Por Susana Ceballos

Nacida en Memphis el 12 de abril de 1971, Shannen Doherty llamaba la atención de pequeña por dos motivos: unos increíbles ojos azules enmarcados por un rostro armonioso y una estupenda cabellera negra, y un carácter temperamental. Si recibía un "no" cuando esperaba un "sí", su berrinche traspasaba los límites de lo humanamente soportable.
Por belleza o por determinación, a los 10 años la eligieron para aparecer en la serie El padre Murphy. También participó en La Familia Ingalls, pero la gran oportunidad le llegaría ocho años después y de la mano de Aaron Spelling. El todopoderoso productor de Dinastía, Los Ángeles de Charlie y Starsky y Hutch la convocó a principios de los 90 para hacer un personaje protagónico (Brenda) en una serie que se convertiría en un éxito mundial: Beverly Hills 90210.
El argumento era sencillo. Brenda y su mellizo, Brandon Walsh (Jason Priestley) llegan de Minnessota para tratar de encajar entre los chicos millonarios y glamorosos pero también solitarios y tristes de Beverly Hills. La historia atrapó a miles de adolescentes en todo el mundo. Las chicas se enamoraban de Brandon, pero imitaban el peinado y la ropa de Brenda. El romance en la ficción con el rebelde Dylan (Luke Perry) fue seguido por miles de fanáticos que no sabían si envidiarlos o admirarlos.

Cada vez que el director gritaba "¡Acción!" aparecía un grupo de amigos que se querían, cuidaban y respetaban. Pero apenas se escuchaba "¡Corten!", la realidad era bien distinta. Esas amigas entrañables que en la ficción representaban Kelly (Jennie Garth), Donna (Tori Spelling) y Brenda, fuera de los sets no se soportaban. Garth contó que con Doherty a veces se querían "arrancar los ojos". El colmo fue cuando en una escena Doherty tiró de la pollera de Garth y la dejó semidesnuda ante la mirada de todos.
En los estudios comenzaron a cansarse de los antojos de Shannen. Si la pasaban a buscar con un taxi y no con una limousina, se enfurecía. Llegaba tarde a los ensayos y a las grabaciones, maltrataba a productores y técnicos, y jamás pronunciaba la palabra "gracias"; mucho menos "perdón". Años después Jason Priestley reveló sin sutilezas que a ella "todo le importaba una mierda", y la definió como "caprichosa e insoportable".
Vaya a saber si por exigencias del productor o como una minivenganza de los guionistas, en la segunda temporada la dulce adolescente enamorada de Dylan se convirtió en una novia caprichosa, celosa y traicionera. Fue así que en tiempos donde los haters no se veían pero existían, comenzó una campaña anti Brenda. Se armaron grupos de antifans que bajo el lema "I hate Brenda" ("Yo odio a Brenda") se reunían y hasta editaban una revista.
La presión sobre la actriz era tremenda y todo estalló por los aires… No se sabe si por una frase mal dicha o un codazo fuera de libreto, pero Jennie y Shannen volvieron a discutir. Insulto va, insulto viene, la pelea fue escalando y del grito se pasó al empujón, y del empujón a la trompada.

Hartos de estar hartos todo el equipo de trabajo se reunió para buscar formas de presionar al estudio para que despidiera a la conflictiva Shanne. Tori Spelling decidió hablar con su padre. El productor comprendió que de nada servía ser el hombre más poderoso de Hollywood si no podía despedir a la actriz que molestaba a tu hija. Pero el manual del guionista indicaba que no se podía enviar un telegrama de despido; solo había dos opciones: matar a Brenda, o exiliarla. La primera era demasiado drástica, no tanto para la actriz sino para sus seguidores, así que optaron por la segundo: la enviaron a Londres con un motivo/mandato un tanto humillante. ¿Cuál? Que estudiara actuación.
Pese a su mala fama Doherty fue convocada en 1998 para protagonizar la serie Embrujadas, que narraba las peripecias de las hermanas Halliwell y su lucha por salvar a las personas de ataques de demonios y fuerzas del mal. Piper (Holly Marie Combs), Phoebe (Alyssa Milano) y Prue (Shannen) serían las protagonistas.
Ya el primer día los productores se comenzaron a cuestionar si no tendrían que haber negociado un plus salarial por soportar caprichos. Para la foto promocional Shannen exigió ocupar el lugar central, y como no se lo concedieron, lo consiguió a los codazos. Su mal humor era constante y sus peleas con Milano, cotidianas. Así que en la tercera temporada el guión marcó que un demonio terminaría con su personaje. Dicen que los guionistas prefirieron matar a Prue antes que enviarla de viaje por temor a que regresara.

En los años siguientes Doherty participó en algunas películas intrascendentes, y del show televisivo Dancing with the stars. Allí revivió el "I hate Brenda": el voto del público la eliminó en la primera ronda. Además protagonizó otros dos realities: Is Always Right!, sobre su propio casamiento, y Breaking Up With Shannen, en el que ayudaba a novios y amigos no a encontrarse, sino a romper relaciones.
Su vida profesional era turbulenta y sus amores seguían el mismo camino. El romance con Dean Jay Factor, heredero del imperio de cosméticos Max Factor, terminó con una orden de alejamiento contra la actriz después de amenazarlo con un revólver. En 1993 se casó con Ashley Hamilton; el noviazgo duró unos meses, y el matrimonio, menos. En 2002, Rick Salomon, ex marido de Pamela Anderson, se convirtió en su esposo; aguantaron un año. En 2011, se casó con el fotógrafo Kurt Iswarienko, y desde entonces están juntos.
En 2015 Shannen volvió a ocupar las tapas de las revistas pero no por sus escándalos ni desplantes. Reveló que padecía cáncer de mama. La enfermedad la atacó con dureza y se sometió a una mastectomía. A través de sus redes narró cómo atravesaba la quimioterapia, la pérdida de pelo e incluso los problemas para afrontar los gastos médicos, ya que su representante administró mal su dinero y se quedó sin prepaga.

Contó que el primero que le detectó la enfermedad fue su perro, y que cuando supo del diagnóstico le dijo a su esposo: "Mejor disfrutemos cada segundo que pasemos juntos, porque en cinco años voy a estar muerta". Logró poner en palabras sus miedos: "Lo desconocido es siempre la parte más aterradora. ¿Funcionará la quimioterapia? ¿Funcionará la radiación? Todo lo demás es manejable".

La soberbia Shannen se mostró vulnerable, y entonces el "I hate Brenda" se transformó en un "I love Brenda". En una convención de series el elenco de Beverly Hills dijo presente, menos la morocha: el tratamiento le impedía asistir. Luke Perry demostró que lo pasado había sido pisado, y declaró: "Ninguno de nosotros estaría aquí hoy sin Shannen, ella es una parte muy grande del éxito de esta serie". Y agregó: "Ella me enseñó mucho. Fue genial lo que hizo con su personaje y con el mío".
Perry (quien a principios de marzo murió, con apenas 52 años) no fue el único que la reivindicó. "Estoy muy agradecida de que mi joven yo tuviera la suerte de ser amiga tuya", escribió Garth. Rose McGowen, la actriz que la sustituyó en Embrujadas, también tuvo palabras cálidas con su ex compañera, aunque duras con la industria: "Como mujeres jóvenes nos pusieron a una en contra de la otra solo para entretener a la sociedad. Las reglas de Hollywood que nos intentaban lavar el cerebro eran verdaderamente viles. Hicieron que no pudiéramos ser amigas. Y lo siento".
En 2017 Shannen contó que los médicos le aseguraron que había vencido la enfermedad. "No tenía idea de cómo reaccionar", confesó. A pesar de todo el dolor y la angustia atravesadas, proclama que en cierto sentido se "siente bendecida". Y aclara: "El cáncer hizo cosas increíbles para mí. Me permitió estar más en contacto con mi verdadero ser, ser quien realmente soy".
Quizá porque a esta Shannen vulnerable y valiente nadie quiere mandarla de viaje, o pedir que la mate un demonio. Y sí desearle que se recupere. Y se recupere bien.

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