Fernando Iglesias nunca esquiva una discusión política. Ya sea en la Cámara de Diputados, en las redes sociales o en los estudios de televisión, se convirtió en uno de los defensores más aguerridos del gobierno de Cambiemos. Su estilo polémico y confrontativo también le ganó la enemistad de algunos de sus pares, especialmente en las filas del peronismo.
En una larga entrevista en los estudios de Infobae, el diputado criticó el plan económico de Alberto Fernández y señaló que, si fracasa, el kirchnerismo más duro intentará una radicalización 100% al estilo chavista. “Van a hacer lo habitual, lo que hace todo populismo, que es preparar una fiesta que dura cada vez menos”, pronosticó.
A pesar de estar encolumnado detrás de la figura de Mauricio Macri, asegura que la disputa por el liderazgo de Juntos por el Cambio deberá dirimirse con una interna en 2021. “En nuestro gobierno pueden encontrar un caso de corrupción como pueden encontrarlo en el gobierno de Suecia”, dispara y asegura que es imposible comparar al macrismo con la “mafia” kirchnerista.
— Hay mucho hermetismo respecto a las primeras medidas del gobierno de Alberto Fernández. Según su experiencia y su intuición, ¿cómo van a ser los próximos seis meses?
— No sé si es hermetismo o es incerteza. No sé qué va a pasar en los seis meses y no quiero ser aguafiestas. Supongo que hay mucha gente ilusionada con que le van a llenar la heladera el 11 de diciembre y que van a sacar a la Argentina de la recesión que viene desde el año 2011 sin costos. Mi pronóstico claramente no es ese, es mucho más pesimista. No porque la situación sea de tierra arrasada como ellos dijeron, eso es una mentira. Claramente la economía no está bien, pero básicamente los elementos básicos de la macroeconomía para empezar a crecer están. Estamos casi en equilibrio fiscal y en superávit comercial. No hay déficit energético, con lo cual estamos empezando a exportar energía. La infraestructura se reconstituyó. Hay mucha capacidad industrial ociosa y eso es desde el punto de vista de una recuperación es una buena noticia porque no necesitás inversiones, necesitás solo capital de trabajo, así que un rebote es posible. Yo creo que están dadas todas las condiciones. Acá no vamos a ir a las tasas chinas, lo más razonable es apostar a un crecimiento de 2% o 3%. Pero me parece que ellos van a hacer lo habitual, lo que hace todo populismo, que es preparar una fiesta que dura cada vez menos. Porque no veo las posibilidades de que sea una fiesta como la de Néstor Kirchner, que duró 4 años, y la terminamos pagando muy cara, ni tampoco como la de Menem. Me parece que va a durar mucho menos. Pero bueno, veremos, en la cancha se ven los pingos.
— Algo que no mencionó fue la deuda. ¿Cree que los vencimientos de deuda son una “bomba” como dice el kirchnerismo? ¿Cree que es pagable sin reestructurar?
— No, el volumen de la deuda argentina es similar, en relación al PBI, al de los países latinoamericanos, no hay ninguna bomba ni nada. Lo que hay es una serie de vencimientos que se vienen y que hay que negociar o renegociar. Creo que este nuevo gobierno que asume va a tener inconvenientes ahí porque han entrado pisando todos los callos. A veces las opiniones personales que uno puede tener con respecto al presidente de los Estados Unido o el presidente de Brasil son muy valiosas, pero cuando asumís la responsabilidad de ser presidente tenés que pensar en los intereses del país. Me parece que este gobierno en ese sentido es como el de los Kirchner, gobiernos en campaña permanente, que miran a su propio frente interno antes que ninguna otra cosa, que apuestan a cerrar con sus propios fanáticos y en función de eso descuidan todo lo demás. Y me parece que en ese sentido el tema de los vencimientos puede ser preocupante en la medida en que no lo sepan manejar.

— Entre lo que trascendió se destaca que van a intentar un aumento de sueldos con congelamiento de precios para reactivar un poco la demanda...
— Si hacen eso es lo de siempre, es una fiesta que puede durar meses, quizás un año, dos años, y después a correr. Es lo que han hecho siempre, es el plan Gelbard que terminó en el Rodrigazo. Dicen que no hay mejor predictor del futuro que el pasado. Alberto fue jefe de Gabinete de Kirchner, cuando llegaron al gobierno tenían superávit fiscal, superávit comercial, superávit energético, los sueldos por el piso y un tipo cambio competitivo. O sea, todo para ir para adelante. Era razonable crecer al 4%, al 5%. Pero no, le dieron a la maquinita a morir para ir al 8%, al 9% y crear esa euforia que duró cuatro años. Los costos fueron muy claros, en 2003 la inflación fue del 3,7%, cuando se fue Alberto de jefe de Gabinete, año 2008, era del 25%. O sea, la sextuplicaron. Sextuplicaron la inflación. Lo mismo con el déficit comercial. Tenían superávit comercial que bajaron de 4 puntos a 0,4, en cinco años mientras la economía crecía al 8%. Y lo bajaron a pesar de que las exportaciones argentinas duplicaron su valor y la soja saltó a $600. Cuando él dice vamos a levantar la Argentina como hicimos con Néstor, a mí me agarra un poco de pánico. Porque hay variables macroeconómicas favorables, pero claramente la soja no está a $630. Me parece que volver a la misma receta que fracasó en un momento muy favorable, en un momento que ya no lo es tanto, sería un error. Pero bueno, hemos votado hace poco y la democracia está por arriba de todo.
— Si la economía no responde, ¿crees que puede haber tensiones fuertes dentro del oficialismo?
— No parece que haya habido muchas tensiones, lo que hemos visto es que mientras Cristina estuvo en Cuba no se movió nada, volvió Cristina y ya se empezaron a barajar nombres de ministros. Cuando uno ve las designaciones parece haber un control muy fuerte por parte del kirchnerismo y de Cristina de todos los resortes. Desde que volvió Cristina la cosa se activó. Pero hubo bochazos muy claros. Así que no sé si va a haber muchos chispazos. Yo creo que el plan de Cristina es muy inteligente, es una persona muy mediocre en muchos aspectos, en casi todos, pero muy hábil desde el punto de vista del poder. Entiende perfectamente el poder. Entiende perfectamente la mentalidad argentina y los bueyes con los que ara. Creo que el plan es muy simple, el primer punto del plan de Cristina es la impunidad. Ella va a controlar todo lo que tenga que ver con la Justicia con Carlos Zannini, con Oscar Parrilli, desde ministerios, designación de jueces, procuradores. Porque el pacto central entre Cristina y Alberto es la impunidad. Y lo vimos muy claro esta semana en la Cámara de Diputados: llevamos un proyecto de ficha limpia y no tuvimos quorum. Yo pedí tratar un proyecto de ley mío, sobre tablas, que prohíbe al presidente indultar en casos de corrupción. Por supuesto perdimos la votación, todos ellos votaron en contra, hasta Graciela Camaño habló en contra de ese proyecto. Lo segundo es proteger a sus muchachos y prepararlo a Máximo para que sea el candidato 2023. Kicillof y La Cámpora en la provincia de Buenos Aires y tomar la mayor cantidad de poder que pueda. Y creo que le va a dejar lo más problemático, que es la economía, a Alberto. De manera que ahí es una opción win-win, de ganador-ganador, porque Cristina gana o gana. ¿En qué sentido? Si sale bien es un paso adelante, Máximo 2023. Si sale mal creo que se viene el plan económico chavista 100%. No sé qué márgenes tiene Alberto en este tema.
— ¿El modelo económico de Alberto Fernández sería el más moderado y si fracasa se radicalizaría?
— Siempre han hecho esto, siempre han redoblado la apuesta, nunca han ido para atrás. Es su método. Entonces, yo creo que primero Alberto quería ir con un plan probablemente un poquito más razonable, su economista era Guillermo Nielsen. Eso hoy parece casi descartado, se va a ir a un economista mucho más cercano a las posiciones de Kicillof, de Cristina. Si eso falla van a ir por redoblar la apuesta, y eso tiene consecuencias dramáticas. Cuando empieza a apretar el cinturón, cuando vos no podés ofrecer “te lleno la heladera”, “volvió el asado” y no sé qué más, lo que ofrecés son valores simbólicos, y valores simbólicos en sus términos es redoblar la apuesta por un gobierno cada vez más autoritario y más aislado del mundo.
— El kirchnerismo dejó el gobierno en 2015 con la consigna “Vamos a volver”. ¿Cambiemos también sueña con volver en cuatro años o terminó más desgastado?
— Sí, yo creo que sí. Creo que obviamente va a depender mucho de cómo funcione este gobierno. Nosotros vamos a tener una oportunidad muy buena en el 2021. Una oportunidad buena también de dirimir liderazgos. Todo este runrún interno es perfectamente razonable en una alianza que tenía ciertos equilibrios en los cuales había un Presidente. Eso el 10 de diciembre se termina y hay que reordenar las cosas de manera razonable. Recordemos también que la presidencia de Macri fue fruto de una interna en la cual se presentaron Macri, Sanz y Carrió. Ganó abrumadoramente Macri. Creemos que en el 2021 va a haber una opción para que haya también una definición de liderazgos internos. El 41% es muy significativo, en una situación económica difícil…
— ¿Fue de Macri o es un 41% antiperonista que puede buscar otro liderazgo fácilmente?
— El voto no es de nadie. Pero está muy claro, cuando vos ves la evolución de las PASO al 41%, ese crecimiento tuvo mucho que ver con una actitud del presidente que en un momento difícil se puso la campaña al hombro. Hicimos el recorrido por todas las ciudades. El 41% demostró que hay una parte importante de la población argentina dispuesta a defender ciertos valores. El liderazgo hasta ahora ha sido de Mauricio, muy claro. Ya desde las PASO que decidieron que fuera él nuestro candidato a presidente, creo que lo sigue siendo después del 41%. Y está muy bien que otros piensen que no es así y que se preparen, iremos eventualmente a una elección interna y definiremos.

— ¿Para usted Macri tiene que seguir liderando el espacio o es mejor atravesar un proceso de renovación? A Cambiemos le sobran candidatos, como Rodríguez Larreta, Lousteau, Vidal, Cornejo, etcétera.
— En la cancha se ven los pingos. Yo creo que sí, si vos me preguntas a mí, me parece que claramente el liderazgo le corresponde a Mauricio Macri. Me parece que las elecciones corroboraron eso. Cada vez que se fue a las urnas eso quedó corroborado. Pero esa es mi opinión, no es una condición para hacer aliados. Obviamente las aspiraciones de todos son justas, forman parte de la democracia, y habrá que definirlas democráticamente.
— ¿Qué significa políticamente que Ritondo haya quedado al frente del bloque del PRO? Es un hombre muy cercano a Vidal.
— Significa esto, que muchas de las famosas internas dentro del PRO son más construcciones mediáticas que reales. Tensiones y problemas hay siempre, siempre hay cosas que hay que negociar. Esas tensiones existen siempre, forman parte de la política, forman parte de la vida. Nadie tiene relaciones ideales. Pero parece que se pusieron de acuerdo en algo importante, porque es cierto que Ritondo viene del equipo de María Eugenia. Pero también es cierto que el que lo propuso fue el presidente. Entonces me parece que seguir insistiendo con ciertas roturas no lleva a nada y no refleja la realidad.
— ¿Cómo cree que se va a resolver la disputa por el liderazgo del interbloque de Cambiemos con los radicales?
— No lo sé. Yo creo que hay buenas razones de los dos lados. Mario Negri ha sido un muy buen jefe del interbloque. Ha hecho un gran trabajo. Yo lo aprecio mucho. También es cierto que el PRO es el partido más grande, y esa es una razón de peso también. Me parece que hay que poner eso en la discusión de un marco político más amplio. Las ambiciones personales son importantes, pero lo que no podemos perder de vista es la exigencia que surgió del 40%, que es la unidad. La unidad no debería sacrificarse por ningún motivo.
— ¿Cree que hay algún riesgo de ruptura?
— No, no lo veo, no lo veo. Creo que todos tenemos conciencia de esto, de que hay un mandato de estar unidos. Cuando Cristina llegó al poder en el 2011 con el 54% y con la oposición desunida, ellos enseguida percibieron esto. Cristina dijo su famosa frase “Vamos por todo”, y pasó lo que pasó. Me parece que es una lección que no deberíamos olvidar y entender que la unidad está por encima de las ambiciones. Yo estoy seguro que va a ser así porque me parece que tanto los radicales como Negri, que es un amigo, como la gente del PRO, son personas razonables que pueden sentarse a tratar de encontrar un consenso alrededor de esto.
— Si el PRO termina imponiendo el criterio del partido mayoritario, ¿se podría considerar que están replicando el mismo problema que criticó la UCR durante el gobierno? Cierta falta de apertura.
— Yo no he visto falta de apertura. La verdad me parece que es una acusación injusta. Y puedo decirlo públicamente porque se lo he dicho claramente a los radicales. El gobierno de Macri nace de una interna. No es que no hubo democracia. Y me parece que con los demás ha sido bastante generoso. Eventualmente se harán las internas dentro de dos años y veremos cuál es la composición final de la lista de Juntos por el Cambio de acuerdo a lo que vote la gente. Me parece que ahí tendremos un veredicto más certero de quién tiene razón, si los radicales estuvieron subrepresentados, sobrerepresentados o si hubo un equilibrio.
— ¿Qué opina de la posibilidad de que los diputados que responden a Emilio Monzó tengan un bloque propio dentro del interbloque?
— No, eso está descartado. Juntos por el Cambio es básicamente una alianza de tres grandes partidos que son el PRO, la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica. No nos parece razonable que un grupo que no representa una institución ni un partido forme parte del bloque del PRO, pero esté por afuera. Me parece que eso está descartado. Y yo espero que se mantengan, confío en que se mantengan dentro del bloque. Son gente valiosa, hemos trabajado muy directamente con todos ellos, yo he tenido a Monzó como presidente en la Cámara de Diputados. A pesar de que yo tengo una idea muy distinta de hacia dónde tiene que ir Juntos por el Cambio y el propio PRO a la de Monzó hemos trabajado amistosamente. No solamente bien sino amistosamente. Lo mismo puedo hablar de Silvia Lospennato.
— El “ala política” de Cambiemos, como se bautizó en un momento.
— No me gusta mucho la idea. Si ellos son el ala política, yo qué vengo a ser. Me parece que no es lo correcto. Ellos tienen una visión distinta de la actitud a tener con respecto a algunos temas, básicamente a la relación con el peronismo y con el gobierno. Yo disiento con ellos, es una discusión interna válida, pero no me parece que deba ser motivo de ningún tipo de decisión organizativa por grupos de afinidades. Yo también tengo afinidades con varios diputados, me llevo bien con algunos y mal con otros. No voy a hacer un grupo de afinidad con los que me gustan porque con eso entraríamos en una locura de internismo difícilmente manejable.
— ¿Hubiera cambiado algo si el gobierno se recostaba más en el “ala política” como se reclamó en un momento? Muchos ponen el ejemplo de Rodríguez Larreta en la Ciudad, que abrió más su coalición y tuvo buenos resultados electorales.
— Sí, pero ese no me parece que haya sido el factor decisivo. El factor decisivo fue que gobernaste la Ciudad de Buenos Aires ocho años antes con Mauricio Macri. En los cuales Larreta fue decisivo porque fue el jefe de Gabinete. Después de ocho años de gobierno claramente muchas cosas se pudieron hacer. Yo la gran diferencia que tengo con casi todos los analistas es esta: creo que se subestima el nivel de dificultad que tuvimos que enfrentar. Eso es también responsabilidad del gobierno que tuvo una posición demasiado optimista. Nosotros enfrentamos una situación macroeconómica que iba directo a una crisis. Heredamos 7% de déficit fiscal. La Argentina llegó a esos números en la época de Gelbard que terminó en el Rodrigazo; con la caída de la tablita de Martínez de Hoz en el 81, y un año después estábamos peleándonos con los ingleses en Malvinas porque la dictadura quería perpetuarse a pesar del desastre económico. En el 89 vino la hiperinflación de Alfonsín y después la hiperinflación de Menem. También en el 2001. Este gobierno, admitiendo que no nos fue bien y que el punto débil fue la economía, aún con todos los problemas que tuvimos, evitó un crash. Pero el nivel de dificultad que enfrentamos da para recordar también que nuestro fracaso no terminó en un caos. No terminó en los muertos del 2001, ni en el Rodrigazo, ni en la hiperinflación. Y eso es un mérito, es un mérito en las condiciones que tuvimos que enfrentar. Yo no estoy de acuerdo en muchos términos con muchos temas de la política de seguridad social que se hizo, pero también reconozco que hubo una capacidad de contención.
— ¿Cree que la entrega de planes fue excesiva?
— Creo que arrancó razonablemente, pero debería haber dado un giro hacia otra cosa que lamentablemente no se consiguió. Se consiguió sí un objetivo básico que fue evitar los muertos, evitar el caos social. Eso era fundamental para terminar el mandato. Y eso es un punto central.

— ¿Había que cortar con las transferencias directas?
— Yo creo que habría que hacer un control mucho más directo con respecto a ciertas organizaciones sociales. No digo todas, pero Pérsico, Grabois. Me parece que ahí se fue demasiado amigable. Y ahí lo tenés a Grabois yendo a Bolivia no se sabe a qué. La última persona que se necesita en Bolivia es Grabois y la gente como Grabois. Se necesita un poco de calma para poder llegar a una transición democrática, una elección libre. Los propios diputados y senadores de Evo aceptaron esto, aceptaron que Evo no debería participar. Yo estuve siempre lejos de la idea de golpe de Estado, porque eso fue lo que pasó en Bolivia. Hubo un derrocamiento deplorable, una intervención de las fuerzas armadas en política con esa declaración, que la Constitución de Bolivia lo puede permitir, pero sigue siendo deplorable, pero no hubo un golpe de Estado en los términos en que lo conocemos. No hubo una toma del poder por los militares ni una represión masiva. Hubo una situación caótica que ahora parece enderezarse porque parece haber un acuerdo para salir. Me parece que Grabois no ayuda en esto.
— ¿La Justicia está dando señales por el cambio de gobierno?
— Preocupantes, muy preocupantes. Yo insisto, el indulto, que es una herramienta feudal y con la que yo estoy en contra…
— Igualmente Alberto Fernández dijo varias veces que considera al indulto un resabio del sistema feudal y que nunca lo usaría.
— Me alegro. Dijo muchas cosas Alberto. Dijo que Cristina era responsable del encubrimiento del atentado a la AMIA y después terminó de presidente. Así que Alberto dice muchas cosas. En esa estoy de acuerdo y por eso planteé que por lo menos, mínimamente, dado que la Constitución lo sanciona y eso no se puede quitar, que el indulto no se pueda aplicar a casos de corrupción, me parece lógico.
— ¿Cree que algunos jueces pueden, como vaticinan algunos, ir ahora por los ex funcionarios de Cambiemos?
— Ya están yendo. Ya están yendo. Laura Alonso ya tuvo que ir a Comodoro Py. Nosotros estamos a disposición. Pero obviamente vamos a defender que haya un equilibrio. Me parece que está muy claro que las denuncias que han presentado no tienen ningún fundamento. Y sobre todo cumplen una función que es la de decir todos políticos son lo mismo, es todo lo mismo. La verdad es que las denuncias las hace Rodolfo Tailhade. Si hay dos personajes tristes en la política argentina el primero es Horacio Verbitsky y el segundo es Tailhade. Operadores claramente con información sucia. Me parece que todas estas denuncias no tienen ningún fundamento. Yo recuerdo siempre que Mauricio Macri fue jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires durante 8 años, y en todos los juicios fue sobreseído. Me parece que es una demostración bien contundente de la diferencia. Cuando uno hace la lista de la corrupción kirchnerista, ha sido un nivel de mafia y de festichola indecente muy notorio que no se puede comparar. En nuestro gobierno pueden encontrar un caso de corrupción como pueden encontrarlo en el gobierno de Suecia. Pero decir que por eso es todo lo mismo es una estupidez.
— ¿Qué opina del desempeño de Laura Alonso al frente de la Oficina Anticorrupción? ¿Fue un error nombrar en ese cargo a una persona identificada con el oficialismo?
— Yo creo que no se entiende bien cuál es la función de la Oficina Anticorrupción. Porque hay otras agencias anticorrupción que son las encargadas de perseguir, de denunciar. La Oficina Anticorrupción cumple una función en muchos aspectos destinada a asesorar. Por ejemplo, yo como diputado he hecho muchas consultas a la Oficina Anticorrupción sobre qué cosa podía hacer. Por ejemplo, me ofrecían ir a dar una conferencia a Europa. ¿Podía ir, no podía ir, en qué condiciones, cómo tenía que ser? Ese tipo de cosas que evitan que uno cometa errores. Se la adjudica a la Oficina Anticorrupción una función de persecución directa que no tiene y que tienen otras agencias del Estado.
— Tal vez porque actuó como querellante en varias causas contra ex funcionarios kirchneristas y no tuvo el mismo ímpetu cuando había una causa contra funcionarios del actual gobierno.
— Bueno, por eso digo que la función de querella depende también, sobre todo, de los casos. El caso específico por la cual se la acusa, que es el tema de Juan José Aranguren, es un conflicto de intereses. Aranguren no formaba parte de Shell, había renunciado a Shell. Pero tenía acciones de Shell y eso se consideró un conflicto de intereses. A mí me parece bien que se persiga eso. Por ejemplo, la provincia de Santa Cruz recibió por cada habitante 51 veces más presupuesto para obra pública que cada habitante de la provincia de Buenos Aires. No el doble o el triple, 51 veces. Y el 80% de ese presupuesto fue a la empresa de Lázaro Báez, que se constituyó una semana antes de que los Kirchner asumieran el gobierno. Me parece bien que discutamos el conflicto de intereses de Aranguren. Pero me parece muy mal que no se perciba el enorme paso adelante que hay entre Lázaro Báez y esto. Y eso es un punto en el cual ha habido muchas complicidades ideológicas de intelectuales, periodistas, medios, que han apostado al “todo es lo mismo, al final son todos iguales”. La verdad es que no, no somos iguales, y creo que el tiempo va a reconocer esto.
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