
El mismo día en que votó por primera vez, el 30 de octubre de 1983, Daniel Tardivo cumplió años. 23. Impulsado por un vecino había ingresado a la Escuela de Policía, pero todavía no empezaría el resto de su vida – o una parte de ella – junto a Raúl Alfonsín.
Un presidente casi nunca está solo. Lo puede corroborar el ex edecán de Alfonsín, el general Julio Hang, que durmió a sus pies en los días aciagos de Semana Santa. O su asistente de toda la vida, Margarita Ronco. También Tardivo, que primero fue administrativo y poco a poco ascendió hasta ser el jefe de la custodia de Alfonsín y quien lo acompañó hasta el día de su muerte.
Excepto en los viajes al exterior, para los que se rotaban, los agentes asignados por la División Custodia Presidencial estuvieron cerca cada día. Sólo se relajaban cuando Alfonsín estaba dentro de la residencia de Olivos o de la Casa Rosada. Y ya en tiempos fuera del poder lo acompañaron en sus movimientos fuera de su departamento, con agenda más o menos tranquila según la actividad que tuviera él.
Esquivo a las entrevistas, una virtud que lo hizo bueno en su oficio, Tardivo estuvo en diciembre del 2018 en el acto al que convocó el presidente Mauricio Macri en el Museo de la Casa Rosada. "Danielito", lo saludaron muchos que lo reconocieron de inmediato cruzando la Plaza de Mayo o ya dentro y que casi nunca lo ven porque tampoco suele asistir a los actos u homenajes.
Por el diminutivo de su nombre lo llamaba también el ex presidente. En cambio, el nunca lo tuteó, aunque podía decirle "Raúl" o "Doctor" según el protocolo y el contexto.
Los que lo conocieron, y los que no, coinciden en mencionar la terquedad que caracterizó al ex presidente radical. "Cabeza dura", "gallego", solían adjetivar al líder radical. Sin ese trato tan íntimo, el general Hang contó hace un tiempo a Infobae que no pudieron impedir que Alfonsín fuera en persona a Campo de Mayo tras el alzamiento carapintada. También entró solo a La Tablada y al rememorar ese momento el ex diputado y actual embajador en Colombia, Marcelo Stubrin, lloró esta semana en el homenaje realizado en la Facultad de Derecho.

"Doctor, mejor vayamos por el pasillo lateral", sugería por ejemplo Tardivo a lo que el ya ex presidente no hacía caso. "Cómo voy a entrar por el costado", protestaba y encaraba decidido por el pasillo central para saludar uno por uno a los que allí estaban.
Aquel domingo en que cumplió 23 años, Tardivo había votado por Raúl Alfonsín, el hombre que para cerrar su campaña en la 9 de Julio recitó el Preámbulo de la Constitución Nacional casi como si fuera un rezo. Ya estaba en su primer destino, la comisaría 32 de la Ciudad de Buenos Aires, cuando tuvo que decidir su voto. Prefirió al candidato radical, decisión que tomó en soledad porque aunque en su casa se respiraba antiperonismo, no hablaban de política.
No recuerda mucho, pero saca cuentas: era 10 u 11 de noviembre de 1983 cuando siendo oficial ayudante lo convocaron al Hotel Panamericano, donde el presidente electo se quedó para preparar su equipo de gobierno. La primera salida sería a Avellaneda y a Tardivo le tocó ir como adelantado a revisar el lugar donde estaría Alfonsín. Todavía en la Casa Rosada estaban los militares y él era el candidato que había prometido que no habría amnistía.

Desde el 10 de diciembre de 1983, Tardivo cumplió horario administrativo en la Casa Rosada hasta su primer ascenso. Y en 1990, ya con Alfonsín fuera del mando, se convirtió en el jefe de su custodia hasta el día en que murió. Antes de ser jefe su ritmo fue de 24 horas de servicio por 48 horas de descanso. Después pasó a acompañar al ex presidente adonde y cuando él lo requiriera durante 28 años consecutivos.
El 'jefe' Tardivo se mudó después de 1989 a un departamento en Corrientes y Ayacucho, a siete minutos de caminata entre su departamento y el de Alfonsín en la avenida Santa Fe. Siete minutos exactos cronometrados por el reloj que le regaló Alfonsín. Sonríe tímidamente otra vez. El ex presidente a veces recordaba algunas fechas y otras veces no pero siempre estaba cerca Margarita Ronco para ocuparse de algún obsequio o salutación.

—¿Cómo es vivir sin Alfonsín?, preguntó Infobae aquella tarde de diciembre en que Macri recordó al ex presidente de la Nación en un intento por acercarse otra vez al radicalismo.
—Me tuve que acostumbrar… no quedaba otra. Lo acompañaba a todos lados. Después de enterrarlo en el cementerio de la Recoleta mi gente me preguntó qué hacemos. Y, nos vamos sin él, les dije. Una sensación extraña, rara. A partir de ahí seguí insertado en la policía, estaba en la División Custodias Especiales y tenía a cargo la gente de custodia de jueces, ministros, ex presidentes y él también. Después del 2009 seguí, pasé a otra área hasta que me retiré a fines de 2015.
A veces, todavía, lo extraña. "No lo hacía como un trabajo, era una vocación, lo hacía instintivamente", recuerda.
Mientras camina en sentido descendente por la avenida Hipólito Yrigoyen, sobre la vereda lateral de Casa Rosada, lo reconoce mucha gente que se acerca y lo saluda. A algunos los llama por su nombre y a otros les dedica una sonrisa. "Eso lo aprendí de Alfonsín", bromea después de besar a una persona a quien reconoce pero de quien no puede decir su nombre ni cómo la conoció.
"Sabíamos siempre adónde íbamos pero no teníamos precisión de qué se iba a tratar", explica Tardivo, ya retirado de la policía con puntillosa discreción al ser preguntado sobre el Pacto de Olivos y algunas reuniones secretas.
Por su cercanía fue él quien recibió algunas malas noticias antes que se las dijeran al ex presidente. Estaban juntos cuando en el 2004, un rato después de haber aterrizado para un homenaje en Tucumán, sonó su teléfono. Desde Buenos Aires le contaron que Amparo, la nieta de 15 años de Alfonsín, había sufrido un accidente en su escuela. "Doctor, tiene un llamado", le dijo y le pasó la comunicación acostumbrado a ser puente. En minutos regresaron juntos al aeropuerto y de ahí a Buenos Aires donde Amparo murió.
Tardivo, que este 2019 cumple 60, pasó muchas Navidades y Fiestas con Alfonsín. Entre 1990 y el 2009 compartió cada fiesta en Chascomús, en la cocina, y sólo pasaba al living para brindar. "No corresponde, yo siempre preferí mantenerme en mi lugar", repite mientras destaca la amabilidad de Alfonsín que solía preguntar a quienes trabajaban con él sobre su familia, parejas e hijos.
Incluso Tardivo recuerda que Alfonsín insistía para que el custodio pasara las fiestas con su propia familia. Él se negaba con el argumento de que lugar estaba allá, junto a su 'jefe'. "La responsabilidad de su seguridad es mía", le respondía.
Defensor de la Democracia y de la institucionalidad (incluso cuando pactó en Olivos con Carlos Menem y a cambio logró que se impulsara la creación del Consejo de la Magistratura, la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires y la creación de la figura del jefe de gabinete) el ex presidente se preocupaba porque todos cumplieran con el derecho y el deber de votar. Después de hacerlo él mismo en la escuela de la calle Lavalle en Chascomús pedía que organizaran los turnos y que los custodios llegaran a sus respectivas mesas antes del cierre del comicio.
Los peores momentos que vivió Tardivo fueron dos. El primero cuando en San Nicolás una persona que escuchaba el discurso de Alfonsín sacó un arma e intentó disparar. "No sabíamos ni cuántos eran, ni qué pasaba", relata sobre el ataque del hombre al que por suerte se le trabó el arma y luego terminó en un psiquiátrico.
—¿Cómo reaccionó?
—En ese momento instintivamente lo tiré al piso y cubrí su cuerpo con el mío. Muchos me decían que estaba pegado a él y que miraba todo. Y sí, para mí era natural. Estaba en un acto y no me interesaba verlo a él, miraba alrededor, o detrás del palco. Ese día en San Nicolás estaba parado detrás suyo y vi al hombre con un arma en la mano a mi izquierda y escuché el murmullo y atiné a empujarlo para no golpearlo y lo cubrí con mi cuerpo.
Él se preocupó pero Alfonsín siguió como si nada.
—¿De qué hablaban?
—Había súper confianza pero había respeto. Había otro tipo de relación, no solamente lo estrictamente de custodia. Siempre se preocupaba, me preguntaba por la familia, por los chicos, por si estábamos bien en la policía, si cobrábamos bien, cuando viajábamos preguntaba si nos pagaban viáticos. Quería ver que la gente que lo rodeaba estuviera bien, conforme. Estaba pendiente.
—¿Y le hacía caso?
—Laboralmente no me prestaba atención. Ya lo conocía y había que adaptarse a lo que él decidiera, no decidía locuras pero decía 'no, vamos por acá'. Yo ya lo conocía, le ofrecía lo más seguro y terminaba haciendo lo que él quería.
El otro peor momento del que fue testigo Tardivo tuvo lugar en 1999 cuando Raúl Alfonsín sufrió un grave accidente en la Línea Sur de Río Negro.
—¿Temió por la vida de Alfonsín?
—Sí. Yo iba en una camioneta delante con alguien que conocía el lugar. En una curva dejo de ver la camioneta que venía detrás, le dije al chofer que bajara la velocidad y después pegamos la vuelta. Volvimos 40 metros y estaba volcado de nuestro lado izquierdo, estaba en el piso con su sobretodo negro. Lo levantamos con Margarita, el chofer, el otro custodio que me acompañaba a mí. Se quejó cuando lo levantamos porque tenía once o trece fracturas…
—Si se quejaba era señal de que estaba con vida…
—Sí, eso decía yo. Se sintió el quejido cuando lo levantamos y lo apoyamos en el asiento trasero del jeep. Margarita también le decía 'quéjese, grite Raúl'. Lo queríamos escuchar.
—¿Tuvo miedo?
—Y… fue un desplazamiento hasta una sala de primeros auxilios con nieve sobre la huella. No estaba el chofer de la ambulancia, a la ambulancia no le funcionaban los limpiaparabrisas, caía nevisca. Ubicaron urgente a la gente de la ambulancia, lo pasamos de vehículo y lo llevamos a General Roca. Después lo trajeron al Hospital Italiano.
Excepto cuando Alfonsín viajaba al exterior, Tardivo no se tomaba vacaciones. Coordinaba con los países que visitaría, con Cancillería y las respectivas embajadas cómo serían los desplazamientos y el cuidado del ex presidente en el exterior.
Ya era comisario cuando hace diez años, en marzo del 2009, se preveía la muerte del 'padre de la Democracia' que hacía reposo en su departamento de la avenida Santa Fe donde hoy vive una de sus hijas. Sus asistentes, algunos amigos y la custodia, esperaban en el quinto piso las noticias sobre su salud.
"Una o dos veces subí a verlo al octavo", cuenta y repite que estaba con Margarita Ronco cuando les avisaron que Alfonsín había muerto.
"Instintivamente me puse detrás del féretro", responde sobre el sepelio que convocó a una multitud. Y se quedó en el Congreso desde el momento en que ingresó hasta que fue trasladado al mausoleo en el cementerio de la Recoleta. Todo el tiempo estuvo detrás, como hacía siempre. También sus 'muchachos'.
—¿Alguna vez se reprochó no tener otro tipo de vida, o no tener horarios propios sino los de Alfonsín?
—No. Lo que alguna vez me preocupó fue si me tocaba retirarme o decidía retirarme quién lo iba a cuidar. Me daba cosa dejarlo, abandonarlo. Muchas veces lo pensé. Con la confianza que tenía, incluso cuando me pasaron a la División Custodias Especiales, podría haberle dicho 'Raúl, se quedan los muchachos'. Pero yo quería hacer las dos cosas. No se me pasó por la cabeza dejarlo.
Tardivo, padre de dos hijos por los que solía preguntarle el ex presidente, compró un terreno en el año 2001 en Chascomús. Allí pasa gran parte de los fines de semana en una casa que se construyó porque asegura que encontró paz en la ciudad donde nación Alfonsín.
Incluso cambió su domicilio. Se casó y vota en Chascomús. A su boda asistió Alfonsín.
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