
Un video viral en TikTok encendió las alarmas entre millones de usuarios de lentes de contacto en todo el mundo: una joven de 19 años aseguró que ducharse sin quitarse los lentes le está provocando la pérdida progresiva de la visión. La publicación acumuló más de 4,8 millones de “me gusta” y superó los 35.000 comentarios, lo que reavivó un debate que los especialistas en salud ocular intentan instalar desde hace años.
¿Exageración de redes sociales o riesgo real? Tres oftalmólogos citados por la revista Parade coincidieron en que la amenaza existe, aunque se trata de un escenario poco frecuente. El problema tiene nombre: Acanthamoeba keratitis, una infección parasitaria de la córnea causada por un microorganismo microscópico presente en el agua corriente.
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Parásito en el agua de ducha ataca la córnea
Jorge Agi, profesor asistente de oftalmología en la Universidad del Sur de Florida y jefe del área en el Tampa General Hospital, precisó que el contacto de los lentes con el agua expone al ojo a diversos microorganismos. Entre ellos, el más peligroso es la Acanthamoeba, que infecta la superficie transparente del ojo y puede derivar en daños graves.
Cuando el agua contaminada queda atrapada entre el lente y la córnea —sobre todo si esta última presenta algún tipo de compromiso previo—, las condiciones son ideales para que la infección se desarrolle. Así lo señaló Daniel Brocks, oftalmólogo y director médico de BostonSight, quien advirtió que, aunque poco común, el riesgo no justifica el hábito de ducharse con los lentes puestos.
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La dificultad para tratar esta infección agrava el panorama. Benjamin Lin, oftalmólogo de Texas Retina Associates y profesor asistente voluntario en el Bascom Palmer Eye Institute, precisó que la Acanthamoeba es capaz de formar quistes que permanecen latentes durante períodos prolongados, lo que convierte al tratamiento en un proceso complejo y doloroso.

Riesgos más allá de la Acanthamoeba con lentes
Además de la Acanthamoeba keratitis, existe otra amenaza bacteriana vinculada al uso de lentes de contacto en ambientes húmedos. Lin indicó que la bacteria Pseudomonas puede provocar úlceras corneales asociadas al uso de estos dispositivos. “Ambas pueden causar pérdida permanente de visión si la úlcera no se trata con rapidez. Incluso con un tratamiento agresivo, en ocasiones no logramos controlar la úlcera, y queda una cicatriz permanente en la córnea”, detalló el especialista.
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Los síntomas de una infección corneal grave incluyen dolor intenso, enrojecimiento, sensibilidad a la luz y visión borrosa. En los casos más severos, las cicatrices en la córnea pueden ser irreversibles.
La regla se aplica a todas las aguas
La ducha no es el único entorno de riesgo. Agi fue categórico al respecto: “La misma regla general aplica para piscinas, lagos, ríos, océanos y jacuzzis. Lo ideal es retirar los lentes de contacto antes de exponer los ojos al agua”.
Para quienes dependen de los lentes para ver con claridad, prescindir de ellos en actividades acuáticas puede parecer complicado. El especialista recomendó como alternativa el uso de gafas de natación con prescripción, que permiten mantener una buena visión sin poner en riesgo la salud ocular.
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“El consejo más sencillo que le doy a mis pacientes es que los lentes de contacto y el agua no deben mezclarse. Eso incluye el agua de la ducha, aunque parezca perfectamente limpia”, resumió Agi.

Prácticas de higiene que no se deben descuidar
Más allá de evitar el contacto con el agua, los especialistas coincidieron en que existen otras prácticas esenciales para prevenir complicaciones. Los lentes de contacto son dispositivos seguros cuando se utilizan de forma adecuada, pero, como recordó Agi, “son dispositivos médicos que se apoyan directamente sobre la superficie del ojo, por lo que la higiene importa”.
Entre las recomendaciones clave figuran lavarse y secarse bien las manos antes de manipular los lentes, nunca enjuagarlos ni almacenarlos con agua de grifo, y alternar su uso con gafas convencionales para permitir que la córnea reciba oxígeno suficiente. Brocks sugirió reducir las horas de uso diario cuando sea posible, ya que alternar con anteojos disminuye la sequedad ocular y baja la probabilidad de infecciones.
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El experto también subrayó que dormir con los lentes puestos —incluso durante una siesta breve— eleva de forma considerable el riesgo de infecciones que podrían dañar la visión de manera permanente. Esto ocurre porque el lente impide que el oxígeno llegue a la córnea durante el sueño.
Otro hábito riesgoso es utilizar lentes de contacto vencidos. Estos dispositivos tienen fecha de caducidad, y prolongar su uso más allá de lo recomendado puede provocar inflamación e infecciones bacterianas. Con estas precauciones, el riesgo de complicaciones graves —incluida la ceguera— se mantiene bajo.
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