Nunca dejes de ser un aprendiz, sé un aprendiz permanente. Historias que inspiran, hombres que motivan y enseñan. Es el caso del doctor Daniel López Rosetti, el médico que nos da recetas para el corazón. En este nuevo encuentro con Pamela David en su ciclo PamLive, nos invita a transitar un camino de descubrimiento sobre el buen uso de nuestra inteligencia emocional y las herramientas adecuadas para salir adelante luego de un duelo o de un mal momento. El difícil momento de tomar una decisión. El temor por la incertidumbre y cómo manejar la falta de control. Las consecuencias de la pandemia en nuestra salud mental. Un viaje por el mundo emocional.
—Este es un espacio donde se puede ayudar al otro, gente que quiere estar mejor con lo que tiene. Lo que más admiro de vos es que nos concientizás de que las herramientas, las tenemos.
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—Sí, es cuestión de utilizarlas. Todos tenemos los recursos. Todos estamos hechos de la misma sustancia. Hay gente que dice: “Yo no soy envidioso, no tengo odio, no tengo envidias”. En realidad todos tenemos algo de todo. Somos como una batidora donde tenemos mezclados todas las emociones y sentimientos, pero lo que nos hace diferentes es la proporción en que se encuentran cada una de esas emociones y sentimientos. Si predomina la envidia, será un envidioso, y así sucesivamente. Lo mismo pasa con las herramientas. Ya hace tiempo que fallecieron mi mamá y mi papá, pero sigo aprendiendo cosas porque me acuerdo de cosas que hoy les encuentro sentido. Mi mamá era una genia importante, tenía una inteligencia emocional fuera de serie. Ella tuvo un varoncito que falleció antes de que yo naciera y lo manejó muy bien. La vida después le dio la oportunidad de darle otro varoncito. Fijate que él se llamaba Edgardo y a mí me pusieron Eduardo Daniel, pero nunca me llamaron Eduardo. De hecho, yo nunca supe que me llamaron Eduardo hasta cierta edad. Ella estuvo internada 18 días en el Hospital de Niños. Me contó muchos detalles de su internación después de que me recibí de médico. Me recibí el en el Hospital de Clínicas, bajé a planta baja por la entrada de la Avenida Córdoba y estaban los viejos teléfonos y llamé a mi mamá: “Hola má, tenés un hijo médico”, le dije. No pudo hablar, se puso a llorar. Después llegué a casa y con el correr de los días me fue contando cosas que tienen que ver con su internación. Lo cierto es que fue una persona que sufrió pero llevó muy bien lo que sufrió en muchas oportunidades de su vida. Mi hermana me llevaba 5 años. Recuerdo que un día que yo me pelee con mi hermana, mi mamá me agarró, me separó y me dijo: “Nunca le faltes el respeto a una mujer”. De eso debe hacer 55 o más años. Vaya a saber en su historia de vida qué habrá sabido y que nunca voy a saber para que me haya dicho semejante cosa. Yo sigo aprendido de ellos porque es como un libro, un libro es una persona que escribió. Lo de ellos lo guardo en la memoria como si fuera un libro y me ayuda constantemente. Creo que como a todos, que cuando te sentís solo, te acordás de tu mamá, de tu papá.
—Dijiste que tu mamá “transitó muy bien su dolor”. ¿Qué significa transitar el dolor?
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—Procesarlo adecuadamente con inteligencia emocional. Yo tuve que aprenderla leyendo o estudiando; mi mamá la tenía naturalmente. Cuando me empezó a contar todos los detalles de su bebé, me comentó que falleció por mala praxis médica; mirá las paradojas de la vida... Lo manejó con mucha inteligencia emocional. Siempre miraba para adelante. Siempre veía lo que tenía en casa. Que vivía y aprovechaba el presente. Yo estudiaba muchísimo y me quejaba porque no daba más y ella me decía: “Tranquilo, te va a ir bien”. Pero lo decía porque tenía fe, como que estaba estudiando conmigo. Tenía una forma de procesar los hechos de una manera muy optimista. Siempre veía un lado positivo, se reía y era muy simple. No era utópico, no era decirte “te va a ir bien” porque sí, sino porque yo ahora, viendo para atrás, si vos ves que tu nene estudia tanto, muy mal no le puede ir. Mi mamá me marcó muchísimo, y mi papá en otras cosas.
—De esto saco que los padres somos el espejo en el que se miran nuestros hijos. Nos van a estar viendo cómo actuamos.
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—Me gustó eso de “nos van a estar viendo como actuamos”. Les hablamos más cuando no hablamos que cuando les hablamos. Les hablamos más cuando actuamos porque cuando nos ven es cuando aprenden. Porque cuando uno habla, en general, si usa el criterio va a decir cosas correctas; el tema es si después, uno las hace. Cuando uno se dispone a tratar de educar es probable que haga más o menos lo correcto. Lo que ellos ven es cuando no nos damos cuenta. Yo me acuerdo de esas cosas: cuando no nos damos cuenta. Agradezco a Dios conservar eso.
—¿De qué manera podemos llevar alegría al hogar y no transmitir ese temor de no saber lo que va a venir?
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—Hay una triada compartamental descripta en la Universidad de Duke, en California, por Redford Williams que dice: “Temor, duda e incertidumbre”. Ahora que estoy pensando, esta charla la puede dar mi mamá. ¿Qué te hubiera dicho mi mamá? Que mires lo que tenés. Era muy de vivir el presente. Eso que hoy lo relacionamos y lo enseñamos en la facultad a través de la meditación, de mindfulness, pero cuando uno aprende eso, después las condiciones pasan al tiempo real. Entre otras cosas, como dicen los chicos, se baja un cambio. Mi mamá nunca estuvo acelerada, jamás. Iba a una velocidad justa. ¿Cómo se hace para enfrentar la incertidumbre? Viviendo la seguridad del presente. Muchos de los que nos están viendo dirán: “La felicidad no existe”. No existe en términos de alegría, de exaltación, euforia o éxtasis. En Medicina, la felicidad se llama “bienestar subjetivo percibido”, que no es una exaltación o una alegría pero sí es un suave telón de fondo que te permite tener cierta serenidad, como un pentagrama de música donde vas anotando las distintas notas de tu vida. El bienestar subjetivo existe; lo que sí, no es gratis: hay que buscarlo. Mi mamá lo buscaba. Sobre la incertidumbre, ella hubiera dicho, por ejemplo, una frase que me quedó toda la vida: “Dani, es lo que hay”. La intelectualidad y ser muy capaz te alejan de lo sencillo. No sé cuánto de la inteligencia habitual te ayuda al bienestar. Me parece que te aleja. La complicás. La persona que tiene pensamientos demasiados reverberantes, con bucles de pensamientos de ida y vuelta, de manera que el cerebro en un momento se convierte en una batidora. Puede haber cosas difíciles pero la mayoría de las cosas son simples, aunque las cosas simples son difíciles de sobrellevar. La mayoría de las personas que llevan bien la vida, son simples.
—¿Se puede ejercitar volver a la simplicidad? ¿Cómo se hace para vivir simple?
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—Hay una anécdota que alguna vez conté, que tiene que ver con mi mamá y hablar claro. Yo estaba estudiando Fisiología en segundo año de Medicina, estaba en el living de casa, hacía calor y estaba en short, no daba más de estudiar. Vino y me preguntó algo de Medicina. Le empecé a explicar con palabras muy difíciles, muy largas, muy técnicas, muy científicas. Claro, estaba estudiando eso y encima me agrandaba. Cuando le termino de explicar todo, le dije: “¿Entendiste?”. Me dijo una frase que me quedó para toda la vida: “Si hablas así de difícil, nunca vas a curar a nadie”. Aparte se me fue la palabra “entendiste”, porque yo a veces no entiendo cómo en un aula de 25 alumnos, 23 se llevan Matemáticas. Si yo fuera el profesor, pensaría que el que se la tiene que llevar soy yo. Si alguien no entiende: ¿quién es el responsable? El que explica. Hablar difícil es fácil. Vos recién decías: “Volver para atrás”. Nunca dejes de ser aprendiz, sé un aprendiz permanente. Si volvés para atrás, tenés esa oportunidad. Si rebobinas el rodillo, volvés para atrás y volvés a empezar mentalmente. Y cada vez busco palabras más simples, doy charlas en congresos médicos nacionales e internacionales, y sigo hablando simple. Pero la palabra que uso ahora es: “¿Me expliqué?”. El “entendiste” no va más.
—Tenemos una torta de emociones, buenas y malas. Con las buenas uno se siente bien, ¿pero qué hacemos con las malas?
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—Las malas son tóxicas, sin embargo son naturales. Tanto las emociones y los sentimientos se pueden clasificar en positivas y negativas. Pero no en el sentido de buenas y malas. En Psicobiología se llaman positivas a las emociones y los sentimientos que te acercan a algo, y negativas, a las emociones y sentimientos que te alejan a algo. Por ejemplo, el miedo te aleja de alguien; el afecto te acerca a alguien. Todo es parte del mismo conglomerado. No podemos no tener emociones negativas porque son parte de la torta de la cual estamos hechos. La tristeza está para procesar una pérdida, para identificar al otro y acompañarlo. Las emociones, por naturaleza, duran poco tiempo. Una emoción es una vivencia experiencial, algo que todos sentimos, y son seis: miedo, ira, alegría, tristeza, asco, sorpresa. Y fijate que todas tienen rostro. Si a los que nos están viendo ahora les decimos que pongan cara de miedo, todos conocen la cara del miedo. Nadie aprendió esos rostros, son parte de un programa de nacimiento biológico. Un programa mental de nacimiento. Un ciego de nacimiento va a poner cara de alegría cuando esté contento y cara de miedo cuando tenga miedo, y nunca vio esos rostros. Por eso decimos que las emociones son públicas: se ven en el rostro. En cambio, los sentimientos no. Amor, orgullo, culpa, vergüenza, fe, esperanza, son mucho más evolucionados, no se ven en el rostro si no en la actitud o en la palabra. La diferencia entre emoción y sentimiento es que la emoción es pública mientras que un sentimiento es privado. La cara de miedo no, pero sentir amor por alguien lo podríamos ocultar. Y otra cosa es que la emoción dura poquito tiempo, minutos u horas. Nadie tiene una alegría de tres horas. La emoción en sí mismo dura instantes, minutos o un rato. En cambio el sentimiento puede durar mucho tiempo o incluso toda la vida. Lo que nos diferencia es la proporción en que tenemos cada una de esas cosas. El aprendizaje emocional es manejar las emociones y sentimientos negativos a nuestro favor sin que se queden adentro, porque lo que queda adentro se pudre, pero sacándolo con inteligencia emocional, hablándolo, comunicándolo, procesándolo… No puede quedar como una astilla en la piel. Lo que no hay que hacer es tener un exabrupto. Siempre hay tiempo. En una emoción aguda es muy frecuente que nos equivoquemos porque uno deja de pensar racionalmente y pierde el equilibrio entre lo emocional y lo racional. Entonces a tu inquietud sobre qué hacemos con las emociones negativas, te respondo que las procesamos. En algún momento, sin negarlas, las empezamos a mirar en nuestra mente de lejos, como si no fueran nuestras y las dejamos pasar mentalmente, como cuando uno hace meditación. Pasa como una nube en el cielo. Las observamos y les hablamos.
—¿Cuál es la mecánica que tenemos todos a la hora de tomar decisiones?
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—La mayoría de las decisiones son emocionales. Desde la elección de la pareja, la elección del trabajo, el voto cívico, la mayoría de las cosas tienen que ver con la emoción. El corazón decide y la razón justifica: como si uno hiciese lo que al corazón le sale y la razón sirve como una oficina de prensa para explicarle al resto de las personas que lo que estamos haciendo lo hacemos desde la razón. Lo racional es muy importante y hay que equilibrarlo con lo emocional. La verdad es que la mayoría de las cosas las hacemos porque sí. El mundo emocional es inmensamente más rico que la cognición. Los procesos que se llaman cognitivos como la capacidad de atención, de concentración, la memoria, la capacidad de toma de decisión, y después están las emociones. No debieran estar separadas porque cognitivo viene del latín, que es cognoscere, que quiere decir conocer. A través de la razón, conocés por un proceso cognitivo. ¿Pero vos conociste alguna vez realmente a alguien a través de la razón? ¿O lo conociste a través de la emoción? La emoción es más importante para percibir quién es el otro. El mundo emocional es mucho más rico que el mundo racional, que es extraordinario. En definitiva, puesto a elegir, me quedo con la emoción.
—¿Cómo vencer el miedo que te impide a hacer algo?
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—Eso es más que miedo: es inmovilización. Podría ser una inmovilización habitual o pánico. Eso ya no es bueno porque te impide decidir, ejecutar. Toda emoción te implica que hagas algo. Por definición, emoción, que viene del latín emovere, significa moverse. En realidad, la emoción siempre es una conducta, desde enojarse hasta dar un beso. Cuando uno dice “miedo”, parece que todos esos miedos son iguales y no es así. El miedo es una construcción que es una escala de calor. Si el miedo fuera de color negro, iría de un gris clarito hacia el negro. Eso se llama granularidad emocional: es la capacidad de detectar grados variables de una emoción. En el caso del miedo puede ir desde un simple temor o aprensión, o a veces cuando uno siente esa sensación de incomodidad en algún lado, es una percepción inconsciente que si crece se convierte en miedo, y después en última instancia puede ser pánico inmovilizante. Si lo que siente es un miedo inmovilizante requiere meditar mucho en relación a eso: ¿por qué lo tiene?, ¿en qué circunstancia? El miedo es un proceso normal, hasta cierto punto, pero es normal. El cerebro humano está programado para el miedo, sino no hubiéramos llegado hasta acá. Está programado para la alarma. Escucha un ruido distinto a los habituales y se da vuelta. En la televisión aparece una placa roja que dice “Último momento” y te das vuelta. “El miedo no es sonso”, decía mi mamá. Si se exagera, es inmovilizante. El término más lindo en cuanto a las emociones es, primero, asimilar que son normales, y segundo, gestionarlas, procesarlas. Llevar la emoción, reconducirla. Hay algo que ayuda mucho para gestionar cualquier cosa y es el gran curador: el tiempo.
—Si tenemos esa emoción y dejamos pasar tiempo sin trabajarla y el tiempo pasa, ¿no podemos con nuestra cabeza darnos manija y que sea más grande el miedo aún?
—Sí, porque el no procesamiento es malo. Es como un alimento que no se procesa: es un empacho emocional. Emoción que no se procesa hace mal, sin dudas. No puede quedar nada enquistado. Es el camino del conocimiento de uno mismo, que no es tan fácil. No es tan fácil decirle a una persona: “¿Qué sentís?”. No hay que olvidarse que los ojos miran para afuera, ninguno mira para adentro. Es más fácil ver al otro que verse a uno mismo. El ejercicio es verse a uno mismo. Aparte, es la persona que tenés más cerca.
—En uno de tus videos hablabas de hacer muchas cosas a la vez o del término multitasking. ¿Eso hace bien o hace mal?
—El cerebro tiene una capacidad que se denomina capacidad atencional. Es una de esas capacidades que antes comentábamos como parte de la inteligencia tradicional, una capacidad cognitiva. La capacidad de atención es mantener el foco de nuestra función cerebral o mental consciente en un objeto único, eso se llama atención. Cuando uno presta atención en algo tiene mejor oportunidad de conocer ese algo o establecer una relación recíproca. Porque concentra todas sus facultades mentales en eso. Si uno en lugar de hacer una cosa a la vez hace varias cosas distintas, se dispersa la atención. Ejecutar varias cosas distintas al mismo tiempo es lo que se denomina multitasking. Obviamente el cerebro tiene una capacidad limitada para ejercer lo mejor de sí mismo en una función determinada. Si yo distribuyo toda mi capacidad en ocho funciones o actividades distintas al mismo tiempo, el rendimiento en cada una de ellas va a ser menor. Los pilotos de avión que tienen un montón de relojes y pantallas delante de sí, tienen que mirar muchos al mismo tiempo, pero no es lo que miran al mismo tiempo. Se denomina técnicamente en aviación atención distributiva. Quiere decir que distribuyo mi atención y primero voy a mirar un reloj, después una pantalla y después voy a sacar conclusiones. Si miro las tres y ejecuto las tres al mismo tiempo es muy probable que genere tensión emocional, disminución de la capacidad de desarrollo. Se llama síndrome dis-ejecutivo: dificultad de ejecutar adecuadamente una función. Por una cuestión biológica, la capacidad de multitarea o multitasking es más frecuente en la mujer que en el hombre. El hombre es más cuadradito, es más frontal.
—Siempre se dijo que la mujer puede hacer varias tareas al mismo tiempo y el hombre no. ¿Es mito o realidad?
—Es realidad. La explicación biológica es que el cerebro tiene dos hemisferios y cables que van de un lado a otro. De adelante para atrás y del hemisferio derecho al izquierdo. Ese canal de rutas se llama conectoma, un estudio hermoso que muestra las conexiones, como si fueran cables de electricidad dentro del cerebro. Parece una obra de arte. Es como si al cerebro de una persona lo único que le dejás son los cables que van de un lado a otro. Ese conectoma mostró que las mujeres tienen mayor conexión entre el hemisferio derecho y el hemisferio izquierdo. Es decir, que tienen más interconexión entre uno y otro. El hombre tiene más conexiones anteroposteriores, es decir, en el mismo hemisferio. Yo tengo más conexiones entre la parte anterior de mi cerebro y la parte posterior de mi hemisferio izquierdo y derecho, que vos que tenés aparte de esas, más de un lado al otro. Eso hace que ambos hemisferios funcionen consonantemente en forma más eficiente. Biológicamente esa es una explicación. La otra es la que creo que tiene que ver con el machismo y porque culturalmente la mujer tuvo que hacer más cosas al mismo tiempo. Lo ideal es hacer foco en una cosa a la vez. Yo escribí alguna vez “El cerebro de Leonardo Da Vinci”: si vos en un grupo de trabajo de hombres agregás mujeres, el equipo es mejor. Si en un grupo de mujeres agregás un hombre, el equipo es mejor. Porque la forma, la mecánica de procesamiento mental del hombre no es la misma que la de la mujer. El hombre gerencia la vida y los hechos a través de objetivos puntuales; la mujer, a través de procedimientos. Si la mujer quiere ir hacia allá, va a hacer las veces que haga falta buscando alternativas o los efectos colaterales para llegar. El hombre no: va más directamente. Son habilidades distintas que hacen que un grupo mixto de trabajo de creatividad siempre sea muy productivo. La mujer no es peor ni mejor que el hombre, somos diferentes y complementarios. Lo que voy a decir es una conjetura pero estudiando las diferencias intelectivas, emocionales, creativas, ejecutivas, interpersonales, artísticas de los cerebros, típicamente femeninos y típicamente masculinos, creo que el genio de Leonardo da Vinci, que imaginó desde un instrumento musical, escribió libros de cocina, hizo planos de ciudades, de armamentos, planos de un helicóptero a 500 años de su desarrollo, desarrolló la escafandra de un buzo submarino y pintó hasta La Gioconda, y era homosexual. En la inteligencia de esa persona se juntaban lo excelso y lo mayor de las capacidades del ser humano, del hombre y de la mujer. Era una integración absoluta.
—¿Qué consecuencias nos dejará la pandemia sobre nuestra salud emocional? ¿El estrés es una nueva pandemia?
—El estrés psicosocial es una pandemia paralela. El individual, sabemos de qué se trata; el psicosocial es el que cruza tangencialmente a toda la sociedad. Nunca se vivió un estrés de este tipo. En la Segunda Guerra Mundial fue menos. Toda Latinoamérica estaba indemne. En este momento está parado el mundo y pasó en un mes y medio. ¿Qué nos deja como negativo y qué nos deja de positivo? Yo voy a tratar, y lo estoy haciendo, de sacar un montón de cosas buenas que no tenía, o no encontraba, o no veía o no valoraba. Es una forma de abordarlo. Yo, por supuesto, puedo hablar de enfermedades, patologías y podría asustar si quisiera. Falta poquito para que esto termine. Vienen tres meses difíciles. 100 días. Pero fin de año va a ser mejor que el año pasado y el año que viene, si todo va bien, las clases van a empezar normalmente como empezaron en el año 2019. El tema es cómo salimos de eso. ¿Qué puedo sacar de positivo de esto? Comunicación, afecto, proyecto… Por supuesto que todo esto no es deseable. ¿Pero qué hubiera dicho mi mamá? “Es lo que hay”.
—Desde lo emocional, ¿mandamos a los chicos al colegio en el hipotético caso de que estén abiertas las escuelas?
—En pandemia, las restricciones son indispensables. Pero deben ser muy inteligentes y por poco tiempo. Ir al colegio no es Matemática, Biología e Historia. Ir al colegio es conectarse con pares, aprender de experiencias, tener vivencias. Es volver a casa con un problema o una solución. La educación no es Matemática, Geografía, Historia o Lengua. Me gusta la frase de Einstein: “La educación es lo que nos queda cuando nos olvidamos de todo aquello que aprendemos en el colegio”. La educación es la maestra, la responsabilidad de ir, de hacer los deberes, de manchar con tiza. Es centrar la educación. El sinónimo de la palabra educación es futuro. En la medida que se pueda y sin arriesgar la salud, los cortes y restricciones epidemiológicamente inteligentes, hay que ir al colegio lo máximo posible.
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