
(Desde Montevideo, Uruguay) El vecino de Ocean Park –un barrio cercano a Punta del Este– Gabriel Pérez dice que su vida cambió el 6 de julio cuando, mientras andaba en su bicicleta, le dieron una golpiza. Este hombre de 46 años había vendido unos morrones en conserva, levantó una garrafa, y siguió su camino. Pero en un momento lo dejaron sin salida.
Fue entonces cuando tres hombres se bajaron de dos camionetas y le empezaron a pegar. Le preguntaban dónde había dejado lo que robó y lo obligaban a que diga los nombres de otros ladrones.
Lo acusaban de ser el ladrón del barrio y de haber vendido otros robos en la zona.

Casi un mes después de esa golpiza, el grupo y la víctima llegaron a un acuerdo reparatorio por USD 12.000 en efectivo, como informó el noticiero Telemundo de Canal 12. De esta manera, los agresores evitan enfrentar a la Justicia, que ya los investigaba por violencia privada, lesiones personales y simulación de delito.
Para la Justicia, por tanto, se trata de un caso cerrado.
Los hombres admitieron haber sido los autores de la golpiza, pero no se mostraron arrepentidos. La fiscal que llevó adelante el caso relató que el hombre terminó con varias lesiones.
“El delito se extingue, sin perjuicio de lo cual la formalización implica que los imputados reconocieron los hechos, que para nosotros no es un tema menor”, dijo el abogado de Pérez, Sebastián Silvera, en una rueda de prensa. Uno de los temas que preocupaba a la víctima eran los posibles encuentros con los agresores. Por eso, informó el abogado, parte del acuerdo es la prohibición del acercamiento a la víctima.
Los golpes
“Tengo una hija, por favor no me maten”, les respondía Pérez a los agresores, según contó en FM Gente de Maldonado tras la agresión. Se sentía ahogado y les decía que no tenía nada que ver con ningún robo en la zona. Contó que le pusieron la boca contra el suelo, que lo subieron a una camioneta y que lo trasladaron a un destacamento policial cercano para que admitiera los hurtos.
Uno de los agresores dijo en la seccional policial: “Acá trajimos otro más” y, recordó Pérez, dijo que era la tercera víctima que habían “cazado”. La víctima llegó lesionado, mojado y sucio, y debió esperar cuatro horas en un calabozo en la comisaría.
“Pensé que me iban a llevar a un médano y me iban a decapitar”, contó la víctima.

Pérez vive hace 12 años en Ocean Park y conocía a la mayoría de los del grupo que lo agredió. De acuerdo a su relato, se instalaron hace tres años en la zona e incluso les llegó a vender unas plantas.
El caso generó un extenso debate en Ocean Park y en otros balnearios de la zona y fue el origen de varias actividades organizadas por agrupaciones locales. De hecho, tras la golpiza, la primera reacción fue de un grupo de la zona, que catalogó a los agresores de “neonazis”.
La más importante fue organizada por la Asociación de Fomento y Turismo de Sauce de Portezuelo, realizada a sala llena y que tuvo una duración de varias horas, informó La Diaria. Algunos habitantes relataron que se sentían perseguidos por su “apariencia delictiva” y que tenían temor porque con frecuencia se registraban “arrestos ciudadanos”.
También hubo reclamos pidiendo refuerzo para la policía del destacamento Sauce de Portezuelo, que, según los vecinos, no tiene los elementos necesarios para afrontar el explosivo crecimiento de la zona. El caso también originó reuniones de jerarcas del Ministerio del Interior (encargado de la seguridad). A las autoridades le plantearon la necesidad de uno o dos vehículos más y se ofrecieron a comprar una moto.
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