un gran número de casos y controles de la población europea y se definió con mayor precisión el perfil genético asociado al riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer”.
¿Qué beneficio tiene ese logro? “Con la información genética asociada al riesgo de padecer Alzheimer se pudieron establecer las rutas metabólicas vinculadas al proceso neurodegenerativo característico del Alzheimer. De esta manera, se pueden identificar posibles nuevos blancos terapéuticos para su tratamiento”, afirmó Morelli.

“Una vez que se tiene el dato del gen que está asociado al riesgo de la enfermedad lo que se hace es ver qué proteína es codificada por ese gen. Luego se ubica esa proteína en una ruta biológica. Por ejemplo, si la proteína está asociada a un proceso inflamatorio, entonces se puede sugerir que la inflamación está vinculada a la enfermedad y especular que se puede tratar a los pacientes con anti-inflamatorios”, agregó la doctora Morelli.
La científica Morelli junto con Ignacio Brusco, del Departamento Ciencias Fisiológicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y el Hospital Eva Perón de San Martín, Carolina Muchnik, del Instituto Lanari de la UBA, y el grupo de Silvia Kochen, del Hospital El Cruce, la Universidad Arturo Jauretche y el Conicet, fueron algunos de los coautores del estudio.
“Nuestro grupo integra, junto a otros grupos de investigación de Argentina un consorcio dedicado al reclutamiento y análisis genético de casos y controles de ancestría mezcla de europeos y amerindios. Esta población es de utilidad al consorcio europeo que lideró el trabajo para validar sus hallazgos en una población de origen étnico distinto. En el trabajo en Nature Genetics no se incluyó a pacientes de Argentina”, aclaró Morelli.
Los resultados de la investigación publicada en Nature Genetics sugieren que la degeneración en los cerebros de los pacientes con demencia podría estar estimulada por la actividad “excesivamente agresiva” de las células inmunitarias del cerebro, llamadas microglias.

La profesora Julie Williams, directora del Instituto de Investigación de la Demencia del Reino Unido en la Universidad de Cardiff y coautora del estudio, dijo al diario The Guardian que los hallazgos podrían ayudar a reactivar los esfuerzos para encontrar un tratamiento eficaz. “Se trata de una enorme pista sobre lo que está fallando”, dijo. “Hace ocho o nueve años no trabajábamos en el sistema inmunitario. La genética nos ha reorientado”.
El estudio también permitió a los científicos idear una puntuación de riesgo genético que podría predecir qué pacientes con deterioro cognitivo pasarían a desarrollar Alzheimer en los tres años siguientes a la aparición de los primeros síntomas. La puntuación no está pensada por el momento para su uso clínico, pero podría utilizarse a la hora de reclutar personas para los ensayos clínicos de fármacos destinados a tratar la enfermedad en sus fases más tempranas.
Hoy también hay más de 55 millones de personas que viven con demencias en todo el mundo y ya se ha pronosticado que ese tipo de trastorno mental afectará a 139 millones en el año 2050. La enfermedad de Alzheimer es la causa más común de demencia. A pesar de la enorme carga que supone la enfermedad, no ha habido nuevos fármacos en las últimas dos décadas, con la excepción del Aducanumab, autorizado de forma controvertida en Estados Unidos.
Investigaciones anteriores han demostrado que, si bien los factores relacionados con el estilo de vida, como el tabaquismo, el ejercicio y la dieta, influyen en el riesgo de padecer Alzheimer, entre el 60% y el 80% del riesgo de la enfermedad se basa en la genética. Sin embargo, según Williams, el desarrollo de fármacos se ha visto muy influido por el estudio de familias con mutaciones genéticas raras que provocan la aparición temprana del Alzheimer.
Entre los genes de riesgo destacados en el estudio se encuentran los que afectan a la eficacia de las células inmunitarias del cerebro, la microglía, para eliminar el tejido que está en peligro. En las personas de riesgo, estas células de limpieza parecían trabajar con demasiada agresividad.

“Soy bastante optimista en cuanto a la existencia de tratamientos que funcionen para algunos de los sistemas que estamos estudiando”, afirmó Williams. Los hallazgos encajan con resultados anteriores que apuntan a un papel del sistema inmunitario. Las personas con diabetes, que afecta al sistema inmunitario, tienen un riesgo considerablemente mayor, por ejemplo, y una vez diagnosticada la demencia, las infecciones pueden desencadenar un deterioro cognitivo más rápido.
La doctora Susan Kohlhaas, directora de investigación de Alzheimer’s Research del Reino Unido, dijo con respecto al estudio publicado: “Elaborar una amplia lista de genes de riesgo de la enfermedad de Alzheimer es como tener las piezas de un rompecabezas unidas, y aunque este trabajo no nos da la imagen completa, proporciona un valioso marco para futuros desarrollos. Sin embargo, la investigación también nos indica lo complejo que es el Alzheimer, con varios mecanismos diferentes implicados en el desarrollo de la enfermedad”.
Consultado por Infobae, Pablo Richly, director del Centro de Salud Cerebral (CESAL) y miembro de la Asociación de Psiquiatras Argentinos, dijo: “El trabajo aporta más evidencia sobre la correlación entre genes y enfermedad de Alzheimer. Este tipo de resultados siempre es bienvenido para generar nuevas hipótesis y líneas de investigación”. Pero el médico, que no participó en el trabajo, aclaró: “Sin embargo, estamos lejos aún de poder predecir que impacto podría tener a futuro esto en el consultorio”.
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