
Agentes del Organismo de Investigación judicial (OIJ) de Costa Rica determinarán si los huesos encontrados en el estómago de un gran cocodrilo cazado por vecinos de la comunidad de Matina el pasado sábado corresponden a los de un niño de ocho años que fue devorado por un animal similar el 30 de octubre en esa comunidad de la provincia de Limón, a unos 180 kilómetros al este de de San José.
El animal fue cazado por personas anónimas, que abrieron su panza en tajo en búsqueda de los restos del niño desaparecido, reviviendo así la desgarradora tragedia de una humilde familia de migrantes nicaragüenses que llegó hace unos tres años a trabajar a las plantaciones bananeras del Caribe costarricense.
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Margine Fernández Flores, madre del niño Julio Otero Fernández, afirmó que encontraron el animal muerto en el mismo lugar donde su familia fue atacada el domingo 30 de octubre pasado.
Ese día, Fernández Flores fue al río Matina con sus cinco hijos, una hermana y su bebé. El esposo, Julio Otero, no quiso ir. El niño se encontraba a la orilla del río con el agua abajo de la rodilla cuando emergió el enorme reptil y se lo llevó entre las fauces.
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La madre vio con horror cómo su hijo era arrastrado por el animal y en su desesperación quiso arrebatárselo. “Yo traté de quitarle al niño, pero el lagarto me atacó y casi me agarra de una pierna”, declaró la madre a medios costarricenses en el relato del episodio que ella calificó de “horroroso”.
Ese mismo día rescatistas de la Cruz Roja costarricense iniciaron una intensa búsqueda en el río con lanchas y un dron, con la esperanza de encontrar el cuerpo del infortunado. La presencia de cocodrilos en esas aguas imposibilitó el uso de buzos en la tarea.
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El cuerpo no apareció y se presume que el cocodrilo lo llevó a alguna de las muchas cuevas que tienen en el río para devorarlo.
Tres días después, el martes 1 de noviembre, la Cruz Roja dio por finalizada la búsqueda. “La falta de rastro determinó que lo que lo mejor era concluir las labores porque todo apunta a que el animal se comió al pequeño”, explicó Natalia Díaz, voluntaria de Cruz Roja, al diario La Teja, de Costa Rica.
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La familia del niño desaparecido exigía que se cazara y sacrificara al animal. “Así como el lagarto mató a mi hijo, que lo maten a él”, pidió Margine Fernández Flores, quien se quejó de la poca voluntad que las autoridades costarricenses mostraron por encontrar al animal que mató a su hijo.
Mauro Vargas, vocero del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac) , declaró al diario La Teja que en ese momento ya se tenía una resolución para capturar al cocodrilo, “amparada en el artículo 22 de la Ley de Vida Silvestre, que permite la captura de un animal cuando este haya causado algún daño”.
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Jeannette Fernández Flores, tía materna del niño, en declaraciones al diario La Prensa, de Nicaragua, reiteró la solicitud de que el animal sea sacrificado “para poder sacar el cuerpo del niño” y sepultarlo.
“Ellos (los del Sinac) lo que quieren es capturarlo y llevarlo a otro lugar, pero nosotros lo que estamos pidiendo es que lo sacrifiquen para poder recuperar los restos del niño y poder enterrarlo”, dijo la tía.
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Las autoridades del Sinac, sin embargo, advirtieron que matar al animal constituía un delito porque se trata de una especie protegida por las leyes de Costa Rica. Asimismo señalaron que el lugar donde fue atacada la familia Otero Fernández es un hábitat de cocodrilos al cual no está permitido el ingreso y se indica su peligrosidad.
La tarde de este sábado, oficiales de la Fuerza Pública fueron informados de un cocodrilo de unos cuatro metros de largo que fue encontrado muerto a la orilla del río Matina, en cuyo estomago se encontraron huesos y cabellos, presumiblemente humanos.
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“Entró una llamada al 911 donde nos indicaban que había un animal desmembrado y que tenía restos óseos así que fuimos al lugar y cuando llegamos pudimos confirmar la información. Se hizo entrega de la escena al Organismo de Investigación Judicial (OIJ) quien hizo el levantamiento de los huesos para confirmar si son restos humanos o de algún animal que comió”, declaro a Teletica, Adrián Salazar, director de Fuerza Pública de Limón.
“El cocodrilo lo mataron, no sé quién fue, pero lo mataron y sí encontraron parte del cuerpo de mi niño, hallaron pelitos y huesitos”, dijo Margine Fernández Flores a 100 por Ciento Noticias, una plataforma nicaragüense. “Ya murió ese animal. Para mí es un gran alivio que lo hayan matado. Deseara que a todos los mataran para que ninguna familia vuelva a pasar por un dolor como este”.
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La madre no quiso ir al lugar donde se encontró el cocodrilo muerto, porque dice que tiene pesadillas con toda esta tragedia. El padre y un tío del niño desparecido llegaron al sitio y aseguraron a medios costarricenses que no saben quién mató al animal.
El Organismo de investigación judicial (OIJ) de Costa Rica tiene ahora la tarea de determinar, en primer lugar, si los restos encontrados en el estómago del cocodrilo son humanos y, si esta presunción se confirma, el siguiente paso sería comprobar si corresponden a los del niño Julio Otero Fernández.
Si los restos encontrados son los del niño desparecido, serían enterrados en el poblado nicaragüense de Rancho Grande, Matagalpa, Nicaragua, de donde es originaria la familia y a donde han dicho que piensan regresar este diciembre para tomar distancia de la pesadilla que les ha tocado vivir.
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