La serie El oso (The Bear) tiene por lo menos dos líneas argumentales. Una es bastante superficial y conocida, es la que busca mostrar el estrés, la presión y la exigencia de una cocina. Se trata de la clásica historia de un hombre bajo presión y los conflictos de un equipo que trabaja con él y para él. Allí se ven las cosas que ya hemos visto en películas y series, incluso este año.
La otra línea argumental es mucho más interesante y compleja. Carmy, un chef de alta cocina, vuelve a su hogar en Chicago para dirigir un restaurante de sándwiches que era de su hermano Michael, quien se ha suicidado sin dejar una explicación de sus motivos. Ese duelo, el de Carmy, pero también el del equipo del restaurante, es el gran tema que le da corazón a la serie.

La primera temporada, conformada por ocho episodios, está disponible en Star+. La duración de los episodios no es siempre la misma, ajustándose al clima y los elementos dramáticos de cada episodio, muchas veces mezclando el drama más intenso con momentos de humor. Si alguien dice que es un drama, tiene razón, pero si alguien la quiere mirar como una comedia, tampoco está faltando a la verdad.
El creador de la serie, escritor, productor e incluso realizador de algunos episodios, Christopher Storer, juega con ese equilibrio y lo hace con bastante maestría. Se apoya en un elenco sólido, pero en particular en el protagonista, Jeremy Allen White, actor conocido por haber participado en la versión americana de la serie Shameless. Su mezcla de angustia, brillantez y liderazgo son características complejas muy bien captadas por el actor.

El oso es también lo que se conoce como una serie de lugar de trabajo. Un género lleno de posibilidades, donde cada personaje tiene su personalidad, sus sueños y sus enfrentamientos. Situaciones que, si la serie está bien hecha, permiten muchas temporadas. Su éxito total ya permitió que estemos a punto de disfrutar de una segunda temporada, luego del espectacular y enigmático cierre de la primera. Realmente es una mina de oro capaz de dar muchísimo material, además del que ya se ha visto en estos ocho episodios.
Pero volviendo al corazón de la serie, todo gira en torno a esa figura ausente, Michael (interpretado por Jon Bernthal en flashbacks) que ha dejado deudas, problemas, pero también un tremendo vacío en el corazón de quienes lo conocieron. ¿Por qué hizo lo que hizo? Su muerte es una pregunta que aparece en cada escena, en cada conflicto, en cada silencio.

No solo Carmy sufre ese dolor, sino también Richie (Ebon Moss-Bachrach), quien ha quedado de alguna manera como el gerente hasta la llegada de Carmy. Richie era el mejor amigo de Michael y su dependencia emocional con él es más que evidente. Richie y Carmy son dos caras diferentes del mismo duelo. Quienes quieran ver una serie sobre un restaurante, acá tendrán un entretenimiento genuino, pero quienes busquen algo más complejo y sofisticado, tendrán en El oso también una gran serie.
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