
Aquel día de 2015, Dave Hole había salido a buscar oro por los alrededores de la ciudad de Maryborough, en Australia. Inspeccionando el terreno, se topó con una piedra extraordinaria. Su color único y su gran peso eran atípicos. Creyó que en su interior podía esconder oro, y se la llevó a su casa.
Trató de romper la parte exterior de la roca con un taladro. No tuvo éxito. Probó con un mazo. Tampoco. Finalmente, la tomó con ambas manos, y trató de reventarla contra el suelo. No hubo suerte.
"¿Qué demonios es esto?" se preguntó tras comprobar que la roca no tenía ni un rasguño.
Fascinado por la particularidad de la gema, Dave Hole no se deshizo de ella, y la guardó durante años. Después de todo ese tiempo, este mes de julio, consumido por la curiosidad, decidió llevarla al Museo de Melbourne para que los expertos le ayudaran a identificar la piedra.
Cada día de cada año, los geólogos Dermot Henry y Bill Birch reciben a aventureros e intrépidos que llevan sus piedras al museo, deseando que sean meteoritos. Pero las probabilidades de que se trate efectivamente de una roca procedente del espacio exterior son ínfimas.

Así que cuando Dave Hole llegó al museo con su roca guardada en el interior de una mochila, no mostraron un exaltado entusiasmo. Un semblante que cambió en pocos segundos.
Aquella fascinante gema no era terrestre. Emocionados por el descubrimiento, supieron en seguida que la piedra que tenían frente a ellos no era de este mundo: era una gota de una lluvia de metal espacial.
"Tenía un aspecto esculpido y con hoyuelos", recordó el geólogo Dermot Henry en una entrevista con el medio australiano The Sydney Morning Herald. "Eso se forma cuando atraviesan la atmósfera, se están fundando en el exterior y la atmósfera los esculpe", añadió.
En los 37 años que lleva trabajando para el museo, el experto ha analizado miles de rocas, pero sólo dos de ellas eran meteoritos. El peso de la misteriosa gema hallada en Maryborough fue suficiente para entusiasmarse.
"Si ves una roca como esta en la tierra y la recoges, no debería ser tan pesada", explicó.

Los exámenes pronto confirmaron sus sospechas. La roca que había encontrado Dave Hole era un meteorito de 4.600 millones de años. La pieza, que ahora pasó a conocerse como El Meteorito de Maryborough, en honor al lugar en el que fue hallado, mide 39 x 14 x 14 centímetros y tiene una masa de 17 kilogramos. Su peso se debe a que a diferencia de las rocas estándar de la Tierra, está compuesta por formas densas de hierro y níquel.
"Es probable que este meteorito en particular salga del cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter", señaló el geólogo Dermot Henry, tras explicar que la superficie de la roca indica que lleva en la Tierra menos de 200 años.
Por su alta composición en hierro, el Meteorito Maryborough fue clasificado como una condrita H5. Según explicó el medio australiano, se exhibirá en el museo el 11 de agosto con motivo de la Semana Nacional de la Ciencia.
Últimas Noticias
Se corre el GP de Japón de la Fórmula 1: Antonelli lidera y Colapinto marcha 17°
El argentino de Alpine, que largó 15°, busca sumar puntos luego de finalizar décimo en Shanghái. Mercedes intenta obtener un nuevo 1-2 en la temporada
Embalses España: la reserva de agua subió este 29 de marzo
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha actualizado su más reciente informe sobre la capacidad de los embalses de agua en España

“La monogamia es inviable”
Creo que las parejas se dividen en dos clases. Las que aguantan (la infidelidad del otro o la represión de sus deseos) y las que no aguantan (la infidelidad o la represión). Pero más allá de que las estadísticas estén a favor del último grupo, ambas alternativas parecen pobres

Federico Coria habló por primera vez sobre la denuncia de Marco Trungelliti: “Llevó mi vida a un lugar oscuro”
El santafesino habló de “traición” al referirse a su colega santiagueño. “A veces, pienso que tomaría un café con él para que me explique”, dijo

Envejecer en casa: una decisión legítima que dispara una logística agotadora y carísima y no resuelve la soledad y el encierro
Más del 80% de los adultos mayores quiere envejecer en su casa. Lo que eso desencadena —turnos que se superponen, costos que ni PAMI ni IOMA ni las prepagas cubren, personas que rotan y desestabilizan— es una historia que el sistema todavía no sabe cómo acompañar



