
Los alcances de lo que los médicos dieron en llamar COVID prolongado, long COVID o síndrome post COVID se siguen estudiando en el devenir de la pandemia.
Se trata ni más ni menos de afectaciones en órganos que van más allá del sistema respiratorio y que son propias del cuadro inflamatorio sistémico que provoca el SARS-CoV-2 en el organismo.
Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Oxford y el Instituto Nacional de Investigación en Salud en el Reino Unido mostró que casi cuatro de cada diez personas que se infectaron con el nuevo coronavirus todavía tenían al menos un síntoma entre tres y seis meses después.
Según observaron los autores de la investigación, los síntomas persistentes más comunes entre las más de 270.000 personas encuestadas fueron ansiedad y depresión, dificultad para respirar, problemas abdominales, fatiga y dolor muscular.
Para el análisis, los investigadores compararon el riesgo de características de COVID prolongado en diferentes grupos dentro de la población y también contrastaron el riesgo con el de la influenza.
Los síntomas fueron más frecuentes entre las personas que habían sido hospitalizadas previamente con COVID-19 y fueron un poco más comunes entre las mujeres, según el estudio.

Y si bien el estudio no proporcionó ninguna causa detallada de los síntomas de COVID prolongados, su gravedad o cuánto tiempo podrían durar, especificó que las personas mayores y los hombres tenían más dificultades respiratorias y problemas cognitivos, mientras que los jóvenes y las mujeres tenían más dolores de cabeza, síntomas abdominales y ansiedad o depresión.
“Conocer el riesgo de las funciones de COVID prolongado ayuda a planificar la prestación de servicios de atención médica relevante”, evaluaron los autores en las conclusiones de su trabajo publicado en la revista Plos Medicine. Para ellos, “el hecho de que el riesgo sea mayor después de COVID-19 que después de la influenza sugiere que su origen podría, en parte, involucrar directamente la infección por SARS-CoV-2 y no es solo una consecuencia general de la infección viral. Esto podría ayudar a desarrollar tratamientos efectivos contra COVID prolongado”.
El profesor de la Universidad de Oxford Paul Harrison dirigió el estudio y sostuvo que es necesario “identificar los mecanismos subyacentes a los diversos síntomas que pueden afectar a los supervivientes”, al tiempo que consideró que “esta información será esencial si las consecuencias para la salud a largo plazo del COVID-19 se van a prevenir o tratar de manera efectiva”.

La nueva investigación se une a otros estudios que habían encontrado que los síntomas de COVID persistentes son comunes.
Los autores del presente trabajo consideraron para su realización que “aunque varios estudios han abordado el tema de las secuelas a largo plazo de COVID-19, todos tienen algunas limitaciones importantes”. Y ejemplificaron: “Los resultados de una encuesta telefónica en Francia (con una tasa de respuesta del 57% que llegó a 478 pacientes) mostraron que cuatro meses después de la hospitalización por COVID-19, aproximadamente la mitad de los pacientes tenían al menos una característica de COVID prolongado”.
Asimismo, en un estudio de cohorte basado en aplicaciones con 4.182 casos de COVID-19, el 13% de los encuestados autoinformaron características de COVID prolongado, con alguna evidencia de tasas más altas en mujeres y personas mayores. Otra investigación siguió a 1.733 pacientes hospitalizados por COVID-19 durante seis meses y encontró fatiga o debilidad muscular en el 63%, dificultades para dormir en el 26%, ansiedad o depresión en el 23% y tasas más bajas de mialgia y dolor de cabeza.
Para los investigadores, “estos estudios carecen de un grupo de control y tienen una generalización limitada, centrándose en pacientes hospitalizados o en personas que respondieron voluntariamente a una encuesta telefónica o utilizaron una aplicación”.
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