
A diferencia de los animales, las plantas no cuentan con células especializadas para combatir infecciones ni producen anticuerpos. Sin embargo, poseen un sofisticado sistema de defensa que les permite detectar la presencia de hongos, bacterias o virus y poner en marcha respuestas para limitar el avance de la enfermedad.
Un equipo de investigadores del INTA logró identificar un mecanismo que explica cómo esas señales de defensa se generan y se distribuyen hacia el resto de la planta.
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El estudio, desarrollado por especialistas de la Unidad de Estudios Agropecuarios (UDEA) del INTA-CIAP, representa un avance en el conocimiento de los procesos naturales que ayudan a proteger a los cultivos frente a distintos patógenos.

Una alarma que prepara a toda la planta
Cuando una planta detecta un organismo que puede enfermarla, no solo activa defensas en el sitio afectado. También envía señales hacia hojas, tallos y raíces que todavía no estuvieron en contacto con el patógeno. De esta manera, esos tejidos quedan preparados para responder con mayor rapidez si el ataque continúa.
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Según explican los investigadores, este mecanismo forma parte de lo que se conoce como memoria inmunitaria vegetal. Es decir, una capacidad que permite que la planta “recuerde” un ataque previo y reaccione de manera más eficiente frente a nuevas infecciones. Comprender cómo se activan estas respuestas es un paso importante para diseñar herramientas que ayuden a mejorar la sanidad de los cultivos.
El papel de una proteína clave
Durante la investigación, los especialistas estudiaron pequeñas moléculas que funcionan como mensajeros dentro de la planta. Estas moléculas transportan información desde el lugar donde comienza la infección hacia otros tejidos, coordinando la respuesta defensiva en todo el organismo.
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En ese proceso identificaron que una proteína denominada HASTY cumple una función esencial. Su tarea consiste en intervenir en la formación de esos mensajeros y permitir que puedan desplazarse correctamente entre las células. Si ese mecanismo falla, las señales dejan de llegar a los distintos tejidos y la respuesta defensiva pierde eficacia.
Los ensayos mostraron que las plantas con alteraciones en la proteína HASTY presentan dificultades para activar esta defensa a nivel general. En cambio, cuando se restablece el movimiento de esas señales, la planta recupera su capacidad para responder de manera coordinada frente al ataque de los patógenos.
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Un aporte para una agricultura más sustentable
Los investigadores consideran que conocer en profundidad cómo funcionan estos mecanismos naturales permitirá desarrollar nuevas herramientas para fortalecer la resistencia de los cultivos frente a enfermedades.
Este tipo de conocimiento también puede contribuir a mejorar tecnologías que ya se utilizan en la producción agropecuaria, como los bioinoculantes y otros bioinsumos destinados a estimular las defensas naturales de las plantas.
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A largo plazo, estos avances podrían ayudar a reducir las pérdidas ocasionadas por enfermedades y favorecer sistemas productivos más eficientes y sustentables.
Fuente: Inta
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