
Las enfermedades alérgicas constituyen una auténtica epidemia no infecciosa en los países desarrollados en el siglo XXI. La causa de estas enfermedades se debe a una respuesta exagerada e inapropiada del sistema inmunitario frente a sustancias que son inocuas para la mayoría de las personas.
La rinitis alérgica es la enfermedad alérgica más frecuente. Afecta a entre el 25 y el 30 % de la población de los países desarrollados. Produce estornudos repetitivos, secreción nasal acuosa, picor de nariz y congestión nasal.
En muchos casos, la rinitis alérgica coexiste con la conjuntivitis alérgica, que cursa con enrojecimiento conjuntival, lagrimeo y picor ocular. Además, puede asociarse al asma alérgica.
Los alérgenos causantes de la rinitis alérgica más importantes son los pólenes (gramíneas, árboles y malezas), los ácaros del polvo doméstico, los epitelios de animales (perro y gato) y los hongos.
El asma alérgica es la segunda enfermedad alérgica por su frecuencia y es muy importante porque se trata de una enfermedad crónica que puede cursar con crisis asmática. En algunas comunidades autónomas afecta al 10 % de la población infantil. En la población adulta afecta a entre el 2 y el 5 % de las personas.
El asma produce tos, dificultad respiratoria (disnea) y ruidos inspiratorios y espiratorios torácicos (sibilancias). Esta enfermedad suele cursar con los síntomas descritos anteriormente de la rinitis y conjuntivitis alérgica.
Noches irritantes para personas alérgicas
En referencia al momento de la aparición de síntomas, lo más frecuente es que una persona alérgica al polen comience a presentarlos tras pasear unas horas por la tarde en un parque o jardín durante la época de polinización.
Lo sorprendente es que una vez que se encuentra en su domicilio puede notar empeoramiento y, sobre todo, por la noche, en el momento de acostarse, aparecer un aumento de la intensidad de la sintomatología descrita con anterioridad a nivel nasal, ocular y torácico.
Es muy característica la obstrucción nasal que dificulta la respiración y el empeoramiento de la obstrucción bronquial con aumento de las sibilancias. Pero ¿por qué le ocurre esto a los alérgicos por las noches?
Las enfermedades alérgicas son reacciones de hipersensibilidad mediadas por un anticuerpo: la Inmunoglobulina E (IgE). En los alérgicos a pólenes o ácaros se sintetizan anticuerpos tipo IgE específicos frente esos alérgenos.
Esa IgE se fija en la superficie de unas células (denominadas mastocitos) de las mucosas nasales y bronquiales. Al pasear por el parque o jardín se unen partículas de los pólenes a los anticuerpos fijados a estas células.
Estas células se activan y liberan unos potentes mediadores químicos que son los responsables de la inflamación inmediata y rápida de las mucosas con la consiguiente aparición de los síntomas.

Además, los mastocitos liberan otros mediadores químicos que atraen a otras células inflamatorias a las mucosas: eosinófilos. Esta inflamación es más tardía en su aparición. Pasan varias horas desde el contacto inicial con los pólenes y el pico máximo suele ocurrir durante el descanso nocturno.
La influencia de los ritmos circadianos
Además de esta secuencia espacio temporal de la exposición al alérgeno (puesta en marcha de la respuesta IgE mediada y la activación de células inmunitarias como mastocitos y eosinófilos) es importante recordar el ritmo circadiano de los corticoides endógenos.
La producción de algunas hormonas está sujeta a oscilaciones sincronizadas con ritmos ambientales, como el ciclo de la luz, y por ese motivo se denominan ritmos circadianos (del latín circa, cerca, y dies, día). Una de las principales hormonas es el cortisol. El ritmo circadiano del cortisol tiene secreción máxima en las primeras horas de la mañana (amanecer) y mínima hacia las 23 horas.
La concentración de cortisol plasmático en los humanos es mínima alrededor de medianoche y aumenta después de despertar. Después existe una caída a lo largo del día. El sueño inhibe las glándulas suprarrenales que sintetizan esta hormona.
Una de las principales acciones de esta hormona es su potente efecto antiinflamatorio. Y, como habíamos dicho, en las enfermedades alérgicas destaca que las reacciones de hipersensibilidad dan lugar a una inflamación responsable de la sintomatología descrita.
Por este motivo también se explica el empeoramiento de los pacientes que sufren sus síntomas por la noche. Es habitual que las crisis de asma más graves ocurran en este momento.
Cada día se hace más evidente la importancia del paciente bien informado. De esta forma, puede tomar parte activa en el control de su enfermedad, sobre todo de las enfermedades crónicas como son las alergias respiratorias.
Existe mucha información disponible útil en diferentes páginas web donde se pueden consultar los niveles de pólenes. Otra herramienta útil es El libro de las enfermedades alérgicas en el que describimos claramente las causas, síntomas, diagnóstico y tratamientos disponibles de las enfermedades alérgicas.
* Por The Conversation- Tomás Chivato Pérez es Catedrático de Medicina. Decano de la Facultad de Medicina CEU San Pablo, Universidad CEU San Pablo
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