
Giorgio Silli, subsecretario de Relaciones Exteriores de Italia, cree que en las últimas décadas su país descuidó demasiado el vínculo con América Latina, una región en la que viven millones de ítalo-descendientes. No obstante, asegura que esa etapa ya está en el pasado.
“Tenemos la voluntad absoluta de volver a estrechar las relaciones con América Latina”, dice durante una entrevista exclusiva con Infobae. “Es tan así que el ministro de Exteriores [Antonio] Tajani está organizando una conferencia ítalo-latinoamericana entre octubre y noviembre que reunirá en Roma a todos los ministros de Asuntos Exteriores de los países latinoamericanos. Se trata de una señal muy importante. Y es un punto de partida para una política exterior que prioriza claramente las relaciones con América Latina”.
Silli se encuentra en Argentina, donde viajó para una misión de tres días. Se trata de su tercera misión a América Latina desde que, en noviembre de 2022, asumió su cargo en el gobierno de Giorgia Meloni.
Su visita es la primera al país de un representante del gobierno italiano en cuatro años. Incluyó encuentros con las comunidades italianas y con funcionarios del gobierno argentino, de la ciudad de Buenos Aires, de la provincia y la ciudad de Córdoba.
Recibe a Infobae en el Teatro Coliseo de Buenos Aires, un lugar emblemático de la comunidad italiana en Argentina.
—¿Cuál es el motivo de este viaje?
—Hay dos razones principales: las relaciones bilaterales y los italianos en el extranjero. Italia tiene a 6 millones de italianos en el extranjero, de los cuales más de un millón están en Argentina. Así que, después de varias misiones, Argentina era una prioridad absoluta. Desgraciadamente las relaciones diplomáticas entre Italia y Argentina se habían aflojado un poco en los últimos tiempos. Como la política no ha estado presente, como no ha venido ningún miembro del Gobierno en los últimos años, se crea una brecha que tenemos que tratar de salvar en todos los sentidos: en el económico, en el cultural, en el de la cooperación, en el de la política exterior. En resumen, reunirse siempre es bueno. Y ésta es una de las prioridades de nuestro Gobierno: fortalecer y reafirmar las relaciones diplomáticas entre Italia y Argentina.
—¿Cómo fueron las reuniones con las autoridades argentinas?
—Nos reunimos con José Lepere [Secretario de Interior de Nación], con Javier Rozencwaig [Subsecretario de Política Exterior de Nación], con Jorge Macri [ministro de gobierno de la ciudad de Buenos Aires]. Todas reuniones muy cordiales. Tenemos algunas cosas que arreglar, más o menos burocráticas, como la escuela italiana, la posibilidad de tener profesores italianos con un procedimiento de visado un poco más rápido, cuestiones relacionadas con la burocracia digital. Debo decir que es una misión que está resultando muy útil y agradable, porque los interlocutores son muy amables y constructivos.
—¿Hablaron de cómo aumentar la cooperación económica?
—Siempre hemos tenido una cooperación económica muy importante. La Cámara de Comercio italiana en Argentina es la más antigua del mundo, data de poco después de la unificación de Italia en 1861. Nuestras grandes empresas están todas presentes en Argentina: Ferrero, FIAT, Iveco, Pirelli, está todas acá. También hay muchas empresas medianas. En ese sentido, no creo que haya la necesidad de traer inversores a Argentina. Al contrario, si creamos un terreno fértil para los que ya están aquí, esto será un llamado natural de Italia para venir a invertir en Argentina. Lo importante, espero, es que mi visita después de cuatro años sirva de detonante para desencadenar una reacción en cadena y empezar nuevamente a tener relaciones estables y duraderas. Esto es muy importante.

—¿A qué atribuye el distanciamiento que se ha producido en los últimos años entre Italia y Argentina?
—No fue sólo en los últimos años, yo hablo incluso de décadas. Pero es cierto que en los últimos cuatro años no ha habido ninguna presencia de un miembro del Gobierno en Argentina. Y esto es malo, porque los países con los que mantenemos estrechas relaciones diplomáticas deberían ser visitados al menos cada seis meses o anualmente. Así que tomamos nota de esto.
ITALIA Y AMÉRICA LATINA
—¿Y cómo se encuentra la relación con los otros países latinoamericanos?
—Esta misma brecha se ha formado, por culpa nuestra, en muchos países latinoamericanos. Sencillamente porque en los últimos años desde Europa hemos dado por sentada, de manera equivocada, la amistad que teníamos con los países con los que mantuvimos relaciones muy estrechas en el pasado. Y cada vez que das algo por sentado, por desgracia, corres el riesgo de perderlo.
—¿Cómo afectó esto a Europa?
—La ausencia de Europa, y en particular de Italia en tantos lugares, ha creado un vacío que ha sido llenado por no europeos. Europa sigue siendo un continente muy importante. Sin embargo, el mundo es grande y va muy rápido. Así que Europa ya no tiene la importancia decisiva que tenía hace unas décadas. Hay otras nuevas potencias con las que dialogar.
—¿Qué está haciendo el gobierno italiano para reanudar sus vínculos con la región?
—He estado ya tres veces en México, estuve en Santo Domingo en la Cumbre Ibero-latinoamericana e hice doce bilaterales con otros tantos colegas de todos los países de Centroamérica. Estamos intentando, de una manera muy humilde, mostrar, recordar a la gente que Italia está ahí y que estamos ahí para construir juntos el futuro. Luego está claro que hay países más o menos difíciles en América Latina en este momento. Está Nicaragua y todos sabemos cuál es la situación. Está Perú, que tiene una situación un tanto peculiar. Está Venezuela, que quizá no esté tan aislada como antes, pero tiene una situación económica muy, muy difícil. La política exterior es un continuo juego de equilibrios. Pero nosotros tenemos la voluntad absoluta de volver a estrechar las relaciones con América Latina. Es tan así que el ministro de Exteriores [Antonio] Tajani está organizando una conferencia ítalo-latinoamericana entre octubre y noviembre que reunirá en Roma a todos los ministros de Asuntos Exteriores de los países latinoamericanos. Se trata de una señal muy importante. Y es un punto de partida para una política exterior que prioriza claramente las relaciones con América Latina.
—¿La Unión Europea está acompañando este esfuerzo de Italia para acercarse al continente?
—Claramente cada país de la Unión Europea tiene una historia diferente. Hay países que tienen relaciones preferenciales con determinadas zonas de África, hay países que tienen relaciones preferenciales con determinadas zonas de los Balcanes, por ejemplo. Italia siempre ha tenido históricamente esta relación preferencial con algunos países latinoamericanos. Así que sería una lástima que Italia no fuera la locomotora que impulsa a toda Europa en sus relaciones con América Latina. De eso no hay duda. Y no es casualidad que Italia fundara en 1962 una organización internacional, el IILA (Instituto Italo-Latinoamericano), que es como una pequeña ONU que conecta a todos los países de América Latina y a la propia Italia. Este es otro instrumento que es una de mis atribuciones y que pensamos utilizar mucho.

—Italia cuenta además con millones de ciudadanos italianos o descendientes de italianos en la región, algo que es considerado un importante elemento de soft power para su política exterior.
—Por supuesto, son muchos. Manteniendo la ley de ciudadanía que tenemos actualmente, en Argentina habría otros 20 millones de ciudadanos italianos potenciales, en Brasil 38 millones. Y esto demuestra lo importantes que son nuestra historia y nuestras conexiones culturales. Quizás se ha infrautilizado un poco este patrimonio. Y fue por culpa nuestra, por descuido.
LA POSTURA DE ITALIA SOBRE NICARAGUA Y VENEZUELA
—Hizo referencia a la situación en países como Nicaragua y Venezuela. ¿Cuál es la postura del gobierno italiano con respecto a la situación en estos países?
—Nicaragua nos preocupa profundamente, porque tenemos una historia que está indisolublemente ligada a los derechos humanos, a la democracia y también a una suerte de diplomacia paralela que es la Ciudad del Vaticano. Ver un país donde la oposición no existe o por lo menos no se deja que exista, en el que hay un obispo condenado a 26 años de cárcel, 230 personas exiliadas en Estados Unidos, relaciones diplomáticas con la Ciudad del Vaticano suspendidas, el Nuncio Apostólico expulsado, el embajador de la UE llamado persona non grata. Por cómo entendemos la diplomacia, lo que ocurre en Nicaragua es sin duda desmesurado.
Y en Venezuela tenemos situaciones muy malas con nuestros compatriotas, que realmente tienen problemas para comer. De hecho, otorgamos fondos precisamente para ayudar a los que no pueden comer.
—¿Y con respecto al gobierno de Maduro? En su momento, Italia fue uno de los países que reconoció a Juan Guaidó como presidente interino.
—Con respecto a Venezuela tomamos nota de cuál es el statu quo. Vemos que poco a poco Venezuela se va quedando menos aislada en algunos aspectos. Los propios Estados Unidos han iniciado un diálogo sobre algunos temas. Tenemos grandes preocupaciones desde el punto de vista económico y de la inflación. Allí hay problemas de derechos humanos, el derecho a comer básicamente. Y eso siendo Venezuela el estado con las mayores reservas de petróleo del mundo, un país que tiene una historia muy larga con nosotros los italianos, hay muchos italianos viviendo en Venezuela, ha habido relaciones con nuestras industrias petroleras. Es una verdadera lástima, es una verdadera pena. Sé que “pena” no es un término político. Uno debería ser más cínico y más desapegado, pero humanamente es muy lamentable ver una situación así. Y nuestra embajada y nuestros consulados allí están intentando ayudar a nuestros conciudadanos. Pero no es fácil.
ITALIA Y LOS ITALIANOS EN EL EXTERIOR

—En los últimos años muchos argentinos con ascendencia italiana han pedido la ciudanía para emigrar a Italia y Europa en general. ¿Tiene datos sobre este fenómeno?
—En este momento no tengo cifras precisas. Pero es cierto que últimamente hay una migración a la inversa. Esto a pesar de que la vida en Europa hoy en día no es tan fácil, el momento es duro, todos hemos sufrido la pandemia y se han perdido muchos puestos de trabajo.
—Una de las quejas más comunes de los descendientes de italianos en Argentina es la dificultad para realizar trámites, por ejemplo el de la ciudadanía. ¿A qué se deben estos problemas?
—A diferencia de muchos colegas que podrían decir no hay problema, vamos a solucionar todo, yo asumo mi responsabilidad y la del Gobierno en este tema. No obstante, esta mañana [el miércoles] visité el Consulado General aquí en Buenos Aires y creo que es un ejemplo para muchos otros consulados. Argentina es el país con mayor número de consulados y cónsules honorarios en el mundo. No hay duda de que puede haber consulados que funcionen mejor o peor, pero en absoluto hago recaer la responsabilidad en los cónsules. La responsabilidad es nuestra, es de Roma. Es un tema de recursos. Desgraciadamente, como decimos en Italia, “la manta es corta”. O se invierten más recursos, se aumenta el personal de las representaciones consulares, o siempre habrá este problema. Sin embargo, le pondré un ejemplo: se tardan seis meses en conseguir un pasaporte en Roma, en la Comisaría de Policía. Sin querer justificar ninguna ineficiencia, esto muestra que incluso en Italia hay que reforzar las comisarías y las prefecturas.
—¿Qué medidas piensa tomar el gobierno al respecto?
—Se trata de un problema enorme que sólo puede resolverse asignando más recursos. El ministro en la última ley de presupuestos consiguió asignar algunos millones de euros para reforzar las representaciones consulares más sobrecargadas y esto ya es un primer paso. Luego estamos intentando dar la posibilidad a los nuevos funcionarios de la cancillería contratados recientemente de ser enviados al extranjero si lo solicitan. Y eso facilitará mucho los trámites.
—Otra cuestión es cómo involucrar mayormente a los italianos en el exterior en la vida asociativa de Italia. Es llamativo, por ejemplo, que el 70% de los italianos en el exterior no vota en las elecciones.
—Por desgracia, incluso en Italia hay un 40-50% de abstencionismo. Esto es muy malo y no justifica que el 70% de los italianos en el extranjero no voten, pero da que pensar. Y luego tenemos muchos ciudadanos italianos que pueden haber solicitado la ciudadanía por ascendencia consanguínea más por la ciudadanía y el pasaporte que por otra cosa. Está claro que no se puede obligar a la gente a participar en la vida asociativa o en cualquier otra cosa es algo que la persona lleva dentro. Dicho esto, hay muchos instrumentos de participación; de hecho, creo que ningún otro país del mundo tiene los instrumentos institucionales para su diáspora que tenemos nosotros: los Comites, los comités italianos en el extranjero, el Consejo General de los Italianos en el Extranjero (CGIE), la posibilidad de que los italianos en el extranjero voten al Parlamento italiano. Actualmente, la atención hacia los italianos en el exterior es realmente máxima. En el Ministerio de Asuntos Exteriores hay una Dirección General dedicada exclusivamente a los italianos en el exterior. Hay una Delegación del Gobierno dedicada exclusivamente a los italianos en el exterior. Así que, en mi opinión, es una maquinaria que funciona bastante bien.
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