
Un día como hoy, 8 de noviembre, recordamos el legado que dejó uno de los compositores peruanos más importantes de la música criolla, Pedro Espinel Torres, conocido como ‘El rey de las polcas’. Nació en la ciudad de Lima el 1 de agosto de 1908, y su vida estuvo marcada por desafíos y sacrificios desde muy pequeño.
A lo largo de su vida, el cantautor enfrentó distintas adversidades, lo que lo llevó a abandonar la escuela después del primer año de educación primaria. Sin embargo, su determinación y pasión por la música lo llevaron por un camino que lo haría conocido como un virtuoso de la polka y el vals criollo. Desde su trabajo como mensajero a una temprana edad hasta su posterior participación en grupos musicales y su amistad con el famoso compositor Felipe Pinglo Alva, Espinel demostró un talento innato que lo llevaría a la cúspide de la música criolla peruana.
El camino que transcurrió para llegar a ser ‘El rey de las polcas’

‘El rey de la polcas’, a sus 12 años, ya daba muestras de una tenacidad que marcaría su trayectoria. En el inicio del oncenio de Augusto B. Leguía en 1920, Pedro asumía labores de mensajero. Además, fue testigo de cómo el fonógrafo popularizaba ritmos como el tango, los pasodobles y el one-step, retando la hegemonía del vals en las celebraciones populares.
A los 15 años, en 1923, se integró a un taller tipográfico en calidad de aprendizaje y, posteriormente, en 1928, se personalizó en un almacén de madera. No obstante, su inclinación inquebrantable era hacia la música; progresivamente fue encontrando su vocación. Conformó un ensamble de guitarra y castañuelas para animar festividades y, más adelante, se incorporó al conjunto “Los Criollos del Barrio”, persiguiendo una carrera profesional en la música.
En 1925, tuvo la fortuna de conocer a su gran maestro, el renombrado compositor Felipe Pinglo Alva, con quien desarrolló una estrecha amistad y comenzó a desentrañar los secretos de los ritmos populares. La muerte de músico de Barrios Altos en 1936 lo conmovió profundamente, llevándolo a componer su primera canción, “Murió el maestro”.
La década de 1930 trajo consigo la consolidación del vals criollo en la conciencia popular, con Pedro Espinel desempeñando un papel importante. En 1938, hizo una aparición en la película musical “Gallo de mi galpón”. Sin embargo, no todo es felicidad, en 1939, durante el gobierno dictatorial de Óscar R. Benavides, se prohibió la transmisión de diez canciones criollas en las emisoras de Lima bajo amenaza de multas y suspensiones para los cantantes.
El legado musical de Pedro Espinel Torres

La contribución musical de Pedro Espinel Torres al género de la música criolla peruana es insuperable. Su repertorio de valses peruanos y polcas cautivaron a diversas generaciones enteras, transmitiendo una mezcla de emociones, historias y homenajes a través de su arte.
Una de las canciones más destacadas en su carrera fue “El proscripto”, una pieza inspirada en las frustraciones de un expresidiario. La música de Espinel tenía la capacidad de plasmar las profundidades del alma humana y transformarlas en melodías que resonaban en el corazón de su audiencia.
“Alejandro Villanueva” es otro ejemplo de su talento musical, un vals en homenaje al equipo victoriano, Alianza Lima. Espinel capturó la pasión y la devoción que el deporte despierta en la sociedad peruana a través de sus notas.
“Pobre ciego” es una conmovedora polca inspirada y dedicada al boxeador Alex Rely, una pieza que conecta la música con las figuras emblemáticas de su tiempo y sus emociones.
“Ave sin nido” y “Remembranzas” son composiciones que rinden homenaje a las personas más cercanas a su corazón, su madre y su esposa fallecida, respectivamente. A través de estas melodías, logró expresar el profundo amor y la gratitud que sentía por las mujeres que habían marcado su vida.
“Páginas rotas” es una pieza que parece presagiar su propia muerte, un recordatorio de la fragilidad de la vida y la inmortalidad de su arte.
Además de estas composiciones notables, el compositor peruano nos brindó una rica colección de valses y polcas que se mantienen vivos en la memoria de su audiencia. Entre ellas se encuentran “Rosa Elvira”, “Un gran amor”, “Me atormenta la inquietud”, “Ojazos negros”, “Sonrisas”, “La campesina”, “Alejandro Villanueva”, “El expósito”, “Bom bom coronado”, “El prisionero”, “Remembranzas”, “Murió el maestro” (dedicado a Felipe Pinglo Alva), “Ingratitud” y “Celos míos”.
De la música a la política
A pesar de los desafíos, Pedro Espinel Torres no solo se destacó en la música, sino que también incursionó en la política, siendo elegido concejal en el distrito del Rímac en 1963. Organizó bodas masivas para regularizar las situaciones familiares y, aunque luchó contra la diabetes y sufrió la amputación de sus piernas, continuó expresando su ingenio a través de la música, componiendo alrededor de 300 obras en el género de la polka.
Su legado perdura, y hoy, en el aniversario de su fallecimiento, lo recordamos. Sus restos descansan en el cementerio El Ángel. A lo largo de su vida, creó una serie de composiciones icónicas que aún resuenan en el corazón del Perú, manteniendo viva la riqueza de la música criolla.
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