Habló por primera vez el empleado de hotel acusado de venderle cocaína a Liam Payne: “Soy un chivo expiatorio”

Ezequiel Pereyra, bajo arresto domiciliario, dialogó con Infobae tras pasar casi un año preso en el penal de Marcos Paz. Su relato del caos del cantante en Palermo, los presos famosos que conoció y su pedido para volver a trabajar y estudiar

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Ezequiel Pereyra, acusado en el caso de Liam Payne, habla por primera vez

“De acá no puedo pasar”. Ezequiel David Pereyra sonríe al decirlo, como si ese límite en su puerta fuera un triunfo. Lo es, en cierta forma. El joven de 22 años volvió a fines de diciembre pasado con su familia tras pasar casi once meses preso en el penal de Marcos Paz. El Tribunal N°30, que se encargará de enjuiciarlo, le otorgó el arresto domiciliario, con una tobillera atada a su pierna izquierda.

Ezequiel, un chico afable, mesurado en su hablar, invita al equipo de Infobae a pasar al complejo de departamentos de Lomas de Zamora donde vive junto a su madre, su padre y sus siete hermanos. Será la primera vez en su vida que muestre su cara, que cuente su historia, luego de que su nombre atravesara la trituradora del sistema penal argentino y de los sitios web del mundo entero.

Su madre y sus hermanos lo rodean en el encuentro. Pereyra relata que era el único de ellos con un trabajo en blanco en octubre de 2024, cuando era un empleado raso de limpieza y mantenimiento en el hotel CasaSur de Palermo.

De vez en cuando, por las noches, cuando las mucamas no estaban, Pereyra debía realizar alguna otra entrega de room service a un huésped, una tarea encargada por los supervisores del CasaSur a los trabajadores de más bajo rango: toallas, jabón, whisky tal vez. Luego, a ese trabajo lo perdió. Un pedido de room service, precisamente, lo llevó a la cárcel y a la ruina.

Liam Payne, cantante del grupo One Direction, uno de los mayores éxitos del pop en el siglo XXI, perdió la vida al caer del balcón de su habitación del tercer piso del CasaSur. Murió tras protagonizar un escándalo en el lobby: horas antes había citado a dos prostitutas para tener sexo. Luego, comenzaron los destrozos.

Payne fue llevado a rastras a su habitación por personal del hotel minutos antes de su muerte; Pereyra, en ese momento, ni siquiera estaba al tanto del caos que ocurría. Terminaba su día en el subsuelo del lugar, empacaba sus herramientas para volver a casa.

Liam Payne
Liam Payne

El empleado de mantenimiento sabría después que Payne armó su bolso con su computadora Mac y sus lápices de dibujo, se montó al balcón y cayó, según la investigación del fiscal Andrés Madrea y la jueza Laura Bruniard. Un impacto en la parte trasera del cráneo lo quitó de la vida. Todo, en medio de una crisis de salud mental, provocada por la interacción en su sistema del alcohol y la sertralina, un potente psicofármaco con el que intentaba controlar su adicción a la cocaína.

El estudio toxicológico encargado por Madrea revelaría que Payne murió con 2,3 gramos de alcohol por litro de sangre, casi siete veces más que el viejo límite para conducir. Había rastros de cocaína en su orina, su sangre y su nariz. Gilda Martín y Esteban Grassi, gerentes del CasaSur presentes aquel día, fueron inicialmente acusados de homicidio culposo, así como el empresario Rogelio Nores, amigo de Payne, que lo acompañaba en su visita a la Argentina.

Madrea investigó su causa de forma exhaustiva. Analizó 800 horas de filmaciones de cámaras de seguridad. Allí fue donde encontró a Pereyra, en su entrega de room service. El empleado de mantenimiento le entregó ocho botellas de whisky, tamaño minibar, el lunes 14 a las 20 horas. Casi 400 mililitros de bebida. Allí, aceptó un billete de cien dólares, lo que creyó que era una propina.

El santuario erigido por las
El santuario erigido por las fans de Payne frente al CasaSur tras su muerte (AP Foto/Natacha Pisarenko)

Varios testimonios complicaron a Ezequiel, de acuerdo al procesamiento firmado por la jueza Bruniard. Entre ellos, el de un compañero del CasaSur que declaró en su contra, junto con un chofer de aplicación que lo llevó de vuelta a Lomas de Zamora en la noche del lunes 14. La pericia al teléfono de Payne reveló que el cantante tenía la dirección de Pereyra en su iPhone. Pereyra, según él mismo admitió en la causa, volvió de Lomas de Zamora para entregarle una bolsa de cocaína al cantante.

Así, el empleado de mantenimiento enfrentó un pedido de captura y se entregó el 6 de enero de 2025. Fue trasladado a Marcos Paz una semana más tarde. Grassi y Martín, sus superiores jerárquicos, señalados en la causa por fallar en llamar al tiempo al 911 para asistir a Payne entre otras presuntas negligencias, fueron sobreseídos con el correr de los meses por la Cámara Criminal y Correccional.

También Nores, el empresario argentino amigo del cantante que, supuestamente, controlaba sus gastos y estaba en contacto con el CasaSur, y que fue fuertemente señalado por Geoff Payne, el padre del cantante. Nores negó cualquier vínculo formal con Payne: un mail interno del CasaSur lo marcaba como “su manager”.

Al sobreseer a los tres, los jueces determinaron que Payne, básicamente, era libre de destruirse a sí mismo.

Ver el cielo: Pereyra en
Ver el cielo: Pereyra en la terraza del complejo de Lomas de Zamora donde vive y se encuentra detenido

Sin embargo, el joven de Lomas de Zamora y Braian Paiz, un camarero de Puerto Madero que le entregó cocaína a Payne ese mismo lunes por la madrugada, también hallado en la causa por el fiscal, no corrieron la misma suerte. La Cámara ratificó sus prisiones preventivas a pesar de las insistencias de sus defensas: pasarían meses hasta que el Tribunal N°30 los envíe detenidos a sus casas.

El juicio en contra de Paiz y Pereyra -aún sin fecha de comienzo- será por el delito de entrega de estupefacientes a título oneroso, una calificación que le impidió a Bruniard -según su razonamiento- procesarlos sin prisión preventiva, al contrario de Grassi, Martín y Nores. Si son hallados culpables, podrán ser condenado a una pena de 4 a 15 años de prisión, igual que un capo narco.

Ahora, Pereyra -representado por el eximio penalista Augusto María Cassiau, que intervino en diversos casos de alto perfil- habla por primera vez. Esta semana, Cassiau planteó un recurso en los últimos días al Tribunal para que su defendido reciba la eximición de prisión y así pueda volver a estudiar y terminar el secundario. “Y poder ayudar a mi familia”, dice Ezequiel, sin antecedentes penales o detenciones en su historia.

Pereyra, sin embargo, está lejos de ser un narco de carrera, para empezar. Ni siquiera hace falta un estudio ambiental para determinarlo; una simple mirada al domicilio de su familia alcanza.

“Mi intención no es interferir o interrumpir la investigación, sino aportar desde mi lado de la historia. Toda esta situación tomó una magnitud que no esperaba. Yo solamente era un empleado”, continúa Ezequiel.

Su historia -siempre según él mismo- es lineal, sencilla, marcada por la verticalidad del dinero: un empleado de última línea de Villa Albertina que cedió al berrinche de medianoche de una estrella pop. Luego, esa estrella pop lo arrastró a una celda.

Video: el hotel CasaSur y el operativo de la Policía de la Ciudad durante la noche tras la muerte del cantante

Whisky y cocaína para Liam Payne

-¿Cómo fue tu primer contacto con Liam Payne?

-(Ocurre) en el marco una relación laboral, dándole un room service, llevándole whisky a la habitación un lunes a la noche. A esa hora ya no están las mucamas de hotel que se encargan del room service, entonces mandan a la persona que tienen de rango más bajo. Eran ocho whiskys chicos, del minibar. (Nota: cada botella promedia los 50 mililítros)

-¿Quién te envió a la habitación?

-Mi supervisor.

-¿De quién dependía tu supervisor? ¿De Gilda Martín o de Esteban Grassi, que fueron procesados en la causa y luego sobreseídos?

-Sí. De esas dos personas directamente.

-¿Cómo fue la reacción de Liam cuando te conoció? ¿En qué estado estaba?

-Para mí era algo cotidiano llevar cosas cuando las mucamas no estaban. Ya sea toallas, jabones, gaseosas, agua. Entonces, no presté mucha atención, pero sí vi que la habitación estaba muy desordenada, que había mucho alcohol. Solamente traté de cumplir mi obligación y terminar ahí mi trabajo ese día.

-¿Lo notaste violento, agresivo con el personal?

-Los jefes decían que podía ser peligroso. Más que nada con las chicas, decían que las chicas no se acerquen.

-O sea, estaba catalogado como un huésped de riesgo.

-Estaba catalogado como un huésped de riesgo, sí.

-¿Cuándo y dónde te pide que le consigas cocaína?

-Me pide que le consiga cocaína el lunes a la noche, en el momento en que le entrego el whisky. Como no hablo inglés, lo hizo con un traductor en su teléfono.

-¿Los cien dólares?

-Me los da cuando le doy los whiskies. Lo tomé como propina. Le dije “thanks”, inglés no sé. Fue como que lo usó como para mantenerme atención y decirme eso. Ese día volví a mi casa como siempre, en colectivo. A eso de las dos de la mañana me llaman del hotel.

-¿Por qué?

-Mis propios compañeros me dicen que esta persona está agresiva, diciendo que le robé dinero, que podía llegar a perder el trabajo. Me llaman por WhatsApp y mis compañeros del hotel son los que me metían en el auto para que yo regrese al hotel esa noche.

-Payne tenía tu dirección en su teléfono, según la pericia al aparato y según consta en tu procesamiento.

-Porque cometí el error de pasarle mi dirección. Me pidió mi dirección y mi teléfono. Solo le dí mi dirección.

La tobillera electrónica del Servicio
La tobillera electrónica del Servicio Penitenciario Federal que monitorea a Pereyra

Los famosos del pabellón

Así, en medio de toda esta secuencia, Ezequiel consiguió cocaína en su barrio para Payne y regresó a Palermo. La jueza Bruniard descreyó de la versión de la propina. Un empleado del hotel declaró que “Pereyra le dijo, el 14 de octubre, que compraría droga para un huésped del hotel y que contaría para ello con cien dólares”, según escribió la magistrada en su procesamiento.

Hubo un encuentro posterior con el cantante, dice Pereyra. “Me hizo una toma de artes marciales, a mí y a un compañero”, afirma Ezequiel. El empleado de mantenimiento no entendía si Payne jugaba, lo agredía, o qué.

Volvería a ver al cantante el miércoles 16, horas antes de su muerte, mientras Liam recorría los ascensores del CasaSur, errático. Ezequiel cargaba sillas en un ascensor. Payne le dio la mano en plena tarea, en un tironeo. Después, el ex One Direction comenzó a morir. “Tenía una cuchara en su mano”, completa Pereyra.

La investigación de la fiscalía no tardó en encontrarlo. La propina de cien dólares fue interpretada por la Justicia como un pago por la cocaína. El saludo en el ascensor, como un pasamanos dealer.

Los once meses en Marcos Paz fueron al menos intensos, asevera Ezequiel, que, según su ficha, nunca había pasado siquiera por una comisaría en su vida. “Estaba en un pabellón de población”, separado de internos reincidentes. Su familia, que perdía un sueldo esencial, debía ahora apoyarlo y visitarlo. Su novia siguió junto a él. “La convivencia ahí adentro fue complicada. Se sufre el encierro, se sufre mucho. Somos muchas personas que estamos en esa misma situación y tenemos que ser fuertes”, continúa.

No hubo peleas, ataques de faca, pero sí roces, en partidos de fútbol, en la convivencia básica. Conoció a presos célebres, como Jorge Castillo, el llamado “Rey de la Salada”. Compartió cocina y conversaciones con el empresario Ariel García Furfaro, cabeza del laboratorio HLB Pharma, preso por las muertes del fentanilo contaminado. Se cruzaba, de vez en cuando, a Nicolás Carrizo, “el copito”, dice Ezequiel, acusado y absuelto de ser parte de la presunta conspiración para matar a Cristina Kirchner, y a un barra de Colón que cayó por tener hectáreas de marihuana y un arsenal.

Trabajar y estudiar

-¿Sentís que sos un chivo expiatorio en esta historia porque alguien tiene que pagar por esto, para la familia de Liam Payne, para la prensa internacional?

-Yo siento que sí, porque se usó mi caso para desviar la atención de los hechos importantes que pasaron en la causa. Me dejaron en una posición que yo no le encontraba sentido. La verdad que fue muy difícil para mí asimilar todo eso. Así que sí, yo te respondería que sí. Espero que se resuelva lo mejor posible.

El juez Sergio Paduczak, titular del Tribunal N°30, le dio la prisión domiciliaria justo a tiempo para pasar el último Año Nuevo con su familia. “Si cometí un error, ya lo pagué. No quiero que esta historia me defina”, sigue Pereyra. Espera, tal vez, ser condenado por tiempo cumplido y que la causa se cierre. Cheryl Cole, la ex pareja de Payne, madre de su hijo Bear, es querellante en la causa; sus abogados, por ejemplo, no se opusieron a la prisión domiciliaria de Ezequiel.

Ahora, para Pereyra, lo imperioso es salir a trabajar, a estudiar. “Empecé a trabajar a los 12, no terminé el secundario”, asegura. “No es excusa”, continúa. En su pedido de eximición de prisión, el abogado Cassiau aseveró que su defendido “carece de posibilidades reales” de abandonar el país o de entorpecer la causa ni “poder, medios o capacidad real”, para influir sobre testigos.

Su ficha, antes de que Liam Payne llegara a su vida, estaba totalmente limpia.

fotos y video: Andrés Montes de Oca