Juan Parra del Riego: el poeta que encontró inspiración en las canchas uruguayas y le dedicó un polirritmo a Isabelino Gradín

El vate peruano no vio mejor manera de mostrar su admiración hacia el jugador uruguayo que dedicándole un poema que pasó a la historia.

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Además de las letras, Juan
Además de las letras, Juan Parra del Riego también fue un amante del fútbol. En especial del uruguayo (BNP)

Para nadie es un secreto que un deporte como el fútbol suele despertar las más afiebradas pasiones en todo aquel que cae rendido a su embrujo hipnótico. Pero no solo es un tema de los simples mortales que solemos dejar todo por 90 minutos para imbuirnos en un juego trascendental.

Ocurre que artistas de todas las ramas también han sabido ceder ante una pasión que es la más popular en gran parte del planeta. Al fin al cabo, también son humanos.

No se crea que esto es un fenómeno nuevo, puesto tiene más tiempo del que uno se pudiera imaginar. Un ejemplo de uno de los tantos que sucumbió al encanto de la pelotita fue el poeta peruano Juan Parra del Riego, quien, en sus aventuras como escritor, se encontraba en Uruguay y conoció el juego de Isabelino Gradín y quedó prendado de su habilidad. Tanto, que le dedicó su famoso poema ‘Polirritmo dinámico a Gradín, jugador de football’. Y esta es la historia.

¿Quién fue Parra del Riego?

Juan Parra del Riego fue
Juan Parra del Riego fue uno de los poetas más modernos de su época. (BNP)

Juan Parra del Riego fue un poeta peruano nacido en 1894 que destacó en la escena literaria del siglo XX. Nacido en Huancayo, Perú, su poesía, inicialmente modernista, evolucionó hacia movimientos vanguardistas, especialmente el futurismo, inspirándose en eventos contemporáneos.

En 1918, cansado de la rutina, viajó por Chile, Argentina y Uruguay, donde se integró en la escena literaria de Montevideo, entablando amistad con poetas como Delmira Agustini. Su poesía destacó por el uso del polirritmo, influencia de Manuel González Prada.

Juan Parra del Riego tuvo
Juan Parra del Riego tuvo marcada influencia en la poesía peruana que un centro cultural fue bautizado con su nombre. Se ubica en el distrito de Barranco. (Agenda Cultural de Lima)

En 1922, viajó a Europa y estableció contacto con el futurismo en París. Fue en la ‘Ciudad Luz’ que los primeros síntomas de la tuberculosis que acabaría con su vida aparecieron. Luego pasó por Madrid y Lisboa, antes de regresar a Montevideo. En 1925, su “Canto al carnaval” ganó un concurso rioplatense, y cantó las hazañas de Isabelino Gradín. Se casó con la poetisa Blanca Luz Brum, pero su salud frágil no impidió que publicara sus últimas creaciones antes de morir en noviembre de 1925.

Entre sus obras destacan “Polirritmos” (1922), “Himnos del cielo y de los ferrocarriles” (1924), “Blanca Luz” (1925), y “Cantos al carnaval” (1925). Además, dejó obras póstumas como “Tres polirritmos inéditos” (1937), “Poesía” (1943), “El escultor Falcini” (1921), “La provincia vestida de hojas” (1921), y una compilación post mortem de su prosa (1943). Su obra completa fue reunida en “Obra reunida” en 2016, abarcando poesía, prosa y correspondencia, destacando la rica contribución de Juan Parra del Riego a la literatura hispanoamericana.

Gradín: héroe del fútbol charrúa

Isabelino Gradín con su esposa
Isabelino Gradín con su esposa y  sus hijos ya después de su retiro del deporte activo. (El Gráfico)

Por su parte, Isabelino Gradín fue el primer futbolista negro uruguayo en un torneo internacional y se convirtió en leyenda tras su sobresaliente actuación en la Copa América de 1916, conocida en ese entonces como Campeonato Sudamericano. Dicho honor también es compartido con su compañero Juan Delgado.

Su legado fue inmortalizado por el poeta peruano Juan Parra del Riego, quien compuso el “Polirritmo dinámico a Gradín, jugador de football”, simbolizando el encuentro entre el fútbol y la cultura vanguardista del momento.

Uruguayo o africano

Además de ser inspiración de
Además de ser inspiración de Parra del Riego, Gradín también dedicó al atletismo con singular éxito.(Peñarol FC)

Uno de los capítulos por los que Gradín pasó a la historia fue porque se convirtió en protagonista involuntario de una historia desarrollada en el partido entre su selección y la de Chile en el Campeonato Sudamericano de 1916. 

El reclamo infundado del presidente de la Asociación Atlética y de Football de Chile tras el primer partido, acusando falsamente la presencia de jugadores ‘africanos’ en el equipo uruguayo, fue un acto marcado por el racismo, una sombra que no opacó el brillo de Gradín en el campo de juego. Prensa local de esa época, como el diario “El Día”, desestimó tales alegatos, defendiendo la uruguayidad de los jugadores cuestionados.

Y es que la poesía de Parra del Riego introdujo un elemento cultural adicional alrededor de la figura de Gradín, demostrando cómo el fútbol y el arte pueden entrelazarse para forjar mitos y leyendas.

‘Polirritmo dinámico a Gradín, jugador de football’

Palpitante y jubiloso

como el grito que se lanza de repente a un aviador

todo así claro y nervioso,

yo te canto, ¡oh jugador maravilloso!

que hoy has puesto el pecho mío como un trémulo tambor.

Ágil

fino,

alado,

eléctrico,

repentino,

delicado,

fulminante,

yo te vi en la tarde olímpica jugar.

Mi alma estaba oscura y torpe de un secreto sollozante,

pero cuando rasgó el pito emocionante

y te vi correr... saltar...

Y fue el ¡hurra! y la explosión de camisetas

tras el loco volatín de la pelota,

y las oes y las zetas,

del primer fugaz encaje

de la aguja de colores de tu cuerpo en el paisaje,

otro nuevo corazón de proa ardiente,

cada vez menos despacio

se me puso a dar mil vueltas en el pecho de repente.

Y te vi Gradín,

bronce vivo de la múltiple actitud,

zigzagueante espadachín

del goalkeaper cazador

de ese pájaro violento

que le silba la pelota por el viento

y se va, regresa, y cruza con su eléctrico temblor

¡Flecha, víbora, campana, banderola!

¡Gradín, bala azul y verde! ¡Gradín, globo que se va!

Billarista de esa súbita y vibrante carambola

que se rompe en las cabezas y se enfila más allá...

y discóbolo volante,

pasas uno...

dos...

tres... cuatro...

siete jugadores...

La pelota hierve en ruido seco y sordo de metralla,

se revuelca una epilepsia de colores

y ya estás frente a la valla

con el pecho... el alma... el pie...

y es el tiro que en la tarde azul estalla

como un cálido balazo que se lleva la pelota hasta la red.

¡Palomares! ¡Palomares!

de los cálidos aplausos populares...

¡Gradín, trompo, émbolo, música, bisturí, tirabuzón!

(¡Yo vi tres mujeres de esas con caderas como altares

palpitar estremecidas de emoción!)

¡Gradín! róbale al relámpago de tu cuerpo incandescente

que hoy me ha roto en mil cometas de una loca elevación,

otra azul velocidad para mi frente

y otra mecha de colores que me vuele el corazón.

Tú que cuando vas llevando la pelota

nadie cree que así juegas;

todos creen que patinas,

y en tu baile vas haciendo líneas griegas

que te siguen dando vueltas con sus vagas serpentinas.

¡Pez acróbata que al ímpetu del ataque más violento

se escabulle, arquea, flota,

no lo ve nadie un momento,

pero como un submarino sale allá con la pelota... !

Y es entonces cuando suena la tribuna como el mar:

todos grítanle: ¡Gradín!, ¡Gradín!, ¡Gradín!

Y en el ronco oleaje negro que se quiere desbordar,

saltan pechos, vuelan brazos y hasta el fin

todos se hacen los coheteros

de una salva luminosa de sombreros

que se van hasta la luna a gritarle allá: ¡Gradín!, ¡Gradín!, ¡Gradín!