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Los 5 alimentos antiinflamatorios que más recomiendan los reumatólogos

Organismos médicos y estudios recientes subrayan la importancia de una pauta alimentaria variada, simple y basada en ingredientes de buena calidad

Inflamación
La alimentación variada y basada en ingredientes de buena calidad ayuda a moderar procesos inflamatorios persistentes. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La inflamación crónica se vincula con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos trastornos autoinmunes. Dentro de ese escenario, la alimentación puede cumplir un papel relevante: cinco alimentos respaldados por especialistas y organismos internacionales concentran compuestos asociados con una mejor respuesta del organismo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que las enfermedades no transmisibles explican la mayor parte de las muertes en el mundo y que varios de sus factores de riesgo guardan relación con patrones de alimentación de baja calidad.

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En esa línea, la Food and Agriculture Organization (FAO) y la OMS promueven dietas basadas en alimentos variados, con predominio de productos poco procesados. Un artículo de EatingWell reunió recomendaciones de reumatólogos sobre cinco grupos de alimentos.

Infografía con recuadros e ilustraciones de pescados, cerezas, aceite de oliva, vegetales de hoja verde, frutos secos y semillas.
La Organización Mundial de la Salud advierte que las enfermedades no transmisibles concentran la mayor parte de las muertes globales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

1. Pescados grasos

Salmón, sardina, caballa, arenque y anchoa figuran entre las principales fuentes dietarias de omega-3 de cadena larga. Según los National Institutes of Health (NIH) de Estados Unidos, estos ácidos grasos participan en funciones celulares y forman parte de mediadores que intervienen en la respuesta inflamatoria.

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La American Heart Association (AHA) aconseja consumir pescado, en especial variedades grasas, al menos dos veces por semana dentro de un patrón cardiosaludable.

De acuerdo con EatingWell, especialistas en reumatología destacan que este grupo concentra parte de la evidencia más consistente en personas con afecciones inflamatorias. En particular, por su asociación con menores niveles de marcadores como la proteína C reactiva.

La European Alliance of Associations for Rheumatology (EULAR) también incluyó pautas dietarias saludables como apoyo general para pacientes con enfermedades reumáticas.

Un surtido de pescado en tabla de madera: salmón, caballa, sardinas en aceite, anchoas, con limón y hierbas. Un vaso de aceite y ensalada al fondo.
Los pescados grasos aportan omega-3 de cadena larga vinculados con mediadores de la respuesta inflamatoria. (Imagen Ilustrativa Infobae)

2. Cerezas ácidas

Las cerezas, sobre todo las variedades ácidas, aportan polifenoles y pigmentos naturales como las antocianinas. Según la Harvard T.H. Chan School of Public Health, estos compuestos están presentes en frutas y verduras de colores intensos y forman parte de patrones dietarios asociados con una mejor salud metabólica y cardiovascular. El interés por este fruto también se extiende a la gota, un trastorno relacionado con el metabolismo del ácido úrico.

El National Institute of Arthritis and Musculoskeletal and Skin Diseases (NIAMS), que integra los NIH, describe a la gota como una forma frecuente de artritis inflamatoria.

Según EatingWell, reumatólogos subrayan que las cerezas ácidas son uno de los alimentos más estudiados en relación con la reducción de brotes en esa enfermedad. La información disponible se refiere al alimento como parte de la dieta y no como sustituto del tratamiento médico.

Cereza fresca, fruta jugosa y dulce, rica en antioxidantes y vitaminas, ideal para postres y meriendas saludables en verano - (Imagen Ilustrativa Infobae)
Las cerezas ácidas aportan antocianinas y polifenoles presentes en frutas y verduras de colores intensos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

3. Aceite de oliva extra virgen

El aceite de oliva extra virgen ocupa un lugar central en el patrón mediterráneo. La UNESCO reconoció la dieta mediterránea como patrimonio cultural inmaterial y la AHA la menciona entre los esquemas alimentarios compatibles con la prevención cardiovascular.

La Mayo Clinic y otras instituciones académicas también destacan su perfil graso, dominado por ácidos grasos insaturados. Reumatólogos consultados remarcan que este aceite contiene compuestos fenólicos, entre ellos oleocantal, investigado por su relación con mecanismos biológicos vinculados con la inflamación.

La Fundación Dieta Mediterránea y revisiones científicas sobre este patrón coinciden en que su beneficio no depende de un producto aislado, sino del conjunto habitual de vegetales, legumbres, cereales integrales y pescado.

Una persona de torso con remera marrón sostiene una botella de aceite de oliva en cada mano, con estantes de supermercado de fondo.
El aceite de oliva extra virgen es un componente central del patrón mediterráneo y se destaca por su perfil de grasas insaturadas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

4. Verduras de hoja verde

Espinaca, kale, acelga, rúcula y berza aportan fibra, folato, vitamina K, carotenoides y otros micronutrientes. La FAO y OMS recomiendan aumentar la ingesta de frutas y verduras dentro de una alimentación saludable. Los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos también impulsan su incorporación habitual por su asociación con menor riesgo de enfermedad crónica.

Los especialistas citados por EatingWell señalan que las hojas verdes también pueden favorecer la salud intestinal. En la misma línea, la World Gastroenterology Organisation sostiene que los patrones alimentarios ricos en vegetales y fibra contribuyen a una microbiota diversa, un aspecto que la literatura científica vincula con la regulación inmunológica y la integridad de la barrera intestinal.

Variedad de verduras de hoja verde frescas sobre una mesa de madera. Incluye lechuga romana, col rizada, espinacas, acelgas, lechuga butterhead y rúcula.
Las verduras de hoja verde contribuyen con fibra, folato, vitamina K y carotenoides dentro de una pauta saludable. (Imagen Ilustrativa Infobae)

5. Nueces y semillas de lino

Las nueces y las semillas de lino aportan ácido alfa-linolénico, una forma vegetal de omega-3, además de fibra y compuestos fenólicos. Según los NIH, este nutriente es un ácido graso esencial, lo que significa que el organismo no puede producirlo en cantidad suficiente y debe obtenerlo a través de la alimentación.

En paralelo, la Academy of Nutrition and Dietetics identifica a frutos secos y semillas como componentes habituales de dietas equilibradas. EatingWell agrega que reumatólogos valoran este grupo por su densidad nutricional y por su fácil incorporación a comidas diarias como yogur, ensaladas o cereales.

Un tazón de madera contiene una mezcla de almendras marrones y claras, nueces peladas y semillas de chía esparcidas, sobre una superficie de madera oscura.
Priorizar frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y grasas insaturadas forma parte del enfoque con evidencia más sólida disponible. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La OMS insiste en limitar productos ultraprocesados, azúcares libres y grasas de baja calidad, por lo que la inclusión de alimentos simples y poco refinados gana relevancia en cualquier estrategia alimentaria.

  • Priorizar frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y grasas insaturadas
  • Reducir ultraprocesados, azúcares libres y grasas de baja calidad
  • Entender estos alimentos como parte de un patrón alimentario general y no como soluciones aisladas

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