
El distrito de Miraflores guarda mucha historia en cada rincón, un lugar que poco a poco se fue recuperando luego de la guerra con Chile. A medida que el siglo XIX llegaba a su fin, este sitio vio los primeros indicios de un crecimiento emergente. Los inmigrantes italianos jugaron un papel crucial en este desarrollo al buscar establecer negocios en estas tierras.
A pesar de su ubicación en la capital, el número de habitantes en Miraflores era modesto, contabilizándose apenas 636 personas, según el censo de 1898. En aquel entonces, la playa estaba conectada al pueblo por la bajada Balta, mientras que para llegar a Barranco se transitaba por la gran alameda de ficus.
Entre estos lugares emblemáticos que representaban la historia de este distrito, se encontraba la Casa Marsano, un símbolo de la elegancia y la tradición arquitectónica. Sin embargo, el progreso y la modernización marcaron su inevitable desaparición. Esta emblemática construcción fue demolida para dejar lugar al centro comercial Compu Palace, un proyecto que prometió traer una nueva dinámica al distrito, pero que también despertó en su tiempo la polémica entre los residentes y defensores del patrimonio histórico.
La influencia de los italianos en Miraflores

La historia de la inmigración italiana se remonta al Virreinato del Perú. Sin embargo, el auge llegó en 1876 con el boom del guano, atrayendo a ciudadanos italianos al puerto del Callao. Durante los primeros años del siglo XIX, hubo un crecimiento gradual de inmigrantes del norte de Italia hacia el Perú. En las primeras décadas, la mayoría eran principalmente genoveses, y muchos de los italianos más adinerados estaban involucrados en el comercio marítimo. Datos de cónsules sardos (pueblo al sur de Europa) señalan que el 28% se dedicaba al comercio naval, uno era médico, otro prestamista y el resto trabajaba en el comercio, incluyendo vicecónsules en ciudades del interior.
Los pioneros de la moderna inmigración italiana al Perú incluyen a cinco comerciantes genoveses y ligures que arribaron a territorio nacional en la primera década del siglo XIX. Entre ellos se encuentran Antonio Venzano Dagnino, quien simplificó su apellido a Antonio Dagnino al radicarse en el Callao desde 1802; y Felice Valega Lanza ―natural de Spotorno, puerto de la Liguria―, quien llegó a nuestro país en 1806 junto al trigésimo octavo y último virrey del Perú, José Fernando de Abascal.
Tomás Marsano llegó al país tras completar sus estudios en Europa a finales del siglo XIX y contrajo matrimonio con Clotilde Campodónico Crovetto en Lima en 1894. La pareja de esposos tuvo 11 hijos, entre mujeres y varones.
Inicios de la Casa Marsano

En el distrito de Miraflores, específicamente en la cuadra 50 de la avenida Arequipa, se construyó una espléndida mansión con motivo de celebrar 50 años de matrimonio entre Tomás Marsano y Clotilde Campodónico Crovetto. Este elegante hogar fue una pieza arquitectónica que se destacaba por su ubicación cercana al Parque Kennedy.
El arquitecto e historiador José García Bryce describe la casa como sigue: “Era de tipo francés, una casa de estilo clásico con columnas, frontis con triangulación sobre la parte superior, muchos frisos y toda la clásica ornamentación francesa. No era de un estilo puro, era más bien una arquitectura ecléctica que también usaba otros elementos”.
La casa fue inaugurada en 1941, coincidiendo con la finalización de su construcción. En ese tiempo, capturó la atención por tratarse de una época en la que las grandes mansiones estaban en declive. A lo largo de los años ochenta, esta residencia se transformó en un espacio polifacético que albergaba conciertos y festividades, convirtiéndose así en un punto de encuentro para eventos culturales y sociales.
¿Qué pasó con la Casa Marsano?

La casona, lamentablemente, nunca obtuvo la distinción de ser declarada Monumento Histórico por parte del Instituto Nacional de Cultura (INC). La oposición a su inscripción por motivos de modernidad del edificio y su supuesta falta de “estilo arquitectónico peruano” fueron argumentos presentados por el entonces director, César Coloma. Esto resultó en la ausencia de reconocimiento a su valor histórico, ya que supuestamente no contribuía a la arquitectura local. En el año 2002, fue políticamente condenada a ser demolida y reemplazada por el centro comercial Compu Palace.
La propiedad de la Casa Marsano le pertenecía a la empresa peruana constructora de hoteles Perú Real State. Inicialmente, sus planes contemplaban conservar el diseño original y levantar una sucursal de la cadena internacional de hoteles Hilton en la zona de estacionamiento. Sin embargo, por motivos desconocidos, estos planes se modificaron drásticamente.
La demolición de la casona se llevó a cabo sin la debida autorización de la Municipalidad de Miraflores, lo que resultó en el pago de una multa por parte de los responsables.
¿Quién fue Tomás Marsano?

Sus padres fueron Andrés Marsano y Lucía Guitérrez. Este personaje llevó a cabo sus estudios en Italia. En el mes de diciembre de 1894, contrajo matrimonio con Clotilde Campodonico Crovetto, con quien tuvo una familia numerosa compuesta por once hijos: María Inés, Delia Fortunata, María Rosa, Maria Clotilde, Manuela María, José Alberto, Andrés Carlos, Tomás José, Carmen María, Atilio Enrique y Carmela María Marsano Campodónico.
Dedicado al mundo empresarial, minero e inmobiliario, Marsano se desempeñó como propietario de la Compañía Urbanizadora Surquillo, siendo esta entidad la dueña de las haciendas La Calera de La Merced, que abarcaba unas 203 hectáreas, y Primavera, con unas 25 hectáreas. También figuraba como dueño de la Compañía Agrícola Lima, entidad que surgió a partir de las haciendas Venegas, ubicada en el Valle de Surco, y Copacabana, situada en Puente Piedra.
La avenida que lleva su nombre

La avenida Tomás Marsano se alza como uno de los puntos más relevantes en la red de calles de Lima, la capital del Perú. Este extenso corredor vial atraviesa los distritos de Surquillo, Miraflores y Santiago de Surco, cubriendo una distancia de 51 cuadras en su recorrido.
Además, alberga una porción crucial del viaducto correspondiente a la línea 1 del Metro de Lima. Esta sección, ubicada entre el óvalo Higuereta y la vial de Atocongo, representa un punto estratégico en la movilidad urbana de la ciudad.
Es importante destacar que la continuidad de la avenida Tomás Marsano se prolonga hacia el sureste, donde se convierte en la conocida avenida Los Héroes, adentrándose en el distrito de San Juan de Miraflores. Asimismo, al transitar por Santiago de Surco, este tramo de la vía adquiere el nombre de avenida Santiago de Surco, consolidando así su importancia en la interconexión de estos sectores urbanos.
Compu Palace: el centro comercial tecnológico

Compu Palace se posiciona en el mercado como el epicentro tecnológico de compras, donde consumidores y aficionados a la innovación pueden encontrar una amplia variedad de productos y soluciones informáticas. Con un enfoque en la tecnología de punta, este centro comercial ofrece desde hardware y software de última generación hasta dispositivos electrónicos y accesorios.
Su ambiente especializado y la concentración de múltiples tiendas y servicios relacionados con la tecnología lo convierten en el lugar preferido para quienes buscan lo último en avances tecnológicos y asesoramiento experto.
Historia de la Av. Arequipa

La avenida Arequipa es un eje vital importante en la capital, traza su recorrido de norte a sur, abarcando 52 cuadras en los distritos de Lima, Lince, San Isidro y Miraflores. Su relevancia histórica se entrelaza con su diseño inicial, ideado por el arquitecto Augusto Benavides Diez Canseco, como el trayecto que unía la capital con los destinos de esparcimiento en Barranco y Miraflores.
Nombrada originalmente como Avenida Leguía, su denominación se modificó en diferentes etapas políticas. Durante el gobierno de Luis Miguel Sánchez Cerro, se bautizó como Avenida de la Revolución, reflejando su contexto insurgente. Sin embargo, posteriormente se optó por un nombre que evocara el punto de partida del levantamiento liderado por Sánchez Cerro: Arequipa.
A medida que la avenida se adentra en Miraflores, su paisaje urbano mantiene un carácter residencial, marcado por edificios de departamentos y oficinas. Destacan puntos emblemáticos como la embajada de Alemania, el colegio Santander, la Alianza Francesa y el Colegio de Ingenieros del Perú. En la intersección con la Av. Angamos Oeste, se encuentra el Instituto Cultural Peruano Norteamericano, destacando como un punto de referencia cultural en la zona.
El tramo final de este recorrido conduce al óvalo de Miraflores, una confluencia de arterias viales como las avenidas Ricardo Palma, José Pardo, Larco y Diagonal, que da vida al Parque Kennedy, un punto neurálgico de encuentro y esparcimiento para los habitantes y visitantes de la zona.
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