
En el corazón productivo del algodón argentino, una nueva variedad se prepara para llegar a los campos. Arandú INTA, desarrollada por el equipo del INTA Sáenz Peña, en Chaco, representa un paso significativo en el mejoramiento genético del cultivo.
Con tolerancia al estrés hídrico, resistencia a enfermedades foliares y capacidad de adaptación a las demandas del sector, este nuevo cultivar responde a una necesidad concreta: rendimientos sostenibles en un contexto cada vez más desafiante.
El nombre no fue elegido al azar. En guaraní, “Arandú” significa sabiduría. El término condensa el trabajo colaborativo entre investigadores, productores y técnicos que contribuyeron a darle forma a esta variedad, pensada desde el territorio y para el territorio.

Características agronómicas que marcan la diferencia
La nueva variedad presenta una combinación de atributos poco frecuentes en materiales disponibles hasta el momento. Arandú INTA posee un ciclo más largo en comparación con otras variedades comerciales, pero con una particularidad que marca la diferencia: sus cápsulas, especialmente en el tercio superior de la planta, son de mayor tamaño. Esta estructura ofrece un rendimiento total superior y una notable capacidad de compensación frente a factores de estrés, como el déficit hídrico.
Además, esta variedad muestra una senescencia más lenta —es decir, una pérdida de vitalidad foliar más progresiva—, lo que permite extender el ciclo productivo con una mejor sanidad de las hojas. Entre las enfermedades a las que ofrece tolerancia se encuentran la alternariosis y la ramulariosis, también conocida como falso mildiu del algodonero.
Por otro lado, es la primera variedad nacional que presenta resistencia a los herbicidas de la familia de las imidazolinonas, una herramienta clave para el manejo de malezas en el cultivo.
Una innovación genética con sello argentino
El desarrollo de Arandú INTA surge a partir de una interacción directa con los productores algodoneros, quienes participaron activamente en la identificación de las características necesarias para mejorar la competitividad del cultivo. “Interpretamos lo que los propios productores necesitan en una variedad: que rinda más, que tolere el estrés, que equilibre el crecimiento vegetativo y reproductivo, y que conserve su calidad hasta el final del ciclo”, explicó Mauricio Tcach, obtentor de la variedad.
La creación de esta variedad se suma a las líneas lanzadas anteriormente por el INTA, como Guazuncho 4, Guaraní y Porá 3, pero se diferencia de ellas no solo por su arquitectura de planta y su ciclo, sino también por su innovador perfil fisiológico y su resistencia a herbicidas.
Una de las particularidades más destacadas es la alta productividad en el tercio superior de la planta, una zona que en la mayoría de las variedades no alcanza niveles altos de rendimiento. Este avance en la distribución del rendimiento dentro de la estructura de la planta representa un salto en la fisiología del cultivo.
Evaluación con mirada productiva
Arandú INTA será evaluada dentro de un programa de mejoramiento participativo, en el que productores seleccionan variedades precomerciales con base en su desempeño en campo. Las de mejor rendimiento y comportamiento sanitario avanzarán hacia su inscripción oficial, fortaleciendo el vínculo entre investigación y producción.
Alex Montenegro, también obtentor de la variedad, explicó que el objetivo del desarrollo es que el país cuente con materiales adaptados al ambiente algodonero local, con diferentes niveles de resistencia a insumos químicos. Esta estrategia busca generar soluciones específicas para problemáticas regionales, que difieren de las que se enfrentan en otras zonas productoras del mundo.
Ciencia aplicada al desarrollo productivo
El trabajo detrás de Arandú INTA busca tender puentes entre la ciencia básica y la aplicada. El enfoque de este desarrollo demuestra que es posible generar soluciones tecnológicas desde el conocimiento local, con participación activa del sector productivo.
“Con la difusión de esta variedad podemos demostrar que la ciencia básica y la ciencia aplicada no están divorciadas, sino que pueden complementarse”, señaló Tcach. Con este enfoque, Arandú INTA no solo representa una mejora agronómica, sino también una estrategia para fortalecer el desarrollo tecnológico y productivo del algodón argentino.
Fuente: Inta
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