En la década de 1930, el paisaje idílico del fiordo de Geiranger en Noruega fue escenario de numerosos desastres naturales, cuando desprendimientos de rocas desencadenaron tsunamis que sacudieron la comunidad local. Y aunque la tragedia quedó pausada, una grieta en una de las montañas se expande año tras año, amenazando con liberar una ola de 80 metros de altura que podría arrasar la región. El director Roar Uthaug se basó en esta tensión real para su película de 2015, La última ola (The Wave), la cual se centra en un poblado que enfrenta un tsunami inminente, en una mezcla de acción, realismo y emotividad.
Protagonizada por Kristoffer Joner y Ane Dahl Torp, el título sigue a Kristian Eikfjord, un geólogo y padre de familia, con un instinto casi premonitorio. Este expecto detecta señales de un desastre natural catastrófico que amenaza con azotar la costa de un pequeño pueblo noruego. Con el reloj en contra y apenas 10 minutos para actuar, él y su esposa enfrentan una carrera contra el tiempo y la naturaleza. Separados por las circunstancias, cada uno utiliza su ingenio y habilidades para proteger a sus hijos y a la población.

El título destaca por sus efectos visuales y atención al detalle, tanto en la representación del desastre como en el desarrollo de los personajes. En el año de su estreno, recibió elogios por parte de la crítica (con un 86% de aprobación en Rotten Tomatoes) y logró recaudar cerca de 13 millones de dólares pese a su modesto presupuesto de 7 millones de dólares. Además, fue la entrada oficial de Noruega para el Óscar a la mejor película extranjera.
La producción se llevó a cabo en solo 37 días, dividiendo las locaciones entre la costa oeste de Noruega y Bucarest, Rumania. En términos técnicos, enfrentó desafíos significativos, especialmente en las secuencias donde los intérpretes están atrapados en vehículos y deben escapar mientras una ola gigante se aproxima. La actriz Torp, en particular, pasó meses entrenando con un buzo libre para realizar sus propias acrobacias.

“La inspiración vino de películas de acción modernas, como las de la saga Bourne, donde se filma más al estilo documental, no hay superhéroes y todos están recortados de cartón. Hay una humanidad en ello que se parece más a dramas familiares independientes. Esa era la idea que daba vueltas en nuestras cabezas mientras planificamos, escribimos y grabamos la película”, señaló Uthaug en entrevista con The Moveable Fest.
A partir del éxito del metraje se desarrolló una secuela titulada El gran terremoto (2018), protagonizada nuevamente por Joner, la cual sorpresivamente se encuentra liderando el Top 10 de Netflix. Este hecho aumentó el interés por ver su precuela, La última ola, que está disponible en el catálogo de Apple TV+.
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