
Jamás se imaginó que iba a tener que despedir a una de sus mejores amigas. Desde hace una década, Lola Bezerra había entablado una estrecha relación con María Victoria De La Mota Claverie, la esposa del golfista Emilio Domínguez quien murió el sábado a los 33 años en San Luis, luego de haber contraído dengue. La modelo brasilera y su marido, Fernando Expósito, fueron unos de los primeros en recibir la triste noticia, ya que en su desesperación la familia de la mujer intentó contactarse con ellos en horas de la madrugada para que fueran a buscar al jugador, que en ese momento se encontraba volviendo de México sin saber que la madre de sus hijos, Constantino (4) e Hipólito (1), había fallecido. Pero no llegaron a tiempo y ni siquiera tuvieron la posibilidad de despedirse de ella.
“Tengo mi corazón partido. Era una de las personas más maravillosas que conocí en mi vida. No hay mujeres así, como ella. Era especial. La voy a extrañar mucho”, dice Lola, sin poder contener el llanto, en diálogo con Infobae. ¿Cómo comenzó el vínculo entre ambas? “Fue hace unos diez años. Emilio es amigo de mi marido, así que estuve en su boda y desde entonces nos hicimos muy amigas. Ella se casó en San Luis, pero después los dos se vinieron a vivir a Buenos Aires y ahí empezamos a frecuentarnos más. Vicky había trabajado en Kosiuko hacía mucho, pero actualmente hacía decoraciones de cumpleaños de chicos, tarjetas, mesas dulces... Y yo le promocionaba su emprendimiento en mi Instagram, por eso empezó a venir a mi casa. Y los fines de semana íbamos con nuestros esposos y con los nenes al club de golf, porque sus hijos eran pegotes de los míos, Josefina (8) y Benicio (5)”, cuenta.

Bezerra había hablado por última vez con Vicky el miércoles anterior a su inesperada partida. “La llamé para vernos, aprovechando el fin de semana largo y las Pascuas. Ahí me contó que había estado muy mal, con dengue. ‘Ahora estoy un poco mejor, pero estuve re mal. Me internaron porque estuve muy deshidratada. Nunca sentí un dolor igual’, me dijo. Yo la reté por no haberme avisado para que la ayudara con los chicos, porque ella en Buenos Aires no tiene a su familia. Pero me dijo que había estado con la hermana y con su mejor amiga que vivía en su mismo edificio. Ahí fue cuando me dijo que ya se sentía un poco aliviada y que, al día siguiente, se iba a ir a San Luis para que su mamá pudiera darle una mano con sus hijos”, relata la modelo.
Y explica: “En ese momento yo le dije: ‘Qué bueno que lo peor ya pasó y te sentís mejor. Me alegro un montón’. Entonces charlamos del dengue, comentamos que era increíble que hubiera cada vez más casos y que, encima, no hubiera repelente por ningún lado. Yo la notaba como cansada, por la voz, y le pregunté si estaba segura de viajar así. Pero ella dijo que estaba bien. Así que el jueves se fue para su provincia”.

¿Cómo se enteró del fatal desenlace? ”Con mi marido, justo ese sábado, nos despertamos tarde. Eran más de las las diez de la mañana y vimos que lo venían llamando a Fernando desde las cinco y media. Ella falleció a las cinco y lo estaban buscando para que fuera a Ezeiza a recibir a Emilio, que estaba volviendo de México y todavía no sabía que su mujer había muerto. Cuando vimos el mensaje del primo de Vicky diciendo que había fallecido y que él no lo sabía, no lo podíamos creer. Fue un shock”, recuerda Lola.
Y revela: “En ese momento, ya habían ido otros amigos a buscar a Emilio, que había aterrizado unas horas antes. Yo llamé a la hermana de Vicky y me dijo que ella se lo había contado, porque nadie se animaba a darle la noticia. Así que fueron a Aeroparque a tomar un vuelo a San Luis. Nosotros no llegamos porque ya era tarde y, después, no conseguimos pasajes. Así que no pudimos viajar a despedirla”.

Obviamente, el polista es hoy quien se lleva la peor parte. “Emilio está destruido mal, muy triste. Tiene dos chicos chiquitos. Estamos todos destrozados, no le entendemos. No podemos creer como los médicos no están capacitados para estos casos graves. La hermana me contó que estaba tirada en un sillón en la clínica y, si no hubiera sido por un doctor que tuvo compasión por ella, no la atendían. Era una chica joven, saludable, que entrenaba un montón, jugaba al tenis, andaba en bicicleta. Y, como había sido mamá hacía un año, tenía todos los chequeos al día”, cuenta Bezerra sin poder dar crédito a lo ocurrido.
¿Si pudo hablar con el golfista? “Le escribí a Emilio para darle mi pésame y decirle que no podíamos entender lo que había pasado. Él me agradeció y me dijo: ‘Es la peor injusticia del mundo. Mis hijos se quedaron sin su mamá. Tengo una tristeza enorme’. Mi marido después habló con él. Está devastado, pobre. Llora todo el tiempo. Nosotros le dijimos que lo vamos a ayudar con los chicos, que no está solo. Pero imaginate que el bebé no tomaba ni mamadera, se alimentaba a pecho. Va a ser muy difícil para él”, revela Lola.

Y concluye: “Me tuve que poner hielo en la cara porque mis ojos no podían más de tanto llorar. Mis hijos me vieron así y les conté lo que había pasado, porque ellos la querían mucho. Nosotras compartíamos nuestra maternidad. Ella venía a mi casa, donde yo hacía cenas con amigas. Y era muy alegre y divertida. Siempre le decía que tenía un metro setenta y cinco de simpatía, porque era muy alta. Y era una muy buena persona. ¿Viste esa gente del interior sin maldad? Bueno, así era ella. Le encantaba verme en la tele. Y estaba muy enamorada de su Emi. ‘El Emilio’, le decía a su marido. Además adoraba a sus chicos y ahora tenía ganas de mudarse para tener un lugar más grande donde estar con ellos. Era una madraza que andaba todo el día con los nenes colgados. Se venía de Cañitas a San Isidro manejando sola con los dos, cuando su esposo viajaba por algún torneo, para comer un asado con nosotros. Era el ser más bueno del mundo”.
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