
5.00 AM: suena el despertador. Ciro D’Alessandro (Juan Carlos Calabró) y su mujer, Luisa (Catalina Speroni), se levantan para encarar el día laboral. Entre mate y mate leen en el diario una mala noticia: se vendió el frigorífico al que Ciro le dedicó su vida, y peligra su puesto de trabajo y el de sus compañeros. A pocas cuadras, Clarita (Soledad Silveyra) espera que llegue Federico (Facundo Espinosa), su hijo adolescente, de quien no sabe nada desde el mediodía del día anterior: “Chicos chicos, problemas chicos. Chicos grandes, problemas grandes”, lamenta. Así comenzaba el 4 de enero del 2019 el primer capítulo de Campeones de la vida, la segunda tira diaria de Polka.
Al igual que su antecesora Gasoleros, la ficción mostraba la cotidianidad de la gente común, de a pie, con problemas reales como sus espectadores. Como en toda novela el amor era uno de los ejes centrales, pero los problemas laborales y económicos, a menos de dos años de la crisis de 2001, también estaban a la orden del día.
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Una familia trabajadora cuyo jefe (Ciro) veía en jaque su continuidad laboral por el cambio de dueños del frigorífico en el que había dejado la vida; una mujer que cosía para afuera, con un hijo joven, Valentín (Mariano Martínez), que sin estudios tenía que salir a ganarse el pan como recolector de basura. Una maestra, Clara, que para llegar mejor a fin de mes alquilaba una habitación que le sobraba a un boxeador que parecía estar de vuelta, un tal Guido Guevara (Osvaldo Laport). Y estaban Tito (Osvaldo Santoro) y Clelia (Betiana Blum), que por la crisis vuelven al barrio.
Las adversidades no iban a poder con estos campeones de la vida que estaban decididos a salir adelante y perseguir sus sueños. ¿El lugar? El club de barrio. Allí, con Guevarita al mando, Danilo (Luciano Castro), Valentín y Capilla (Héctor Anglada) buscaban torcer su destino de la mano de boxeo, como lo hicieron el Roña Castro o Látigo Coggi.
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La ficción -que iba a llamarse Campeones, pero por el programa de automovilismo homónimo se le debió agregar “de la vida”- marcó un antes y un después en la carrera de muchos de sus protagonistas.
Carla (Julieta Díaz), Valentín, Danilo y Camila (Laura Azcurra) ya habían trabajado en varias novelas, pero sus roles en ficción les dieron gran notoriedad. Tantos años pasaron de aquel éxito que en 1999 hacían de hijos y encarnaban la problemática joven de la historia, mientras que hoy hacen de padres y son los adultos de las tiras.
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Laport era una figura reconocida pero el personaje de Guido Guevara lo marcó para siempre en su carrera. Hoy, el ex boxeador es casi tan recordado como su papel de Catriel en Más allá del horizonte. Después de Campeones, el actor uruguayo y Soledad Silveyra fueron la pareja protagonista de otras novelas, como Amor en custodia.
Ciro le permitió a Juan Carlos Calabró que nuevas generaciones lo vieran en escena y supieran que era un actor de raza, más allá del añorado Contra. Facundo Espinosa para ese entonces ya tenía años de experiencia en la actuación, pero su labor como Federico, el hijo de Solita que tenía problemas con las drogas, fue excepcional y lo consagró en la actuación, más allá de que por cuestiones personales, él decidió alejarse del medio.
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Luego de haber protagonizado Pizza, birra y faso en 1997, Héctor Anglada interpretó a Capilla, un joven que -como le había sucedido a él mismo-venía a Buenos Aires con la idea de cumplir sus sueños. Su papel fue uno de los más queridos de la tira. Con un futuro prometedor en los medios, Anglada falleció en 2002, en un accidente automovilístico. Carlos Belloso debutó en televisión con el papel del querido Vasquito, el ayudante de Chavero (Pablo Cedrón).
El inicio de Campeones había estado en peligro ya que en medio de las grabaciones, mientras compraba los regalos de Navidad, Laport tuvo un accidente en su cara que le rompió los pómulos y la nariz. Desde el hospital le pidió a Adrián Suar que por favor le mantuviera el papel, y hasta le encontró el lado bueno a la situación argumentando que, tras el episodio, su nariz se parecería más a la de un boxeador.
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1999 fue el primer año en el que convivieron dos tiras en el prime time de El Trece. Además de Campeones, que se emitía a las 21, la segunda temporada de Gasoleros salía al aire a las 22. Incluso el mismo Suar anunció en Telenoche que ambas ficciones estarían al aire.
La problemática social que tocaba la novela reflejaba lo que vivía la gente en las calles y anticipaba de alguna manera lo que pasaría a fines de 2001. Pero los personajes no solo tenían los mismos problemas que sus espectadores, sino que se movían de igual manera: tomaban mate, jugo en botellas recargadas y no gaseosa, fumaban (algo impensado en la televisión de hoy) y se vestían como cualquier persona de barrio. Y eso, por más que parezca algo de todos los días, fue lo que marcó la diferencia entre Campeones y otras novelas. E hizo que aún hoy el público la recuerde.
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