El Nido tiene unos 6 m de diámetro y suma 45 m2 entre sus tres niveles.
El Nido tiene unos 6 m de diámetro y suma 45 m2 entre sus tres niveles.

En las afueras de la ciudad de Córdoba, en un campo ubicado entre Potrero de Garay y San Clemente, la imponente estructura se abraza a un pino. Tiene unos 6 m de diámetro y entre sus tres niveles suma 45 m2 que repiten cuatro materiales básicos: madera, metal, tela y cañas, que se fueron tejiendo para darles a los muros la apariencia real de un nido.

Ese que es el sueño en escala 1 en 1 del publicista Nicolás Cugiani (@monotributo.club) y su amigo Pablo Dellatorre (@pablodellatorre) y el primer prototipo de su Hotelnest: un proyecto turístico que están desarrollando en México.

El Nido está sostenido por una estructura de madera laminada que envuelve el tronco y esconde la escalera vertical de acceso. Pablo Dellatorre disfruta del bosque desde lo alto de la casa del árbol.
El Nido está sostenido por una estructura de madera laminada que envuelve el tronco y esconde la escalera vertical de acceso. Pablo Dellatorre disfruta del bosque desde lo alto de la casa del árbol.

La construcción llevó aproximadamente seis meses. "Pero el tiempo no fue un condicionante. Iba a durar lo que tuviera que durar porque el verdadero objetivo era habitar la copa de un árbol, con todo lo que ello significa", dice Pablo Dellatorre. La erigió a mano Nicolás Cugiani utilizando sus conocimientos, su ensayo y error y su expectativa. El día a día fue un elemento estructural del proyecto.

Dos sillones de cuero trenzado y madera (@labocheria) y una alfombra artesanal de lana de oveja (Josefina Roca y Olivia Gutiérrez Urquijo) proponen un espacio de relax en el segundo piso, a espaldas del dormitorio.
Dos sillones de cuero trenzado y madera (@labocheria) y una alfombra artesanal de lana de oveja (Josefina Roca y Olivia Gutiérrez Urquijo) proponen un espacio de relax en el segundo piso, a espaldas del dormitorio.

El Nido tiene tres niveles: en el primero está el baño; en un segundo la habitación con equipamiento de relax y espacios de guardado y en el tercer nivel una terraza que se descubre para tener una vista abierta al lago, el bosque y las estrellas del Valle de Calamuchita. Su columna vertebral es el tronco del árbol que lo contiene. En torno a él se armó la estructura de sostén. La cúpula se resolvió con la misma lona impermeable y desmontable que cubre todo el perímetro y permite cerrarlo por todos los laterales. Por dentro, además, tiene cortinas tipo roller.

La cama se ubica frente a una abertura que enmarca el bosque.
La cama se ubica frente a una abertura que enmarca el bosque.

El cerramiento exterior se resuelve con una piel natural de caña tejida que permite vivenciar la sensación de estar habitando un nido. Para incorporar confort, protección e intimidad, se creó otra piel en todo el perímetro a partir de cerramientos desmontables y enrollables independientes que le dan mayor dinamismo a la relación exterior-interior. El mismo concepto se utilizó como cubierta superior del tercer nivel. La cama se ubicó estratégicamente frente a una gran abertura que, a modo de ventana, vincula el nido con el bosque que lo contiene. Lleva una manta con dibujos negros de lana de oveja (Josefina Roca y Olivia Gutiérrez Urquijo).

El dormitorio se separa de la pequeña área social por una tarima baja que a su vez incorpora las mesas de luz.
El dormitorio se separa de la pequeña área social por una tarima baja que a su vez incorpora las mesas de luz.

La casa del árbol no se priva del confort siglo XXI: tiene instalaciones sanitarias y eléctricas que pasan completamente desapercibidas dentro de la maraña que resulta habitar este nido. En el pequeño baño, inodoro, bacha de apoyo y espacio de guardado, todo está resuelto en fibras y madera.

EL PROYECTO SEGÚN SU AUTOR. "No es una casa en el árbol. Es más bien una tesis de un cambio abrazada a un hermoso árbol que vive en un bosque cordobés -cuenta Nicolás Cugiani- Un nido que anidó durante un año a un terco lleno de ganas, miedos y algunas convicciones. Ese terco soy yo, el papá de Renata, la dueña del primer intento y de la razón del cambio. No soy más que uno entre millones que soñaron habitar un árbol y lo postergaron por razones repetidas que se vuelven rutina. De viajero a publicista, de publicista a storyteller y de storyteller a storyteller cómodo que, en vez de seguir, saltó. O, mejor dicho, trepé a mi idea y empecé a tejer durante un año lo potencial, un prototipo que intenta proponer más que una casa de árbol, un cambio en el punto de vista. Lo hice solo, pero ayudado por muchos incondicionales: mis amigos y vecinos, tanto animales como humanos; mi clan y mis amores; mi amigo Paul Dellatorre, quien confió de primera mano y me presentó el árbol del bosque donde hoy el nido es parte de una tribu que proyecta en la misma melodía, La bochería, que lo llenó de diseño y texturas, y otros más que entraron en mi abrazo. De ese nido salté otra vez y subí la apuesta: en la selva mexicana y a poco del Caribe Maya, cerca de un pueblito llamado Francisco Uh May, varios nidos pretenden ser más que un hotel en los árboles, quieren ser un cambio en el punto de vista de hacer turismo. Esta pretensión se llama Hotelnest. Y en eso estoy ahora".

Fotos: Estudio Valto (Leo Basoalto y Fernando Valiente) para Pablo Dellatorre. Agradecemos a: J. Roca, O. Gutiérrez Urquijo, Marcos Cugiani, Diego Dangelo y La bochería.

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