
En Nicaragua se comienzan a sopesar los costos que pagará el régimen de Daniel Ortega por el apoyo que ha manifestado a la invasión rusa a Ucrania. Después de diez días de iniciada la invasión, Moscú no logra controlar Ucrania y, al contrario, enfrenta una decidida resistencia civil y militar, el rechazo mundial a su intervención y poderosas sanciones económicas.
El mismo régimen de Ortega pasó del entusiasta apoyo público a un cauteloso respaldo. En la resolución de condena a la invasión aprobada este miércoles en la Asamblea General de la ONU, Nicaragua se abstuvo y las declaraciones oficiales del gobierno han evitado el tema en la última semana.
“Buscamos aliados naturales y los que encontramos son Rusia, Cuba, Venezuela, China e Irán. ¡Esos son! Y vamos con ellos, en las buenas y en las malas, a pagar las consecuencias con ellos”, reconoció el director de la oficialista radio La Primerísima, William Grigsby, un reconocido propagandista del régimen de Ortega.
“Al declarar su apoyo a Rusia y la invasión de Ucrania, Nicaragua se ha aislado aún más”, afirma Manuel Orozco, politólogo nicaragüense y analista del Diálogo Interamericano. “El régimen aumentó el nivel de amenaza regional que representa Nicaragua toda vez que abre un flanco geopolítico para Rusia y paralelamente saca al embajador de Colombia del país”.
El gobierno de Nicaragua retiró las credenciales diplomáticas al embajador de Colombia en Nicaragua, Alfredo Rangel, el mismo día que Vladimir Putin inició la invasión rusa a Ucrania. La Cancillería nicaragüense alegó que el embajador colombiano “no está cumpliendo con los objetivos para los cuales le fue concedida su acreditación en Nicaragua”.
“Esta situación pone en entredicho el compromiso de Nicaragua en promover la seguridad regional y el tratado de seguridad interamericana al permitir la injerencia externa de una potencia extrarregional”, señala Orozco. “El régimen y el Ejército han dejado claro que su alianza con Rusia representa un rompimiento con la relación estratégica con Estados Unidos y Centro América y el Caribe, por lo que aumenta el nivel de amenaza regional con Cuba, Nicaragua y Venezuela constituyéndose en puntos focales de injerencia rusa”.
El presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, Robert Menéndez, advirtió este miércoles que los países latinoamericanos que apoyan a Rusia en la agresión contra Ucrania podrían “enfrentar sus consecuencias”, entre las cuales estaría la revisión del tratado de libre comercio conocido como CAFTA.

Presencia rusa
Desde el aire, cualquier turista que llega a Nicaragua verá la laguna de Nejapa, una majestuosa formación cratérica a la orilla de Managua. Si se fija bien, podrá apreciar unas enormes antenas parabólicas entre el follaje de sus alrededores y, tal vez, partes de un edificio pintado en azul, rojo y blanco. Solo desde el aire, porque por tierra el acceso a sus alrededores está prohibido. Un muro de hormigón coronado con alambre espinoso cierra el paso.
Se trata de la estación terrestre rusa Glonass, inaugurada con poca pompa el 6 de abril de 2017, en un evento en el que estuvieron una veintena de invitados y fue presidido por Laureano Ortega Murillo, hijo de Daniel Ortega y Rosario Murillo, e Igor Komarov, director general de Roscosmos, la agencia espacial rusa.
Desde su anuncio, la estación ha estado envuelta en la polémica, estimulada por el misterio y la secretividad con que se manejan sus operaciones. Oficialmente se sabe que es la única estación de su tipo en Centroamérica, es alimentada por 24 satélites rusos, y serviría para controlar a los barcos que operan en el país, ayudar a combatir el narcotráfico, prevenir desastres naturales y dar seguimiento al cambio climático. Extraoficialmente, los expertos independientes aseguran que es un centro de espionaje.
“Rusia mantiene una actitud inquietante en Nicaragua y podrían afectar a la estabilidad de la región”, dijo ese mes el almirante Kurt Tidd, en ese entonces jefe del Comando Sur de Estados Unidos.
Glonass es apenas una parte de la presencia rusa en Nicaragua, que volvió a cobrar protagonismo desde que Daniel Ortega regresó al poder en 2007. Rusia reactivó relación con el país centroamericano con donaciones de trigo, vehículos para taxis marca Lada, buses para transporte urbano, cosechadoras, tractores, una planta para la fabricación de vacunas y un centro de capacitación policial antinarcóticos. Sin embargo, a partir del 2016 la cooperación rusa toma un marcado sesgo militar: llegaron al país 50 tanques de guerra T72-B1, cuatro lanchas patrulleras, dos lanchas coheteras 1241.8 Molnia, y aviones combate y entrenamiento Yak-130.
El acercamiento a Rusia ha sido también político y personal. Frecuentemente miembros de la familia Ortega Murillo viajan a Rusia, en delegaciones de gobierno, y Nicaragua es uno de los siete países del mundo que reconoce la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, dos regiones de Georgia que se declararon independientes bajo el padrinazgo del régimen de Vladimir Putin.
Nicaragua respaldó a Putin cuando le quitó Crimea a Ucrania, y fue uno de los ocho países que abrió consulado en esa región tomada Rusia. Ortega fue uno de los primeros jefes de Estado en apoyar la presencia militar rusa en territorio ucraniano.
“El presidente Putin lo que ha hecho es reconocer a esos gobiernos, a pesar de la agresividad del ejército ucraniano no han logrado derrotarlo y lógicamente esto trae el respaldo militar para que esos gobiernos tengan seguridad”, dijo el 21 de febrero en relación al envío de tropas a las regiones ucranianas de Donetsk y Lugansk.

Altos costos
Sin embargo, un sociólogo nicaragüense que pide anonimato por seguridad, dice que Daniel Ortega “jugó mal” al buscar respaldo en el gobierno de Putin para mantenerse en el poder, porque, a pesar del vertiginoso acercamiento con Rusia, los números están muy lerjos de la importancia que Estados Unidos tiene para Nicaragua.
“Si ya la relación comercial y de cooperación era pobre, ahora con el conflicto en Ucrania los préstamos y proyectos prometidos quedarían congelados por las sanciones que ha recibido Rusia, y Nicaragua misma podría recibir más sanciones por el apoyo que ha dado a la invasión”, dice.
En diciembre pasado, el Parlamento de Nicaragua aprobó la gestión de un préstamo por unos 18,9 millones de dólares con el Banco de Exportación e Importación de Rusia (Eximbank) para la compra de autobuses del transporte público de Managua.
Asimismo, el ministro de Hacienda y Crédito Público de Nicaragua, Iván Acosta, aseguró que bancos de Rusia mostraron interés en financiar la ampliación del aeropuerto internacional de Managua, Augusto C. Sandino.
“Todos esos proyectos quedan en una situación incierta por las sanciones a los bancos rusos”, dice el sociólogo consultado.
Unos 1,370.4 millones de dólares llegaron a Nicaragua desde Estados Unidos el año pasado como remesas familiares, lo que representa el 64 por ciento de las remesas totales que recibió el país. “¿De Rusia cuánto recibimos en remesas?”, se pregunta el economista Enrique Sáenz. “Cero. Ni un solo dólar”.
Estados Unidos es también el principal destino para las exportaciones nicaragüenses. Nicaragua vendió a Estados Unidos 3,560 millones de dólares, los que representa el 60 por ciento de las exportaciones totales en 2021. En ese mismo periodo las exportaciones a Rusia fueron de solo 12.1 millones de dólares.
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