
Durante el periodo de la Emancipación y la consolidación de la República, la arquitectura experimentó una transición notable, pasando de las características coloniales a las neoclásicas. La influencia francesa a través de España se hizo evidente en la fusión entre las antiguas formas virreinales y las tendencias neoclásicas. Un claro ejemplo de esta transición es la Casa Oquendo o también conocida como Casa Osambela, una mansión virreinal que exhibe elementos de ambos estilos arquitectónicos. Este patrón arquitectónico persistió a lo largo de la era republicana, adquiriendo gradualmente un carácter distintivamente limeño y auténtico.
Con la llegada de Nicolás de Pierola, se marcó el inicio de un renacimiento constructivo significativo. Surgió el urbanismo y se consolidó el estilo francés en las estructuras edificadas. Lima, como resultado, experimentó un impulso transformador, convirtiéndose en una gran ciudad con la apertura de la avenida Leguía, que se convirtió en el eje central de la capital, proyectando así su modernidad y orientación futura.
La Casa de Osambela

La Casa de Osambela, una imponente construcción en el centro histórico de Lima, tiene sus raíces en un terreno que alguna vez perteneció al Convento de Santo Domingo. Tras ser vendido al armador de buques, banquero y comerciante español Martín de Osambela para saldar deudas y finalizar trabajos inconclusos en la iglesia, esta mansión virreinal se construyó sobre los vestigios del antiguo noviciado de los padres dominicos, devastado por el terremoto de 1746.
Aunque la edificación actualmente alberga el Centro Cultural Inca Garcilaso en honor al mestizo, según guía del recorrido por el catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Ricardo Falla, no fue propiedad de él. Esta edificación tuvo momentos históricos relevantes, entre ellos la estadía del libertador José de San Martín en 1821. El 28 de julio de aquel año, San Martín, tras proclamar la independencia del Perú, se alojó en esta residencia por un día y se ofreció un magnífico baile para la sociedad limeña como gesto de celebración.
El episodio de San Martín en la Casa de Osambela quedó registrado en la historia limeña, donde el libertador argentino, tras un solo día de hospedaje, trasladó sus actividades al salón de los libertadores. Este acontecimiento fue documentado por Juan Manuel Ugarte Eléspuru en “Lima y lo limeño”.
¿Quién fue Martín de Osambela?

Contrario a la corona española, este comerciante naviero vasco se convirtió en un partidario financiero de la causa independentista. A pesar de no provenir de una familia noble con títulos nobiliarios, como señala el experto, destacaba por su fortuna y recursos. Curiosamente, se especula sobre su estatus social a partir de la disposición de la escalera en su residencia: al ubicarse en el lado izquierdo, se sugiere que era considerado plebeyo, en contraposición a la tradición de colocarla a la derecha en casas de la nobleza.
En 1815, redactó un testamento sin herederos, pero en siete años después, un segundo documento reveló su matrimonio con Mariana de Ureta y Bermúdez, teniendo seis hijos. Sin embargo, la existencia de Osambela culminó en un episodio oscuro y triste. A los 71 años, sumido en el ostracismo político y la pobreza, este próspero hombre de negocios desapareció en el Callao en 1825, presumiblemente enterrado en las costas del Pacífico, cerca de la fortaleza del Real Felipe.
La familia Osambela, tras su desaparición, se vio obligada a alquilar distintas secciones de la casa para sobrevivir. En 1840, la tasación del inmueble reveló que el precio de la casa baja ascendía 28 mil 620 pesos; mientras que la alta, 41 mil 364. En 1854, la viuda de Osambela se vio forzada a vender la propiedad a José de la Asunción Oquendo para saldar deudas. Esta transacción condujo al cambio de nombre de la residencia, que pasó a ser conocida como la Casa de Oquendo, bajo la propiedad de un prominente hombre de la época. Este cambio de denominación perdura hasta nuestros días.
De ser la Casa de Osambela a convertirse finalmente en monumento nacional

La Casa de Osambela, arraigada en una tradición familiar vasca con títulos nobiliarios como el de vizcondes y marqueses, pasó por diferentes manos hasta llegar a María Rebeca de Oquendo, hija de don José de la Asunción Oquendo, quien fue su última propietaria hasta su fallecimiento en 1941. Tras su deceso, la propiedad se convirtió en posesión de la Caja de Ahorros de Lima y, en 1973, fue consagrada como monumento nacional, honrando su legado arquitectónico y cultural.
Durante el gobierno de Juan Velasco Alvarado, la Casa de Oquendo sirvió como la sede de la Empresa Nacional de Turismo del Perú, entonces el ente oficial del turismo en el país. Posteriormente, mediante el Decreto de Ley N.º 22677, publicado en El Peruano el 11 de septiembre de 1979, la residencia se transformó en el Centro Cultural Inca Garcilaso de la Vega, albergando instituciones culturales significativas como el Instituto Peruano de Cultura Hispánica y el Círculo Femenino Hispano-Peruano.
Experimentando una restauración entre 1982 y 1985 a manos del arquitecto Julio Sierra Niño de Guzmán, la Casa de Osambela recobró su esencia original, preservando el distintivo tono de añil azul. Desde entonces, ha desempeñado un papel relevante como sede de eventos culturales, incluyendo la Bienal de Fotografía de Lima, y acogió actividades vinculadas a la vida cultural de la ciudad de Lima.
En la actualidad, alberga la Academia Peruana de la Lengua y la oficina regional en el país de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, destacando su importancia como centro neurálgico de la cultura y el conocimiento en la región.
La arquitectura de la casa

La Casa de Osambela es descrita por el guía del recorrido como una de las edificaciones más imponentes de su época. Construida entre 1803 y 1805, exhibe una fachada neoclásica con toques del rococó, destacando por sus cinco balcones de estilo Luis XVI adornados con guirnaldas y tres balcones adicionales. El arquitecto Héctor Velarde Bergmann la describe como un ejemplo notable de la arquitectura dieciochesca, con elementos que rememoran los estilos Luis XVI y XV, destacando su verticalidad a través de un mirador cubierto por una cúpula de silueta musulmana.
Además, su estructura de cuatro niveles, incluyendo un mirador octogonal en el cuarto nivel, desafiaba las normas antisísmicas de la época. Destaca también por sus patios, uno de nobleza sobria y una escalera que conduce al segundo nivel, mientras que el otro patio, más pequeño, conserva un aire posiblemente del siglo XVIII.
Ubicada en jirón Conde de Superunda 298, la Casa de Osambela abarca un área de terreno de 1,235.25 metros cuadrados. Además de su relevancia arquitectónica, también fue escenario de producciones culturales como la serie Perricholi en 1987.
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